Joven artista de gran talento y potencialidad, Lucas Cufré se viene ganando, a fuerza de trabajo y esfuerzo, un lugar importante en la producción gráfica chubutense. Con él conversamos acerca de sus comienzos, su visión del campo en el que se desenvuelve y sus proyectos a futuro. También, como solemos hacer en nuestro espacio, acompañamos la nota con uno de sus trabajos gráficos.

Como artista plástico, has recorrido un interesante camino, porque comenzaste a muy corta edad. ¿Cuándo decidiste incorporar las técnicas que puede proveerte el estudio formal?

Yo había comenzado a estudiar de manera informal, en Gaiman, en el taller de Juan Carlos Segura y siempre me gustó todo lo relacionado con la plástica. Mi objetivo, cuando terminé la secundaria, era seguir la carrera de técnico textil; estuve en Buenos Aires un tiempo donde trabajé y asistía a clases particulares de dibujo e ilustración. Pero se me hizo económicamente difícil sostener allá mis estudios. De todas formas, aproveché muy bien mi estadía recorriendo museos, muestras, eventos de arte que no había tenido oportunidad de observar aquí. Esa diversidad de estilos y técnicas me abrió un panorama tan amplio que me impulsó a investigar cómo expresar a través del arte sensaciones, sentimientos, ideas. Ahí es donde me di cuenta del poder que tiene el artista sobre el observador —que en ese momento era yo— y tomé conciencia de lo que siempre me habían dicho: que tenía un don y que debía cultivarlo. 

¿Obtener un título que avalara lo que ya sabías hacer, fue determinante en tu elección o considerabas que además podía aportarte conocimientos importantes y una maduración como artista?

El estudio es una herramienta fundamental en la maduración del artista; a mí me ayudó a comprender ciertos aspectos y procesos, los cuales uno realiza y no es consciente de los mismos; esto hace que uno agudice su visión de las cosas y expanda sus conocimientos hacia nuevos horizontes. El estudio es como un árbol, que cuando más ramas va teniendo más sabia alberga. Es decir, uno puede tener un buen conocimiento de una técnica en particular y de pronto se encuentra con múltiples herramientas, lo cual hace que una obra adquiera otra riqueza, ya que se tienen más posibilidades de resolver una idea.

Con el tiempo, y ya sobre el final de mis estudios, descubrí cuánto maduré como artista y como persona. En retrospectiva, observo mi producción inicial y el cambio es superlativo.

¿Cuáles son las materias que más te influyeron?

Todas. De cada materia, me apropié de aspectos que yo desconocía y que ahora me sirven para aplicarlos en mi profesión. Por ejemplo, lo pedagógico, que me permite enseñar y transmitir de la manera más adecuada mis conocimientos.

Es evidente tu inclinación por la historieta —manga, animé, marvel, dc, novelas gráficas, etc.—. ¿Cuál fue tu autor preferido o, por llamarlo de alguna manera, tu modelo o modelos iniciales?

Yo tuve varios modelos a la hora de definir la estética del dibujo que quería plasmar. Porque al principio, en la etapa de aprendizaje, se desarrolla esa percepción para captar detalles, ese poder de observación que se aplica al analizar una obra. Luego uno experimenta y hasta copia estilos, explora vanguardias y diferentes movimientos artísticos, observa la pincelada, la forma, el uso de los colores, el manejo de la oscuridad y de la luz de los grandes maestros, pero al final uno va encontrando su propio camino y manejando los recursos que congenian con la propia estética. Ya en esa etapa, se tiene incorporado un entrenamiento, que uno ejercita en todo momento, y que permite descubrir nuevas formas de resolver un dibujo. Y de ahí mi predilección por el manga y el animé, cuya técnica se basa en la síntesis extrema y en la expresividad del rostro y del movimiento para decir mucho en poco espacio. Contar en una sola imagen, todo lo que siente ese personaje. Y también me atrajo la amplitud de historias que se pueden abordar: relatos históricos, de guerra, de amor, ciencia ficción, novelas juveniles. Si bien tiene una estética muy marcada, permite trabajar fuertemente con la literatura. Se puede incursionar en los Evangelios, la Biblia es riquísima en historias que pueden ser contadas por la historieta. Lo mismo con los mitos griegos. La mitología es una fuente inagotable de historias y a veces son de tal complejidad que el historietista debe hacer un trabajo muy fino de síntesis sin que se pierda la esencia de la narración, porque los personajes no son como esos superhéroes yankys que siempre ganan; a los mitológicos les pasan cosas humanas, reciben castigos, enferman, tienen hijos, cometen errores y hasta mueren. 

Muchos historietistas recurren a un guión escrito por otros. En tu caso, hemos visto que se producen ambas cosas: adaptás al dibujo un texto ajeno, pero también creás tus propias historias. ¿Cómo se da esa unión con lo literario?

Es el resultado de innumerables lecturas previas. Yo comienzo a bocetar un guión que lo voy puliendo y agregando y quitando cosas hasta encontrar el mensaje que quiero plasmar. Muchas veces esas ideas requieren un proceso de investigación bastante largo, ya que uno es responsable de transmitir lo que quiere contar, de la mejor manera. A partir de ahí, le doy paso al dibujo. Este proceso lo utilizo para todos mis trabajos artísticos.

Tus lecturas previas deben haber ejercido una gran influencia en tu obra. ¿Cuándo te iniciaste como lector y que autores influyeron en tu obra?

Desde chico, siempre leí mucho. Estuve muy incentivado desde mi casa y desde la escuela con respecto a la lectura, de lo cual estoy muy agradecido por haberme generado ese hábito, ya que el hecho de leer historias me permitió tener elementos para despertar mi imaginación y poder elaborar yo nuevas historias. La imaginación es un punto crucial en el trabajo artístico. Es el motor que permite trasformar la realidad en la visión que el artista tiene de ella. Esas cosas se captan con mayor claridad en la infancia, cuando uno todavía no ha incorporado las estructuras sociales y es más libre para pensar; tengo muchos recuerdos de libros que me marcaron profundamente, por ejemplo: Entre Escalones y Zapatos, escrito por autores chubutenses, que con sus textos y en especial sus poemas, dispararon de inmediato mi imaginación. Es ahí donde uno advierte que posee una percepción diferente. A veces, una simple palabra puede convertirse en el disparador para la creación.

En cuanto los autores que más disfruto son los chinos Xao Pan, Zhang Xiadyu, los japoneses Koushun Takami, Masayuki Taguchi, Yoshihiro Togarachi, Masami Kurumada, Tekeshi Obata, así como el gran Takehiko Inoue. De los autores nacionales he admirado en mi infancia las producciones de García Ferré y de más adulto he disfrutado los trazos de Lino Palacio, Divito, Rep, Caloi, así como también los dibujos de Ariel Olivetti. Creo que la magia de la historieta o manga, es que tienen el poder de no sólo de contarnos una historia sino de hacernos sentir participes de ella, abstraernos de la realidad, llevándonos a un mundo nuevo, donde esperamos a ver que sucede en el siguiente tomo, alimentando muestra imaginación y generando por sobre todas las cosas la necesidad de de leer. 

Hemos comprobado también, que estás trabajando fuertemente en ilustración de literatura infantil y juvenil. Contanos sobre esta técnica nada fácil, que es la de acompañar a la literatura de otros autores, con tus ilustraciones.

La literatura infantil es muy rica no solamente en descripciones sino que también muestra diferentes aspectos de la realidad de una manera libre que permite jugar con las palabras y trasportar al lector a un nuevo mundo imaginario en el que todo es posible. Hace varios años que ilustro libros, especialmente de cuentos y poesías para chicos. Con el tiempo me di cuenta de que los niños no tienen una interpretación pasiva de las cosas, sino que se las apropian, las recrean y despliegan su fantasía, ellos no categorizan, sólo disfrutan lo que están leyendo. Yo, de alguna manera interpreto esa mirada y como ellos juego, exploro, invento... 

¿Se puede vivir del arte?

Bueno, ese es el ideal de cualquier artista, porque es muy frustrante tener que trabajar de otra cosa para vivir y no poder dedicarse tiempo completo a la profesión. Felizmente yo lo estoy logrando. Este año fue muy estimulante porque comenzaron a abrirse muchos espacios para poder desarrollar todo mi potencial. Desde lo laboral y también desde lo pedagógico. Por ejemplo, cuando la Dirección de Cultura de Gaiman me ofreció dar talleres de historieta e ilustración para chicos y adolescentes, ingresé a un mundo fascinante, lleno de posibilidades, porque es muy enriquecedor transmitir lo que uno sabe. Hay que empezar a desarmar todo lo que uno sabe, inventar recursos, buscar maneras creativas para transmitir las técnicas de la mejor manera. Y es muy significativo descubrir las miradas de asombro y la felicidad de los chicos cuando logran crear sus propios personajes, darles vida, inventarles diálogos. El arte es un vehículo ideal para expresar muchísimas cosas, que a veces no pueden verbalizar. Y es muy bueno ver cómo inventan historias, cómo sus dibujos se complejizan a medida que avanzan en las técnicas, cómo van adquiriendo seguridad y levantando su autoestima ante la resolución exitosa de sus ideas. Y por mi parte, me di cuenta de que me fui convirtiendo en el profesor que siempre quise tener, porque pongo toda mi atención en incentivarlos, en llevarles material nuevo, lecturas motivadoras que puedan enseñarles a tener diferentes miradas sobre las cosas y en sostenerles esa curiosidad por los descubrimientos y esa imaginación innata que tienen los chicos, que les permite ver la magia del mundo que los rodea.

También comencé a dar clases en la Escuela Agrotécnica de Bryn Gwyn, con las mismas técnicas de historieta, pero más complejas, porque son alumnos más grandes, adolescentes, y en este caso las historias que abordan tienen que ver con cosas más concretas de sus vidas, de sus aspectos personales, porque a esa edad se tiene una gran necesidad de contar cómo es su visión de la vida y cómo se va desprendiendo del adulto, y la historieta, que combina la expresión plástica con el relato, permite que ellos comiencen a dar forma y a expresar aquello que desean para su futuro, en esa puja por diferenciarse de los adultos que los rodean, pero al mismo tiempo tomando algunos modelos. Trabajar con tan diferentes edades, me permitió ver claramente cómo van diferenciándose todas esas etapas de transformación por las que pasa el niño pequeño hasta que sale de la adolescencia y qué herramientas tengo que poner a su alcance para que la exploración artística se transforme en una experiencia feliz y creativa. 

¿Proyectos?

Tengo en desarrollo algunos guiones de novela para llevarla a historieta. Como es un proyecto de largo aliento, tanto desde el dibujo como de lo literario, voy madurándolo de a poco, a la espera del tiempo propicio para dedicárselo. También tengo varias propuestas interesantes de ilustración para libros de literatura infantil de autores regionales. Y, desde luego, la participación en muestras colectivas y personales y aquellos eventos que me permitan compartir experiencias y continuar profundizando conocimientos en esta profesión en la que nunca de deja de aprender.