Columnas

 

Por su génesis nuestra cultura es mestiza, de tal impronta étnica se impregnará cada gesto de nuestras vidas; también la escritura.     

 

Fui a ver el documental Comunidad Perforada, de los realizadores locales Leandro Lew y Matías Quincio, y me despertó sentimientos encontrados, eso me llevó a escribir este texto para esclarecerlos

 

I

El arte de reunir volúmenes bajo la luz, así definió Le Corbusier a la arquitectura.

 

Pegó tres teclazos y desde Salta abrió la boca su piano y lanzó tal alarido que le voló las pestañas a medio país. Su afinación era envidiable; armonías azules al frente, disonancias rojas por los costados y una audacia verde que le dibujó a la música orejas de zorro para que un puñado de canciones, tal vez las más hermosas y osadas del repertorio popular puedan alcanzar un brillo que hasta ese momento sólo se escuchaba allá en la punta del mapa.

 

Este artículo fue escrito en el año 2001. Como tantos otros han quedado en algún archivo sin publicar. Hoy, años después, con otro país tan diferente, las condiciones para las artes visuales no han cambiado mucho. Se puede deducir que el problema de quien sostiene la creación, no es tanto un asunto de crisis económica, como de relación a un público. La misma idea de público está en duda. Pienso en el millón de personas que asistían anoche (22/5/10) al festival homenaje al Bicentenario. Ahí no había ninguna duda de que el arte (Nebia, Gilberto Gil, Jaime Roos, etc.) es imprescindible. Entonces a las artes visuales les pasa otra cosa. Publico esto en la esperanza de encontrar un camino.