Literatura Infantil

 

Cierta tarde, mientras caminábamos por la húmeda arena de la playa observando a las ballenas, le pregunté a mi abuelo por qué todos los años ellas volvían al Golfo Nuevo. Fue entonces cuando él me contó esta hermosa historia.

 

Desde hacía una semana, Celeste andaba rondando la esquina de Aráoz y Guatemala. Cada tarde llegaba desde vaya a saber adónde; se paraba en el cordón de la vereda de enfrente y miraba a través de la ventana a Sole, que escribía en su computadora.

 

En un jardín de infantes muy lejano, hace muchísimos siglos, había un nene que se la pasaba jugando y jugando a diversos juegos que allí se dictaban. Las maestras estaban re-contentas de verlo crecer y jugar. Este nene, de apellido González, no, no, no estoy muy seguro, quizá se llamaba Cardozo, o algo así.

Soy el fantasma del patio.

En el patio voy y vengo a mi antojo; me hamaco en la rama del membrillo, trepo al ciruelo, junto los sombreritos del roble, los convierto en muñecos y les enseño canciones para que canten en los entierros.

 

El único que sabe siempre lo que hay que decir es mi perro.

Cuando me levanto, él ya está rascando la puerta del patio para que lo deje entrar.

¡Guau! me dice, que a esa hora significa "Quiero entrar".