Adiós a mi mañana y a los días

que regalaban desmedidas horas;

otros , lentos, vinieron a mi encuentro

alargando las sombras del camino.

El dadivoso paso de los años

no pareciera acorde con mis sueños,

pero hubo veces-lo sabemos todos-

en que ofrendas quedaron en mis manos.

 

Atardece. Yo miro hacia el poniente,

hacia el sol que se inclina ante mis ojos.

No sabré, sin embargo, de mayores

 

bendiciones que aquellas ya probadas.

Vendrá la paz de los intentos altos

y una canción que apague mis nostalgias.