Columnas

 

La trayectoria vocacional/profesional/ocupacional de una persona da como resultado un desenvolvimiento productivo, medido en logros individuales, que otorgan plenitud, satisfacción personal y sirven para lanzarse constantemente hacia adelante con nuevos y más intensos planes. Así se trazan los proyectos de vida que nos movilizan hasta el último de nuestros días. Esos proyectos son los que mantienen viva la llama de la ilusión y nos hace permanecer jóvenes de espíritu y creativos, sin importar la edad cronológica que tengamos.

 

Hay frases para todo en la vida. Las encontramos en el imaginario popular, escapadas de la boca de aquellas personas que admiramos, o bien en las paredes de las calles como elocuentes mensajes del hastío, el amor, la picardía o la pura necesidad. Las hallamos también y sobre todo, en los libros; ellos están repletos, hay multitud de ellas, por eso a la hora de leer hay que hacerlo con un lápiz en la mano para marcar sin miedo, no perderse las que valen y luego regresar por ellas. Pero también las hay en la canción popular y en el cine; esos dos oráculos cargan también con las mejores; seis balas de plata cada uno y suelen ser los más rápidos del oeste a la hora de disparar y hacer centro entre ceja y ceja, que es lo mismo que decir el corazón, el alma o lo que sea; blandito o duro perforan igual.

 

En los arrabales de Esquel, aunque sin precisar la ubicación, se constituye un bar pequeño. Austero, con una discreta asistencia diaria. Los recolectores de basura dicen, mientras revolean las bolsas en las fauces de los camiones, que el señor que atiende el lugar es el mismísimo Dios. Su principal característica, cuentan los juristas y bibliotecarios, se centra en sus parroquianos, llamados por los ciudadanos "Cabezas Dispersas". Algunos afirman que los Cabezas Dispersas constituyen una secta.

 

“La distinción entre los sistemas de la lengua poética

y la lengua prosaica, había determinado desde el

comienzo el análisis de los formalistas rusos”.

TzvetanTodorov.

 

Son las tres menos te extraño de la madrugada y el penúltimo whisky le saca viruta a las paredes de esta melancolía compadrita.

Entran sin golpear la puerta los fantasmas de aquel verano. Aquel enero de bolsillos con buracos, dedo gordo y gasolero al costado de la ruta para poder viajar y un pueblo norteño de ladrillos sin olvido que no ha permitido el exilio de las viejas con ruleros baldeando las veredas de sus frustraciones.