Columnas

 

Los libros específicamente escritos para los niños y los jóvenes comenzaron a existir, como tales, a fines del siglo XIX, como una necesidad ante la paulatina socialización de la enseñanza. A medida que más niños pudieron ser escolarizados, la lectura se convirtió en una exigencia que no encontraba, como contraparte, libros adecuados conforme a la pedagogía de la época.

 

Pertenecen a un país que ya no es y están allí, en la soledad descascarada, lamiendo sus heridas, lejos de los ecos de otras épocas. Otras voces poblando estas galerías que el viento recorre, puntualmente, acariciando desconsuelos.

 

El seleccionado de fútbol de la Argentina, además de ser la síntesis perfecta de todas nuestras desmesuras, es también y no provisionalmente, la sinopsis de nuestras más caras frustraciones.

 

El 26 de abril de 1937 la villa vasca de Guernica, justo en un día mercado, fue objeto de un bombardeo de la Legión Cóndor de la Luftwaffe alemana hasta dejar sólo ruinas y fuego. El hecho se enmarca en el desarrollo de la Guerra Civil española, que había comenzado un año antes. El horror se reflejó en una tela 3,50 x 7,80 que Pablo Picasso pintó en tres semanas frenéticas. De esa forma hizo visible esa brutal agresión en una guerra que tuvo ataques con más víctimas civiles, pero el arte la convirtió en emblemática. De la misma manera, expresiones de la plástica hicieron de los “vuelos de la muerte” de la última dictadura militar, una representación de la barbarie sucedida cuarenta años después en esa inmensidad de agua que nunca volvió a ser la misma.

 

Sucedió en Fofocahuel, provincia de Chubut, hace unos años atrás, precisamente en la vieja tapera de Doña Edelmira Cañulef.