Columnas

 

He aquí un excelente libro que supo doblar la apuesta y dialogar con lo mejor de la historia y de la antropología social y política, sortear sus limitaciones y potenciar sus alcances. Hasta no hace mucho tiempo estábamos embretados en si el análisis de las identidades aborígenes y las formas de su producción y articulación, pertenecían al ámbito de una u otra disciplina. Análisis estéril que tiene que ver más con la historia de ambas disciplinas y sus disputas hegemónicas, que con el avance del conocimiento y la necesidad de pensar ciertas problemáticas, que a gritos se nos fueron imponiendo desde hace unos años.

 

La trayectoria vocacional/profesional/ocupacional de una persona da como resultado un desenvolvimiento productivo, medido en logros individuales, que otorgan plenitud, satisfacción personal y sirven para lanzarse constantemente hacia adelante con nuevos y más intensos planes. Así se trazan los proyectos de vida que nos movilizan hasta el último de nuestros días. Esos proyectos son los que mantienen viva la llama de la ilusión y nos hace permanecer jóvenes de espíritu y creativos, sin importar la edad cronológica que tengamos.

 

La televisión es uno de los grandes descubrimientos del siglo XX que mayor injerencia ha tenido en los cambios del comportamiento humano.

Desde que entró por la puerta de nuestros hogares y se entronizó en el living, ha desempeñado una función determinante en el desenvolvimiento familiar.

Niñera, chupete electrónico, caja boba, divertimento para solitarios, guía de turismo para viajeros pasivos, dama de compañía para ancianos, son algunos de los calificativos que ha recibido desde que se popularizó su uso.

 

Hay mujeres que son capaces de hacer cualquier cosa. Yo conozco a cuatro que cuando abren la boca les salen lápices de colores. Sí, ya cuando sonríen, entre los dientes se puede ver como pujan por salir esos lápices de todos los tamaños, enteros, a la mitad, menos de la mitad, con punta, sin punta, mordidos, con una goma de borrar en la cola, con sabor a óleo, acuarela y con tendones para dibujar una primavera completa en un solo movimiento.

 

Si por ellos fuese, se meterían de noche en el Ministerio de Educación, chasquearían los dedos setenta veces siete con los ojos cerrados, e invocarían el espíritu de los hermanos Lumiére con letanías herrumbradas y poderosas hasta lograr que se incluya en la currícula escolar de todos los niños chubutenses las materias de Historia del Cine Argentino e Historia del Cine Universal.