(Una entrevista que tiene unos años, pero que vale la pena recuperar)

Cuando llegué a la casa de Roy Centeno Humphreys en Gaiman lo encontré en su escritorio frente a una notebook. Qué mejor síntesis para un hombre de noventa años que se reivindica como cronista más allá de haber pasado por todos los estadios del periodismo en todas las latitudes del mundo. Fue fundador y director del diario Noticias del Mundo de Nueva York, el primer matutino que puso en tapa el asesinato de John Lennon.

Cubrió la masacre de Munich de 1972 cuando comandos palestinos ametrallaron a un grupo de atletas israelíes durante los Juegos Olímpicos. También cubrió la pelea Alí-Bonavena y tradujo A sangre fría, la célebre novela de Truman Capote. En 1957 compiló el primer curso básico de psicoanálisis que se utilizó en la Universidad de Buenos Aires, producto de siete notas que hizo para el diario La Razón. Ha escrito cuentos y novelas y gran parte de su obra aún permanece inédita. Centeno es un gran escritor aunque su pasión por el periodismo lo desborde y casi no hable de literatura. Este cronista viajero, autor entre otros títulos de: El hombre que creía tango; La sobrina; El Evangelio y don Eduardo; Go to Patagonia, dijo Edwin y tres obras de teatro El campeón; Tengo que casar a mi mujer y Seis albóndigas y un pijama, nació en Esquel y rodó por el mundo acicateado por el noble afán de contar para que todos se enteren.

 

PIBE, VENÍ Y MIRÁ

 

¿Cómo comenzó su vocación por ejercer el periodismo?

Mire, lo del periodismo fue cómico porque llegó a Bahía Blanca un tipo famoso, Juan Carlos Zabala, para correr alrededor de la cancha del Club Olimpo y yo andaba por ahí; y de repente un periodista del diario La Nueva Provincia me dice: “pibe vení, mirá, yo tengo que hacer otra cosa, vos llamáme por teléfono y contáme qué pasó acá”; y yo miré como me había pedido, lo llamé y le conté... le conté todo lo sucedido.

 

¿Qué edad tenía usted?

Y... yo habré tenido 16 años y me dije: qué lindo es todo esto... y así me metí en el periodismo, le pasaba datos a uno, le pasaba datos a otros, fui de a poco metiéndome. Pasó el tiempo y finalmente me fui a Buenos Aires a la celebración de la victoria aliada y resulta que había un periodista de Chubut que trabajaba en el diario El Mundo y empecé a hacer traducciones para ese diario y de ahí me fui a la United Press International. Por ahí tengo todavía el distintivo...  —Centeno busca entre unos libros y lo exhibe orgulloso—. En la sede de Buenos Aires de la United era traductor y redactor, hacía reportajes... y en esa época también comencé a trabajar  en el diario La Razón y ahí empecé... y ahí empecé con este maravilloso oficio... no se cuántos años de ejercicio del periodismo tuve... hay una cosa curiosa... no sé si los periodistas de ahora lo hacen, pero los de antes teníamos dos laburos, uno con una agencia y uno con un diario y ahí uno combinaba los horarios...

 

Esa sigue siendo una práctica habitual...

... y eso se cuenta como dos años o como un año...

 

Se cuenta como un año por desgracia...

Eh... te das cuenta... bueno... comencé a salir del país...

 

YO LOS ENTREVISTABA PARA MI

 

¿Por cuáles lugares anduvo gracias al periodismo?

Uruguay, Chile, Brasil, Colombia, Estados Unidos, Francia, Alemania, Suecia, Bolivia, y la verdad que no me acuerdo... fueron tantos... Anduve mucho, lo que pasa es que siempre lo tomé como algo divertido, yo cuando entrevistaba a un tipo para el diario lo entrevistaba para mí... yo le preguntaba, por ejemplo “oiga, y usted de qué vive, qué hace con la guita”  porque yo quería saber todo sobre mi entrevistado. Un día le dije al gerente de la United Press International: “mire, me quiero ir a Estados Unidos” y a la semana me habían contratado en Nueva York, trabajé veintantos años allá. Fue lindo, la vida para mí fue... el periodismo para mí fue una cosa amable y emocionante, cubrí sucesos muy divertidos, otros muy tristes. Lo conocí a Illia, lo conocí a Frondizi; un día llega Eisenhower a la Argentina, era un salón inmenso, lleno de gente y muy bien ornamentado y estaban Frondizi y Eisenhower, y yo andaba perdido por el edificio y de repente veo una puerta, la abro, entro ¡¡¡y era el escenario!!! Yo he sido un tipo feliz en el periodismo, me tocó todo lo lindo y todo lo feo.

 

¿Qué acontecimientos fuertes recuerda que le tocó cubrir?

Yo estuve en el hecho de Munich y los atletas israelíes del año 72, durante las olimpíadas; me refiero a cuando los palestinos asesinaron a los atletas durante esas olimpíadas; me acuerdo que en cierto momento iba para una oficina dónde me quería meter y me encuentro con un árabe que me apunta con un fusil y le dije en inglés algo así como: déjese de jorobar hombre que yo no tengo nada que ver con todo esto, y el tipo se quedó tan sorprendido de que este sujeto bajo el caño de su fusil le dijera semejante cosa... y seguí; claro que me salvé por un pelito. En otra ocasión volé en un avión incendiado, rumbo a Miami, de repente miro por la ventanilla y veo fuego en el motor número cuatro; bueno, no pasó más que eso, pero fue una experiencia notable.

 

¿Cuándo comienza a involucrarse con la literatura?

Siempre a la par del periodismo, porque nunca faltaba uno que me decía: “che, vos que estuviste en tal cosa, por qué no me escribís algo lindo, pero no me hagás una nota, quiero clima de revista, ambientala y contá, adornala un poco” y así fue que comencé. Un día, no me acuerdo por qué, hubo una bronca... y dije... que se vayan todos al demonio... y dije... me voy a Estados Unidos; fui a la embajada y hablé con un funcionario y me fui a mi casa, y a la semana ya tenía la orden para viajar; llegué a Estados Unidos un mes de junio, hacía un frío bárbaro, y me dediqué al periodismo pero también a la literatura.

 

Ejerciendo el periodismo y la literatura se aprende de ambas disciplinas y se las desarrolla sin inconvenientes ¿no? ¿Usted qué opina al respecto?

Claro, es así, por supuesto; uno se encuentra con cosas como por ejemplo cuando piensa, pero esto no es una noticia, aquí hay material para algo más, para un cuento, una novela, y de ese modo comencé a escribir cuentos, sobre todo narrativa corta; en Nueva York me pasó lo mismo, estaba trabajando para una revista de la colectividad argentina y escribí varias novelas de personajes que uno a veces ve y no le queda más remedio que hacerlos, que escribirlos. En la estación de subterráneos de la Biblioteca de Nueva York había una mujer que vivía ahí, y le quise hacer una entrevista y me sacó rajando; me dijo que la vida de ella era la vida de ella y que no la iba a regalar. Bien firme me respondió. Qué le voy a decir... el periodismo me dio cosas buenas, siempre distintas, no existe la monotonía en esta profesión; y por cierto que la literatura fue otra parte importante de mi vida, en ella pude contar lo que en el periodismo me quedaba más limitado.

 

DERECHO A SABER

 

¿Cómo fue lo de la primicia del asesinato de John Lennon?

Ah, sí, nosotros fuimos los primeros; fue cuando dirigía en Nueva York el diario Noticias del Mundo. La cosa fue así: ya se estaba cerrando la edición de ese día y yo me estaba yendo para casa, en esa época vivía en City Island y en la ruta escucho en la radio que lo habían asesinado a tiros a Lennon, entonces paré en la primera estación de servicios que encontré, salté del auto y corriendo busqué un teléfono, llamé al diario y di la orden de que levanten la tapa prevista e inmediatamente pongan “Asesinaron a John Lennon” en cuerpo grande y a ocho columnas; y de ese modo fuimos el único diario en todo Estados Unidos que sacó esa noticia en tapa.

 

Cuénteme del curso de psicoanálisis que terminó en libro.

Cuando trabajaba para el diario La Razón, Félix Laiño me mandó a cubrir una serie de siete conferencias sobre Psicoanálisis que daba el Dr. Alberto Talaferro... creo que era el año 54, una semana completa, mucho trabajo; al principio no me dejaban entrar porque me dijeron que el doctor no quería periodistas; por supuesto que me quedé y tomé notas, nunca usé grabador, anotaba todo y al final de la primera conferencia hablé con Talaferro, le gustó mi trabajo y al otro día ya me habían instalado una silla con una mesa para que pudiera trabajar cómodo, y así cubrí las siete conferencias que luego terminaron en un libro ya que Talaferro me dijo que necesitaba hacer un libro con todo ese material y me invitó a trabajar con él; y de ese modo nació, luego de tres años de trabajo, el primer curso básico de psicoanálisis que se utilizó en la Universidad de Buenos Aires; ese fue mi primer libro... estuve tres años yendo a manicomios, tomando mezcalina, viendo enfermos mentales de todo tipo, iba con el médico de aquí para allá, me había convertido en su conejito de indias; fue un trabajo muy largo y agotador, pero muy lindo. 

 

¿Usted tradujo A sangre fría de Capote?

Sí, ese es un trabajo que me encargó la United Press, la agencia dónde trabajaba, me parece que fue en el año 66 ó 67 porque el libro de Capote se editó durante el 66. Me pidieron una traducción al castellano para hacer una edición condensaba de esa novela. Me dijeron: quédese en su casa y vuelva cuando tenga la traducción lista. Me fui un mes a mi casa, trabajé como un loco a tiempo completo y entregué el trabajo.

 

¿Qué es el periodismo para usted? 

Qué es el periodismo... mmm... el público tiene derecho a saber y si yo puedo se lo voy a decir, eso es el periodismo para mí. Hay que ser testigo del hecho, estar en ese momento y contárselo a la gente. A mí me gusta la crónica, soy un cronista; ninguna otra cosa, cronista, escribir, estar ahí, hacer el relato y que se entere la gente.

 

¿Qué es la literatura para usted, su otra actividad que lo ha acompañado a lo largo de su vida?

Y… la literatura, un poco derivado... no directamente, pero sí de parte de la actividad de mi mujer que era actriz de teatro, yo veía que aparecía una obra de teatro de un fulano de tal que era de una novelita de un fulano de tal, y yo decía, pero por qué no lo hago yo, por qué no escribo una novela, y empecé... ni me acuerdo cómo fue, pero fue así y fue muy revelador. Imagínese, por ahí me dicen que soy medio decano de tal o cual cosa, y qué quiere, con noventa años uno es cualquier cosa —Centeno corona sus palabras con una risa franca y fuerte que parece que le saltara a su alrededor—. Qué le voy a decir, cuando fui a los Juegos de Winnipeg en Canadá me encontré con tías abuelas segunda mano mías allá...

 

... una corriente migratoria galesa allá en Canadá.

Sí, sí, uno se encuentra con cada cosa dando vueltas por el mundo que no lo puede creer. Hay sujetos que uno recuerda con mucho cariño, como por ejemplo Illia, un ser humano con un calor especial que se traducía en una tranquilidad especial. Le hice una nota en Nueva York sobre cómo veía la ciudad y me olvidé de preguntarle el motivo de su viaje...

 

... no le preguntó el motivo del viaje...

Claro, claro (Roy se ríe nuevamente y esta vez lo hace con todas las ganas) son tantas cosas, mi vida ha sido tan intensa. Cuando fui al campeonato mundial de fútbol, a Alemania en el 74, lo hice por una curiosidad personal, además de trabajo; yo quería ver cómo estaba la calle donde me refugié, en el departamento de los boxeadores portorriqueños, cuando los palestinos mataron a los atletas judíos; estaba cruzando la calle de donde sucedió todo... Yo no elegí la profesión, fue la profesión la que me eligió a mí.

 

CUENTOS EN NUEVA YORK

 

El periodista enriquece su vocabulario cuando ejerce la literatura y el escritor aprende las bases de la síntesis cuando ejerce el periodismo; ¿qué piensa al respecto?

Yo me quedo con la última, con lo de la síntesis, porque uno puede ser periodista y no leer un libro ni de casualidad, pero tiene que saber quién es fulano de tal, por qué lo metieron preso y cuántos balazos tiene el cuerpo de la víctima. Uno está en la realidad y el otro en la creación, pero sí que se complementan, claro que se complementan, se pueden hacer los dos oficios sin problemas, ¿qué problemas va a haber? Todo es cuestión de trabajar y trabajar, ese es el único secreto; a escribir se aprende escribiendo, no hay otra. Bueno, yo tengo muchas novelas escritas; ahora estoy compilando unos cuentos escritos en Nueva York para tratar de editarlos.

 

¿Y cómo va con ese trabajo?

Y... hay que trabajar... y no dar reportajes para que el tiempo alcance —nuevamente una risa fuerte de este notable hombre que se le escapa y salta por todos lados.

 

¿Tiene conocimiento de la buena literatura que hay en Chubut?

Mire, sí... bueno... pero a los noventa años uno es un colador, hay cosas que pasan de largo... yo ahora estoy mirando las estrellas con mi telescopio... no sé si no he tenido tiempo, que no me creo ni a mí mismo con eso de que no he tenido tiempo, mi interés principal ahora es no hacer nada porque ya hice bastante.