Fin de un mundo

Fin de un mundo

“Si los selk’nam son más conocidos como “onas” que por su propio nombre, se debe en gran parte a un malentendido histórico: la palabra “ona” proviene de un término de sus vecinos los yámana, y cuyo significado se refiere al Norte. Estos llamaban a la Isla Grande Ona-sin, “Norte-país”, y al Canal Beagle Ona-shaga, “Norte-canal”.Thomas Bridges, al haber trabajado casi toda su vida entre los yámana, naturalmente se refería a los selk’nam como “onas”, y desde entonces este término fue aceptado como su verdadero nombre. La confusión de estos términos podría ser tema de una tesis. Sólo agregaré aquí que Lola Kiepja (con quien comienza este libro), la última persona que vivió en la tradición selk’nam (mientras fue joven), creía que “ona” era una palabra inglesa, sin duda porque los ocasionales turistas –a menudo de habla inglesa– que llegaban para fotografiarla en la reserva donde ella vivía usaban esta palabra al hablarle o al hablar de ella.

Annette Laming-Emperaire, conocida arqueóloga, fue quien abrió la puerta que me conduciría a Lola Kiepja y, finalmente, a lo que sería una larga aventura fueguina. En París, a principios de 1964, Madame Emperaire me habló de su trabajo en Tierra del Fuego y mencionó a uno de los escasos indígenas fueguinos aún con vida, Lola Kiepja. Luego me dijo que le hacía falta una persona para completar el equipo que debía realizar en Tierra del Fuego una prospección arqueológica prevista para la próxima temporada.

Al poco tiempo Madame Emperaire me propuso que formara parte de su equipo; si bien yo no era arqueóloga, podría serle útil trabajando bajo las indicaciones de su asistente. Me entusiasmé con esta prospección, sobre todo con la posibilidad de conocer a Lola Kiepja…”

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