El dueño de Zanón, un italiano que comenzó a hacer negocios durante la última dictadura militar y los continuó durante todos los gobiernos democráticos, decidió dejar sin trabajo a más de la mitad de sus empleados con el argumento de siempre: la crisis del país. Según sus términos, o se reducía drásticamente el personal o la fábrica cerraba.

En octubre de 2001, los obreros de Zanón tomaron la decisión de continuar produciendo sin patrón. Los resultados económicos fueron exitosos (aumento de la facturación, creación de nuevos puestos de trabajo) y los alcances políticos de lo que parecía una aventura, más amplios de lo que pueda pensarse. Incalcaterra registra la organización de los obreros dentro de la fábrica y la evolución de la disputa legal fuera de ella.