Rodolfo Buján integró el grupo de los seis músicos españoles que dieron inicio a la Banda de Música de la Policía del Chubut. Fue tornero durante la época del peronismo industrial de comienzos de los cincuenta y músico de jazz en grandes bandas de Buenos Aires. 

GRAN MAESTRO

Su sueño fue asistir al Conservatorio de Música de Avellaneda; no lo logró y aún así la vida lo convirtió en un gran maestro de la música; su bajo perfil no le impidió estar al frente de la banda de música de la policía de Chubut desde el 72 al 78. El asegura que siempre quiso aprender un poco más, buscó sus propios maestros hasta que se convirtió él mismo en uno. Hoy tiene 85 años, hace vino patero en su casa con uvas francesas y sigue obstinado en la reparación de su única bordalesa. Fue tornero y delegado gremial en Buenos Aires en la época de gloria del peronismo. Dice que volvería a hacer todo lo que hizo en la vida. Vino de España buscando un mejor futuro; esa búsqueda lo trajo a Rawson y aún continúa con los sueños intactos.

 

¿Cómo llega a Chubut y cual es el motivo que lo trajo?

La música... sin dudas la música, porque estando en Buenos Aires -yo era tornero mecánico- tenía una orquesta que se llamaba “Los satélites”; hacíamos jazz bailable, al estilo de las grandes bandas y trabajábamos todos los fines de semana.

 

¿Cuál es su instrumento?

Mis instrumentos fueron la trompeta y ahora el saxo. En el taller donde yo trabajaba, en mi época de tornero, fue donde se hizo el primer motor de fuerza motriz del país en el año 52. Yo era delegado gremial de metalúrgica en aquella época; me acuerdo que justo en aquel momento falleció Evita, nosotros fuimos... era impresionante... estaba el país entero ahí para la despedida.

 

Entonces a su oficio de tornero de la era industrial del peronismo, usted le agregaba la música; tenía su orquesta de jazz.

Así es. Hacía música porque realmente lo que me gustaba era la música, por eso siempre tuve la pretensión de aprender un poco más, de saber más, buscar a los que más sabían y que pudieran enseñarme. Trabajábamos mucho en aquella época; ya en España era músico.

 

¿Usted nació en España?

Si, en La Golada, Pontevedra, Galicia, en el año 1926 y llego a la Argentina en el año 1951; yo ya estaba en una orquesta en mi pueblo, era la orquesta municipal, sabía tornería y era aprendiz de chofer porque estaba haciendo el servicio militar; al llegar a la Argentina, el primer trabajo que tuve fue en una fábrica de motores para ventiladores y tocadiscos, se llamaba Trías.

 

SEIS MÚSICOS SE NECESITAN

Tenía el oficio adecuado, porque llegó para el último tramo de la expansión del peronismo industrial...

Sí, sí, una época de gran desarrollo; en esos años ya la gente se quejaba, pero era de puro bueno que estaba todo nomás; la situación era realmente buena en aquellos años del peronismo industrial como usted dice; criticaban y criticaban, pero mire: yo tenía un sueldo -así comparamos, como referencia nomás- en el 51 yo ganaba tres pesos con diez la hora, unos cuarenta y siete pesos por día, incluyendo horas extras también...  haga la cuenta; y en el 56 ya ganaba doce con cincuenta la hora. Como puede ver, esa bonanza duró mucho más allá del año 55 cuando lo derrocaron a Perón.

 

¿Y eso para qué le alcanzaba?

Con cien pesos yo pagaba un departamento, comida, lavado y planchado de ropa; era lo que ganaba en tres días en la fábrica, y además, los sábados y domingos trabajaba mucho con mi orquesta y sacaba unos treinta y cinco pesos por baile. De modo que estaba muy bien; sí, la situación en general era más que buena.

 

¿Quién lo contacta en Buenos Aires para venir a Chubut?

Por intermedio del inspector de bandas de la Marina; un hombre con una larga capa negra, un bastón fino, cuello duro, su vestimenta era toda así, era el maestro Cúparo; a él le había pedido el gobernador de Chubut -creo que era el Capitán Sidders- y el jefe de policía -que también era de la Marina- que haga lo posible para formar una banda en la provincia, ya que no había.

 

¿En que año sucedía esto que me cuenta?   

Es el año 56. Entonces a través del director del coro del Teatro Colón,  a quien yo conocía y frecuentaba porque era un excelente músico, me contacta este hombre y me dice que necesita seis músicos de primera categoría para ser solistas en Chubut, me dice que había una banda pero que necesitaba seis solistas experimentados para tocar allá y entonces me dice que la propuesta era para radicarme. Las condiciones que ofrecían eran muy buenas porque nadie quería venir a la Patagonia. Me dice que ya tenía al director pero que necesitaba urgente un trompeta, un clarinete, un bombardino y un trombón.

 

SEIS ESPAÑOLES PARA CHUBUT

Y se largaron nomás…

Sí, porque nos hace un ofrecimiento muy importante; yo tenía 28, 29 años -no estoy muy seguro- era soltero y la propuesta significaba nada menos que la aventura de vivir exclusivamente de la música, de lo que sabía hacer mejor y lo que realmente me gustaba más. Además, ya en esa época se ganaba un poco mejor en la Patagonia que en el norte. Y a pesar que nos habían mentido porque en realidad la banda en cuestión no existía; no necesitaban seis solistas para tocar con una banda ya formada como nos habían dicho en Buenos Aires; necesitaban seis músicos experimentados para formar desde cero la banda de música de la policía, que en realidad no existía. Igual la experiencia valió la pena.

 

¿Cuánta gente vino con usted?

Vinimos los seis que integrábamos nuestra orquesta de jazz; los seis éramos españoles: Alvarado, Salvador Vaquieri, Gumersindo Silva, José Sanpedro, Aníbal Coria y yo. Salimos en barco el 8 de setiembre del año 56 y llegamos a Puerto Madryn el día 15 de setiembre y a la noche ya tocamos, dejando de alguna manera inaugurada la banda de la policía de la provincia. Ahí mismo comenzaron los concursos para tentar a músicos de acá, de la zona, y nos largamos a trabajar. A los pocos días tocamos en la Casa de Gobierno porque estaba de visita un personaje muy importante que ahora no recuerdo quien era y salimos en directo por Radio Nacional para todo el país. Tocamos en toda la provincia, en Bahía Blanca, en San Antonio Oeste, en Las Grutas, dos veces fuimos a Chile.

 

¿Qué música tocaban?

Tocábamos de todo, paso doble, folclore, tangos, chamamé, todo el repertorio de la música popular, que era lo que mejor receptaba la gente... bailaban y se llenaba de gente en el lugar que nos presentáramos; era una época maravillosa, el poder de convocatoria era muy grande. Ensayábamos en la comisaría, en la casa del gerente de La Anónima, en la casa de la rubia Alsúa. De los seis españoles que llegamos para fundar la banda de policía, fui el único que hizo la carrera completa, retirándome como director en el 78 luego de entregarle más de 20 años de trabajo. Esa es una felicidad y la música es la que me lo ha permitido.