Columnas

 

Tuvo un rostro con cuyos ángulos el sol se sentía cómodo porque jugaba a tirarle rayos. Se perfilaban en un lado y en el otro con el único objeto de sacar nuevos colores. Ensayaba el sol con ese rostro único; los pómulos, el mentón, la punta de la nariz, la base de la frente; ahí, por los extremos de las cejas el sol tiraba y tiraba, y hacía un festival con los colores que inventaba.

 

Un modo de anotar algunas impresiones que me causó la película Relatos Salvajes que vi el sábado pasado en el Cine Coliseo de Comodoro Rivadavia. Más que la película, que me pareció muy buena, lo que me movió a curiosidad fue la reacción del público.

 

No sé qué idea, qué imagen o representación tendrán ustedes del escritor; por mi parte les comento que, para mí, escritor no es aquel que escribe libros, hoy por hoy todo el mundo tiene un libro en su haber; además libros hay de todo género y especie que desbordan bibliotecas.

 

Es TUCURAS una narración que puede leerse en varias claves, una de ellas, por ejemplo, la de la novela histórica, ya que ficcionaliza hechos de nuestro pasado.

 

Llegó a tener la barba tan blanca y tan larga que parecía un poncho hecho con lana de oveja; y por los ojos claros de mirar recto como un riel de ferrocarril te dabas cuenta que más que un hombre parecía un profeta escapado del pincel de algún maestro renacentista.