Nací en Buenos Aires, soy arquitecta de profesión y autodidacta en la pintura. En 1993, la Patagonia me adoptó: me recibió en el lejano Puerto Santa Cruz y más tarde, en 1999 me llevó a Puerto Madryn.

Mi vida en la Patagonia y mi vida como pintora fueron haciéndose a la par. En la medida en que me integraba a estas tierras, mi pintura se hacía cada vez más intimista.

Los elementos naturales y humanos se fueron fundiendo y se conjugaron en mi obra en forma natural. Las enormes extensiones, los horizontes interminables y la inmensidad de las estepas dan paso a los faros, los galpones, las barracas y casitas de chapa y madera de los puestos de estancias, a los rincones de las cocinas a leña, a las puertas y ventanas: todos se convierten para mí en temas ideales para recrear situaciones cargadas de historias. Cuando una persona se detiene frente a uno de mis cuadros, aspiro a que las imágenes movilicen sus recuerdos y sus vivencias, me gusta que vaya descubriendo su propia historia.

En fin, trato de plasmar en mis pinturas lo visible y lo invisible que hace a estas tierras y nuestras cosas algo a veces más cercano a sensaciones que a realidades.