Comencé a tomar fotografías en el ámbito familiar cuando era bastante pequeña. Repasando esas imágenes veo que en mi casa no se hacían fotos para los cumpleaños o encuentros especiales…  ¡no las hay!

Son de mis padres haciendo alguna cosa en el patio, o de mis hermanos y yo jugando a alguna cosa, otras de paseos: comer asado en las chacras o en la playa los domingos. Supongo que por ser la hermana mayor corrí con la ventaja de ser depositaria de la confianza en el cuidado de una cámara compacta, pero no por ello pequeña, que usaba película 35mm blanco y negro. Después vino el color y con él nuevas posibilidades para mí.

Me fascinaba viendo cómo el papel traía a veces mejores tonos y saturaciones que los que había visto al hacer la toma. Nunca dejé de hacer fotos, aún sin cámara. Creo que no hay nada con más permanencia en mi vida.

Cuando me fui a estudiar a Buenos Aires formalicé algunos conocimientos, y cursé Fotografía como materia mientras estudiaba turismo. Hice algunos talleres y a fuerza de ahorro me compré una cámara pocket con película de 16mm, que por suerte pude reemplazar pronto con una Olympus compacta de 35 mm. La réflex pudo ser muchos años después.

De vuelta en Trelew tomé clases con Eduardo Ge Táboas, y cuando la tecnología digital se impuso hice cursos con José María Farfaglia. Luego, cuando hubo oportunidad, tomé seminarios y workshop que se dictaron en la zona. Siento haber aprendido mucho en foros y viendo sistemáticamente los trabajos de fotógrafos, los clásicos de siempre y los de hoy. De eso siempre me sorprendo, aprendo y disfruto.

En cuanto a la difusión de mis fotografías, me dió mucho placer hacer las tapas de dos libros de Orlando Van Bredam (escritor argentino, ganador del premio EMECE 2007, profesor en la universidad de letras de Formosa entre otras cosas) “Colgado de los Tobillos” y “El retobado: vida, pasión y muerte del gauchito Gil”.

Mi relación con la fotografía es bastante cotidiana, el hecho de no vivir de ella tiene algunas virtudes (también desventajas). Casi todos los días tomo alguna foto, si no es con la cámara es con el celular y muchas las hago en mi cabeza. 

Mi asignatura pendiente es cerrar un proyecto fotográfico (¡si fuera  más de uno mejor!) que me represente. Si bien es poco probable no dejar huella de lo que somos en cada toma, no es tan sencillo  realizarse en un proyecto, o no lo es para mí al menos. El desarrollo, la búsqueda interior y por fin el fin, estar conforme, es lo que espero y proyecto con mis fotos. Mientras tanto, diletante y gozosa sigo haciendo lo que no puedo dejar de hacer, fotografiar.