William Shepp y Austin Hoffman estaban frente a frente dispuestos a entreverarse en una apasionante partida de ajedrez mental.

Aunque no estaba muy difundido, era una consecuencia del desarrollo de la protoplasmosis, ciencia de la mente, a través de la cual se podía crear, formar, modelar o destruir formas protoplasmáticas, emanadas de la concentración. Shepp, justamente, fue quien aplicó por primera vez este novedoso adelanto científico, volviendo a popularizar el ancestral deporte.

—Tú mueves —le indicó a Hoffman, disponiéndose a encarar la defensiva. De inmediato apareció, como suspendida en el aire, una burbuja transparente con la forma de un peón. Del otro lado del tablero, surgió una torre la que avanzó resuelta sobre el soldado contrario, engulléndolo de un solo bocado. Acicateado Hoffman por la rápida respuesta, realizó un nuevo esfuerzo de concentración y envió al campo de batalla a tres puntiagudos alfiles, que cercaron y absorbieron lentamente la burbuja protoplasmática adversaria.

Ya la lucha tomaba un cariz de agresividad tan avanzado como resueltamente favorable a Hoffman, cuando Shepp, preso de un gran descontrol, pues no se resignaba a verse perdedor en su propio juego, imaginó y pensó mucho su mejor jugada...

Hoffman, no creía lo que estaba viendo... Poco a poco, Shepp se fue hinchando y aumentando de tamaño hasta transformarse en una enorme burbuja, con la horrible figura de un negro corcel de madera... Fue avanzando sobre el tablero con inusitada vehemencia, hasta detenerse de golpe, con un sarcástico relincho... su última jugada, antes de deglutirse al atónito Hoffman, quien nunca llegó a escuchar el sentencioso: ¡JAQUE MATE!