MARTA ISABEL SUCH vive en Alta Barda (Neuquén), pero nació en Zapala, donde creció en un entorno en el que se conjugaban el mundo del trabajo, las ideas políticas y las expresiones culturales, que ha dejado una marca indeleble en su obra. "Vengo de una familia de Zapala —dice Marta— donde a principios de siglo se bailaba y se asistía al teatro en el viejo hotel de Doña Paca. Me crié con un abuelo anarquista, un tío estalinista, mi abuela marxista y mi padre peronista. Mis oídos fueron acariciados por todos ellos y sus palabras me quedaron grabadas para siempre".

Con un manejo del espacio y del color que nos admira, sensibilidad y compromiso se entrelazan en su obra, plasmando el mundo del trabajo en los valles y las fábricas, el de las luchas sociales por la justicia y la dignidad, sin abandonar la representación de un entorno natural que la conmueve y nos conmueve.

El pasado y el presente de los valles norpatagónicos quedan así plasmados, en trazos de gran energía y dinámica.

"Pinto porque lo que más me gusta es pintar, y no puedo dejar de hacerlo porque para mí es como dejar un testimonio —nos cuenta Marta—. Los verdaderos cronistas de la historia fueron pintores, escultores y grabadores. La historia de la humanidad se pudo reconstruir gracias a aquel que tomó un pedazo de carbón y dibujó algo en la pared".

Sin dudas, su calidad artística la pone entre los más grandes representantes de la plástica de nuestra región.