Literatura Infantil

 

Yo conozco a una vecina que ha comprado una gallina que parece una sardina enlatada.

Esta pequeña gallina, negándose a los más básicos principios de la naturaleza, se negaba a poner huevos.

¡Ajá! dijo un día la vecina. Así que no querés poner, ya verás, gallina maleducada.

 

Perder un zapato es cosa seria, porque no sirve que nos quede uno solo. O usamos los dos, o nada.

Los zapatos vienen de a pares: dos zapatos marrones, o negros, o rojos, pero siempre dos. Y además, iguales.

En cambio, cuando perdemos uno de ellos —no importa si es el derecho o el izquierdo—, resulta que el que nos queda no puede utilizarse para ninguna otra cosa que tirarlo.

 

Miguel la sacó del bolsillo de su guardapolvo y la introdujo por la angosta ranura del recipiente redondo con forma de reloj y con dibujos infantiles. La sintió caer, pero su marcha se detuvo en medio de un ensordecedor ruido metálico.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó la moneda.

 

La literatura infantil —a diferencia de la de adultos, que tiene una mutación más lenta— es un género que está siempre en constante cambio.

La magnitud de la información a la que acceden los niños en la actualidad, los obliga a adaptarse a un mundo cambiante para lo cual tienen que desarrollar estrategias de inserción adecuadas. Si bien la realidad cuasi virtual en la que los obligamos a vivir, fue creada por adultos, son los niños quienes con más velocidad se han adaptado a ella.

 

Un día, hace más de mil días, yo era Clarita y caminé a la escuela, salté las baldosas rotas, subí tres escalones lustrosos, saludé y en el aula, en mi banco, resoplando mi flequillo, me dispuse a resolver cuentas y más cuentas. ¡Qué aburrido el pizarrón viajado de números! Por eso en las hojas de mi cuaderno pinté banderas de alegría. A mi señorita no le gustaba y me fastidió con sus sermones sobre la prolijidad y lo serio del subrayado azul. ¡Qué raras son a veces las maestras! Bueno, a lo mejor, solamente la mía, ya que usaba el margen de mis hojas y con unas letras enormes y rojas como un grito escribía: "Estudie las tablas".