Los antiguos viajantes de comercio que han recorrido durante muchos años los caminos patagónicos, han sido receptores de cientos de anécdotas jugosas.

El siempre recordado Soria, contaba que en una oportunidad de sufrir un desperfecto mecánico insalvable en su automóvil, y en proximidades de Cholila, resolvió, ante la inminente llegada de la noche, dejar su auto al costado del camino y trasladarse caminando hasta la cercana casa de comercio de un cliente libanés, para pernoctar allí y, al día siguiente, buscar la manera de conseguir el repuesto en El Bolsón.

Asombrado el árabe de ver al Gordo Soria llegando de a pie, luego del saludo de rutina, se originó el siguiente diálogo:

—He roto el auto por ahí cerca y vengo a pedirle albergue.

—Albergue no la queda nada, che, boroto cualquer cantidad; basá a comer alguna cosa, despué a la noche, cama no la va a faltar...