I

yo andaba

tan derramada por la vida

dando lástima imagino

qué dirían de mí

tan regalada al mar

 

y me nacieron

 

dos hijas madrugadas

de innumerables ojos

brillantes impacientes

 

vinieron a juntarme

me ordenaron los días

en estantes de leche

trivisol

y vitina

 

sin consultar siquiera

me invadieron

 

 

II

nacieron

y los peces relampaguearon en la oscuridad

y hubo fauces por los cuatro costados

 

aprendimos el lacerante miedo

de no tener pan

y abrigo

para ustedes

 

 

III

qué resistencia de personitas

al acecho

de un resquicio una fisura

por donde filtrar su luz

su desbandada luz

su verdad insoportable

 

justo a nosotros

que nos hacemos los fuertes

justo a nosotros

y nos quedan grandes

 

 

IV

y cuando ya no puedo

cuando el viento me arroja paladas de ceniza

y ya casi me tiene

ahí apagada

 

abren a gritos la puerta más pesada

pasan a risas sobre el silencio más sordo

y me traen ¿para mí?

una flor amarilla de esas

que pegotean su perfume en el baldío

 

se van

tras el amigo nuevo que junta cascarudos

 

yo me quedo así

recordada

como una piedra

 

quién lo diría

voy a estar aquí

cada vez que vuelvan