Recorriendo estas páginas uno descubre múltiples historias que no fueron contadas. El lector hábil intuye que el autor ha hecho una rigurosa selección de sus relatos, dado que es imposible dar cabida a tantas vivencias en el pequeño universo de un libro, pero sobre todo, porque un sano pudor lo frena a meterse en las zonas más escabrosas de su profesión. Y eso, en épocas de escatologías desbocadas, nuestra sensibilidad lo agradece.

El Dr. Mario Morón ha tenido una vida intensa, de gran riqueza profesional y familiar. Y esto queda claro en su texto que trata entre otras cosas de la libertad. De la libertad de ser quien se quiere ser; de construir la propia vida luchando contra las limitaciones entorno en base al esfuerzo; de ser fiel a las convicciones y a la pasión por la tarea abrazada.

Con esa misma libertad nos invita a navegar a través de su propia vida, con una sinceridad y una honestidad desacostumbradas en este tipo de escritos, sin caer en una retórica muy de moda en estos tiempos: la de los libros de autoayuda. 

Por el contrario, el suyo un libro de una gran solvencia argumental y rigor académico, que guía con amabilidad a los lectores legos por el fascinante mundo de la medicina.  

Con una trayectoria intachable y productiva en diversos cargos que hacen a su especialidad, Mario Moisés Morón ha realizado innumerables intervenciones y ha sido fuente de consulta profesional en un número e importancia que es imposible describir en esta apretada presentación, pero que el lector encontrará en esta selección de sus vivencias.

Pero pese a sus bien ganados pergaminos, el autor no trata de presentarse ante el lector como un sabio venerable con un caudal de bondad con el que iluminarnos. Por el contrario, con su estilo elegante pareciera escribir luchando con su modestia, mostrando tanto los errores como los aciertos propios de su profesión, dialogando con los fantasmas que viven en ese pequeño cementerio que, como se dice jocosamente en la calle, todo cirujano tiene en su interior.

Y tal vez no haya mejor manera de tratar con los fantasmas que a todos nos habitan que la de conjurarlos en un escrito a través de las elaboraciones del lenguaje. Escrito, que en este caso pone de manifiesto la humanidad de este médico ante sus pacientes, que en muchos casos han puesto todas las esperanzas posibles en sus manos. Humanidad que reconforta pero a la vez asusta, ya que es el terreno de posibilidad para que germine la empatía, pero cifra también de  su natural falibilidad.

“Encuentros”, que desde su título ya marca una posición ética ante su profesión, tiene además un plano de lectura que si bien no es el objeto principal del libro, resalta por su gran atractivo. Transitando sus páginas podemos visitar los espacios de un Comodoro Rivadavia hoy perdido, conocer importantes rasgos de su ambiente y su sociedad como si realmente paseáramos por sus calles y tuviéramos que conquistarnos la vida allí. Como relato costumbrista es pues, también, un libro delicioso y necesario.

No sólo para la medicina el Doctor Morón tiene talento. También lo tiene para la narración, ya que incluso usando lenguaje médico su relato es sumamente fluido y fácil de leer. La tensión que transmite cuando cuenta una intervención y la empatía que provoca el progreso de los casos que nos cuenta, ya la quisieran para sí muchas trabajadas obras de suspenso.

La atmosfera del quirófano, la siempre presente posibilidad de la muerte o la contingencia de una discapacidad vista desde los ojos de quien sabe que un mínimo movimiento en falso de su parte puede significar la diferencia entre una u otra alternativa es una experiencia raramente expresada en público, que desde el punto de vista literario contiene un potencial infinito. Y a la altura de ese potencial Mario Moisés Morón ha sabido pararse con gran maestría en este libro que hoy tenemos la suerte de tener entre nosotros.