Pintura

 

La obra de Miguel Ángel Guereña es inmensa; se desarrolla en el campo del dibujo y la pintura principalmente, abordando infinidad de temas que van de la abstracción a la figuración. El paisaje, los objetos o cualquiera de los infinitos rincones que plasma con su paleta, son pretextos para el desarrollo principal de su obra, la que tiene como eje definitivo al hombre y sus circunstancias.

 

Pretender comentar la obra de un artista exige, antes que nada, habituarse a su lenguaje e interpretar lo que éste nos provoca o nos sugiere. Escribo sobre la pintura de Miecislao Dola, porque me parece que su obra nos trasmite imágenes que rebotan como vivencias compartidas.

 

Conocido como un artista contemporáneo que plasma la belleza del paisaje de la Patagonia, destacándose por sus coloridos detalles, amplios cielos y una estética que por momentos propone una atmósfera metafísica, la obra de Pablo González Medrano atrae al espectador hacia el interior de la obra.

 

¿Qué quiere un curador? Es un hecho que el curador está aquí. Me pareció entonces que la pregunta que sigue es saber qué quiere; no parece saberlo mucho; a juzgar por la cantidad de simposios y seminarios que se abocan a desentrañar su tarea.

 

 Ya hace un tiempo que cambié el modo de concebir el arte. Antes lo esperaba en el territorio de la pintura, en sus tradiciones y sus rupturas y, aunque parezca una tontera, en su soporte: el cuadrado blanco, preferentemente de tela, de diferentes tamaños, que solía recibir sus producciones. El asunto estaba instituido: de un lado el cuadro, que recibía lo sentido por el artista y del otro el espectador tomado por esa mirada y sus sentimientos. Ese artefacto se tornó insuficiente y lo abandoné. Pero el dibujo siguió a la pintura en ese alejamiento del soporte como si se tratara de lo mismo. En la institución de la pintura, el dibujo era algo así como la cenicienta: decidía la estructura compositiva, el tema, organizaba el espacio y el desarrollo del asunto; todo eso para que brille el color, que venía a ser como la hermana bonita o el hermano estrella. Del dibujo no debía aparecer más que lo imprescindible, si por alguna razón cobraba más importancia, como en Carlos Alonso, ya flotaba el calificativo de “dibujos pintados”