Literatura Infantil

 

Cualquiera puede tener una mascota rara: una lagartija patagónica, un pichón de avestruz, un canguro… Pero, lo que le pasó a Babel… sólo a ella puede pasarle.

Sucedió así:

En la chacra del abuelo, Babel tiene dos conejos, una tortuga, perros, gatos, corderos y hasta un loro. Pero en su casa, ninguno.

 

Pablito Nahuel vivía en medio del monte, muy lejos del pueblo, pero “muy cerca de Dios”, como decía él,  con gran orgullo.

A poca distancia de su rancho, había un enorme cerro. Pablito lo conocía de memoria. Subía por aquí, bajaba por allá. Hablaba con las estrellas, con la lluvia, con el viento…

 

—Mirá mamá, una hojita de tu libreta se voló con el viento.

—No, Cami, es una mariposa blanca.

—¿Y muerde la "marisopa"?

 

Mi nariz estaba pegadita al vidrio, mamá había dicho:

—Imposible salir, hace mucho frío.

Mis juguetes aburridos parecían tiritar en un rincón y mi bicicleta había envejecido ese invierno.

 

Ya sé lo que estás pensando, que ¿para qué sirve un árbol de zapatos? si los zapatos no se cocinan, no pueden comerse y —a menos que sean de tu tamaño— ni siquiera se pueden usar.