Tiene más de ochenta años, nació en Casalata, distrito Eben Ezer, en 28 de Julio, el 21 de abril de 1930 y fue anotado en el Registro Civil de Dolavon. Realizó gran cantidad de oficios para vivir como siempre sucede cuando alguien ejerce seriamente la literatura en nuestro país; tiene dos hijos y una mujer que lo acompaña desde siempre. Se reivindica como amante de las letras y el terruño. Es poeta, traductor, prologuista, narrador, investigador; ha colaborado con distintos diarios y revistas, tanto patagónicos como del extranjero.

Ha sido premiado en diversos certámenes y su poesía ha sido musicalizada. Es autor de diez libros y sigue escribiendo. Su voz tiene un tono lejano, como de acumulación, y subraya lo que quiere destacar con una cadencia única. Es humilde como aquellas personas que verdaderamente brillan aunque se oculten y siempre están dispuestas a compartir su conocimiento sabiendo que las generaciones futuras harán el buen uso necesario. Por ese motivo es un maestro invisible porque no desconoce que lo importante son las lecciones aprendidas y las tareas completadas. Owen Jones compartió con nosotros el siguiente diálogo.

 

¿Cómo comienza tu amor por las letras, por la literatura?

A mí toda la vida me gustó la literatura; era posiblemente mi fuerte, pero sucede que vengo de una familia muy humilde, yo no tengo estudios superiores, de modo que en un momento de mi vida hice un curso de perito mercantil por correspondencia y eso es lo que me permitió vivir ya que toda mi vida he trabajado con dinero, haciendo contabilidad y así me he ganado la vida; cuando mis dos hijos volaron de casa empecé primero en la SADE, luego hice cursos en la universidad, cursos con Cecilia Glannzman, talleres literarios...

 

Por el tamaño de tu biblioteca, veo que sos un gran lector.

Siempre he leído muchísimo, lo he hecho durante toda mi vida; cuando salí del servicio militar entré a trabajar en el Dique, en el sector de Costos, ya había estado trabajando un año en el Correo reemplazando a un amigo que se iba también al servicio militar, luego gerencié algunas empresas pero siempre me acompañó el hábito de la lectura; y por cierto en cuanto pude comencé más seriamente con la literatura.

 

Comenzó a aparecer ese otro Owen que te habitaba...

Sí, indudablemente que sí, eso es lo que sucede; también me apasionaban los diccionarios etimológicos, tengo muchos y me son de gran utilidad; acá están (señala un sector de su vasta biblioteca) son muy interesantes y me ayudan mucho con el trabajo literario. Los necesito porque no puedo confiar mucho en la memoria, y ya a esta altura, menos todavía.

 

¿En que medida tu pasión por leer te ayudó en tu trabajo literario?

En realidad me ayudó mucho porque es sintomático, cuando empiezo a escribir algo, sin saber que puedo decir... tomo por ejemplo un tema o algo que tengo que escribir ahora sobre ese cuadro y pienso, pero qué puedo decir sobre ese cuadro, y comienzo a trabajar, despacito... y luego pienso... en tal libro fulano dice tal cosa, y yo he leído esto otro, y si no estoy seguro voy al libro a buscarlo... Morris West me encanta una barbaridad, Morris West me ayuda mucho porque es de esas personas que escriben prosa pero se trata de una prosa muy lírica y a mí, todo lo que es lirismo me fascina.

 

Es notable como hallaste en el trabajo de un novelista la veta lírica que ya latía en tu interior.

Sí, sí, es posible; cuando ya me comencé a meter bien adentro vi que mi fuerte era la poesía, me gustan los poetas de vanguardia, los poemas de Neruda y sus trabajos, también viví la época de la muerte de Lorca; en el año 36 yo vivía en la zona de chacras y únicamente el maestro tenía una radio, y entonces nos juntábamos, yo era muy chico todavía pero nos juntábamos con los hijos de él a escuchar los noticiosos que había sobre la guerra, ahí nos enteramos de la muerte de Lorca. Ya de grande comencé a estudiar la vida de Lorca y de Machado, sobre todo Machado, me fascinaba su trabajo; últimamente me he interiorizado más con la poesía de Lorca porque lo he interpretado mejor ya que es un poeta de los que no podés a una primera lectura interpretarlo de la misma manera, tenés que detenerte en su poesía. En cambio Machado, su poesía es más vasta, más clara; me sucede lo mismo con Neruda, me fascinó porque habla de cosas, paisajes, lugares más cercanos a mí. Tuve la suerte de conocer a un chico que era pastor de la Iglesia Metodista, la iglesia nuestra; se había recibido de maestro en Chile, y le había tocado acompañar muchas veces a Neruda en sus viajes por el mundo, y siempre tenía nuevas anécdotas de Neruda, yo me lamento no haberlo aprovechado más y haber escuchado más porque él vivió la vida íntima del poeta.

 

Tanto Latinoamérica como España tienen grandes exponentes en la poesía; bueno, al igual que nuestro país y nuestra provincia.  

Sí, eso es cierto, pero yo admiro a los poetas actuales, no me quedo solamente con esos grandes; cada vez que aparece un poeta nuevo me gusta estudiar su poesía, y sobre todo los locales; te digo que acá nosotros en Chubut tenemos muy buenos poetas, excelentes poetas...

 

Chubut es una tierra pródiga en poesía y también en prosa... 

Sí, sí, claro, hay prosa muy buena también, tenemos cuentistas muy buenos; Chubut es una provincia con una veta de arte enorme, inmensa, porque también la pintura es excelente.

 

¿Cómo comenzaste con ese oficio tan noble y complejo de la traducción?

La traducción vino por sí sola, no podría determinar el momento pero llegó como algo natural y necesario, algo así como la fruta que al madurar cae por su propio peso.

 

Regresando a tus inicios, no es azar que vos pertenecés a una comunidad como la galesa, con una impronta muy fuerte por la cultura.

Sí, mirá, había muchas cosas escritas en lengua galesa que en la provincia no se conocían y entonces era algo que había en mí como un deber en rescatar aquellas cosas y el modo de que sean conocidas era haciendo traducciones. Por ejemplo Pampa de Agnia es un término de origen galés que lo distorsionaron...

 

¿Pampa de Agnia es galés?

Sí, sí, para mí sí, por todo lo que he estudiado es así, y quiere decir Pampa de las ánimas; Casamiquela dice que no puede ser de origen aborigen, y para mí y mis padres, por ejemplo, que mi padre mismo, de joven era uno de los carreros que llevaban la mercadería que llegaban de los barcos a Puerto Madryn para la cordillera, pasaban por allí y ellos le decían pais agnia, es decir Pampa de las Ánimas porque allí estaba la gran lucha de los tehuelches con los mapuches, y ellos al pasar veían osamenta humana... si bien fue en Ñorquinco la gran lucha, pero esta fue la antesala de esas grandes luchas; bueno, yo no pude con mi genio y me tuve que meter en ese asunto. En otra oportunidad, Jorge Fiori me dijo que por qué no escribía algo sobre las capillas galesas, entonces vine, busqué, me puse a pensar y le dije a Fiori que no, sobre las capillas galesas no, porque hay un modo que se está perdiendo. Justo en esos días yo había estado en Dolavon, cerca del pequeño distrito de Maesteg, entonces venía un chico en bicicleta, se le rompe y paro a ayudarlo y le pregunto: ¿vos venís a cazar acá? Sí, me responde, vengo de Maesteg, ¡y yo nunca había escuchado eso! Estos pequeños distritos que justamente los galeses se dieron para poder moverse dentro de la colonia, bueno, todo eso se está perdiendo.

 

Claro, y alguien va a tener que escribir sobre todo eso...

Claro. Entonces le digo a Fiori que voy a buscar información y voy a hacer traducciones que tengan alguna relación con todo este mundo de los pequeños distritos que ellos nombraron; entonces busqué cartas y discursos e hice las traducciones; porque también hay hechos que se deforman muchísimo a medida que la gente lo va contando; entonces, vos cuando leés una carta de antes, escrita a Gales de un hijo a su familia que estaba allá, tenés la historia pura...

 

De primera mano, claro...

Sí, sí, de primera mano; hay muchas de estas cosas que se podrían hacer, que se deben hacer; y Fiori me dijo, escribilo y lo vamos a publicar. Y de ese modo apareció “El libro de las traducciones” que se editó en 2009.

 

Sos capaz de estar meses buscando la palabra justa; esa es una condición excluyente del escritor.

Sabés que pasa, a mí me falta ese respaldo universitario que hubiera sido estudiar todas estas cosas de un modo más sistemático...

 

Esta magnífica biblioteca es tu universidad Owen y tu pasión y disciplina a la hora de trabajar los textos...

Sí, es cierto, si yo quiero buscar un término, o una palabra que está en latín, voy a este diccionario porque yo sé que acá lo voy a encontrar, y que aquí está el significado real de la palabra; esa es otra cosa más sobre la importancia de los libros que se tienen y de conocerlos profundamente. Por ejemplo hay palabras sobre las cuales no estoy seguro de su significado, entonces automáticamente la anoto y vengo a un diccionario y lo busco, ahí afuera tengo otros diccionarios más, son cuatro tomos que utilizo mucho y que ya están los pobres deshechos de tanto uso. Busco los sinónimos o la etimología de la palabra, son tantas cosas hasta incorporarlas; parece que no pero cuando estoy escribiendo aparecen las palabras, las encuentro pero no estoy seguro si las estoy usando bien.

 

Pero esa es una duda que nos asalta a todos los que trabajamos con las palabras...

... ¿sí? es bueno saber que no me pasa solamente a mí; cada vez soy más exigente y tengo una disciplina para el trabajo que me viene de la actividad que he desarrollado toda mi vida, por ejemplo durante muchos años llevé la contabilidad de la Iglesia Metodista siendo su tesorero ad honorem, desde Bahía Blanca hasta el sur, incluyendo la cordillera, una zona inmensa y para eso tenés que ser muy disciplinado; ahora hago ese trabajo pero solamente para la zona de Puerto Madryn y el Valle, y esa responsabilidad me obliga a tener un control muy estricto de lo que hago, porque no puedo aceptar dentro de mí la posibilidad de un error, por eso soy muy puntilloso, muy perfeccionista. 

 

Owen ¿qué es el arte para vos?

Y... el arte es todo, yo pienso que lo es todo. A mí me gusta la fotografía, la literatura, sobre todo la poesía. Me hacés acordar a Carlitos Ferrari, él modela con arcilla su trabajo, pero esa obra no le trae un rostro, sino un sentimiento muy íntimo, lo que expresa ese rostro, un dolor o una alegría; fuera de todo lo material el arte es algo que te inflama el corazón; y en el ámbito de la literatura admiro a todos los escritores pero en primer lugar admiro al escritor patagónico y al escritor chubutense, porque todo lo que se está haciendo hoy en día, lo que ya se ha hecho, un Zampini, una Cecilia Glannzman, tenemos un Alberto Astuti, lo tenía acá en frente, era mi vecino, peleábamos siempre porque no siempre estábamos de acuerdo, yo le decía: Alberto, tenés que escribir todos esos conocimientos que tenés, conocía el Chubut al dedillo, conocía sus personajes... y nos dejó sin haber escrito todo eso que sabía.

 

¿Qué es esta hermosa y abundante biblioteca que tenés, además de un gran respaldo a la hora de tu trabajo?  

Son como si fueran personas de consulta, está llena de ellos. Posiblemente yo no recuerde nada de lo que vos has escrito, por ejemplo, pero cuando estoy escribiendo, me digo, a ver que dice Pravaz de esto porque esto me da a Pravaz, entonces voy a buscar algo tuyo, porque a mí ya me está molestando y necesito hacer una consulta, porque ya en mi oído lo tengo a cada rato, (se da vuelta y señala) en esta parte de la biblioteca están todos de los escritores amigos...

 

... todos escritores chubutenses...

Sí, sí, todos son libros de ahora y de antes, están en lugar especial pero cumplen con el rol que tienen que tener, que es el de consulta.

 

¿Si te fuera dada la posibilidad, elegirías nuevamente el camino de la literatura?

No hay duda que si tuviese esa opción este sería nuevamente el camino que elegiría.

 

¿Si te pidieran que escribieras tus memorias, o tuvieras que hacerlo, por cuál época comenzaría a escribirlas?

La historia de mi familia es sin duda rica, si volvemos la mirada desde la vieja Gales y luego los primeros años de la Colonia... pero es algo que nunca pude encarar y sé que nunca podré hacerlo. Lo siento como si fuera algo vedado, algo intocable… ¡no sé!