Columnas

 

Pese al prestigio literario que al término ficción le diera Borges, ésta sigue siendo un género incomprendido, incluso subestimado debido quizá a la ambigüedad que produce su sinonimia respecto a la fantasía, la ensoñación, la fabulación, la leyenda, en tanto historias para los momentos de ocio y entretenimiento. Tampoco la ficción es como se dice comúnmente, una “mentirita”, ya que el término  “mentira” corresponde a los discursos del derecho, de la religión y la moral.

 

El movimiento artístico de la provincia del Chubut viene transitando senderos pródigos en aconteceres, no por silenciosos menos creativos.

 

Desde la crítica suele decirse que el arte no sirve para nada, o sea, que no sirve a otros intereses que los del propósito de la obra. Se buscó así liberarlo del servicio de la religión y de la ideología, disponiéndolo para alcanzar fines más altos que la ilustración de postulados ajenos.

 

Recortándose desde un agujero negro; de esos que el Universo esconde para que tropecemos los distraídos; una puerta, un hombre, tal vez mirando por una cerradura, libro en la falda, silla de madera, máscara de hombre colgada en el respaldo, máscara de calavera en la nuca, espía, tal vez, a los que se acercarán a ese mundo que ha soñado.

 

La Libélula y Otros Poemas” de Robert Gurney (Luton, Inglaterra, 1939) es una mirada retrospectiva a la infancia, adolescencia y juventud, como territorios perdidos, entremezclada con visiones oníricas atemporales. El poemario está escrito en inglés y en español. Robert Gurney tiene la rara habilidad de poder escribir en ambos idiomas directamente.