La extensión de los formatos 2D y 3D en un número mayor de salas de cine estuvo acompañada, paradójicamente, por dos filmes cuyo contenido nos retrotraen a los comienzos de un oficio en que la precariedad de medios era compensada por la épica, la fantasía y la pasión.

“Hugo Cabret”, centrado en la figura emblemática de George Meliés y su fantástico “Viaje a la luna” y “El Artista”, jugando con el primer salto tecnológico del cine mudo al sonoro, nos hacen pensar e indagar en cómo habrán sido los inicios del biógrafo en una región de “frontera interior”, en qué sitios habitó por primera vez el asombro de ver pasar en un lienzo la movilidad de la vida, qué magia producían la oscuridad y el haz de luz que atravesaba el salón. Un rito colectivo, siempre.

Las primeras proyecciones de cine en La Pampa tuvieron lugar, tempranamente, a poco de comenzado el siglo XX, en confiterías y bares, compartiendo cartelera con las compañías de variedades, teatrales, líricas y de zarzuelas. Lo hicieron tímidamente, pidiéndoles permiso de asomarse a un espacio que muy pronto invadirían arrolladoramente

El modus operandi de los espectáculos teatrales era la presencia de una compañía, generalmente de Buenos Aires o de España, que luego de actuar en todos los pueblos a la vera de la hoy ruta 5, desde Trenque Lauquen se aventuraba en la mítica Pampa Central. Aquí se instalaba durante siete o diez días para brindar sus números, renovando diariamente su programación. Para el cine se aplicó el mismo mecanismo. Luego de algunas experiencias aisladas, el primer ensayo comercial con tinte de continuidad se produjo en un bar de Santa Rosa conocido por “Gortázar”, ubicado en Gil e H. Yrigoyen, por entonces calle Florida. Por ese motivo pasó a llamarse “Cine Bar Florida”, donde hubo funciones durante muchos años. Al mismo tiempo en otros cine-bares de pueblos pampeanos, en algunos casos por medio de proyecciones ambulantes.

¿Cómo era el micro clima social de un cine-bar? Al ruido de la generación propia de energía, se sumaba el de los proyectores. Además, para atenuarlos, algunos propietarios contrataban a pianistas, los que hacían uso de ritmos rápidos para las persecuciones y sonidos graves para los momentos de misterio o suspenso, de modo que la música fue un elemento indispensable para acompañar las “cintas”. Era un sitio de encuentros sociales, aunque manteniendo las distancias. En la foto se puede ver la barra del bar de espaldas a la pantalla y el palco destinado a las familias tradicionales, de mayor status y solvencia en la ciudad.

Como espacios específicos para cine, el Teatro Español fue la primera sala de Santa Rosa, esporádicamente desde 1910 y ya como programación cotidiana desde 1915. De esta manera, se sumó a las proyecciones del cine-bar Florida, que aún proseguía en manos de Nazario Camarero, un personaje ligado durante décadas al mundo del espectáculo en la capital pampeana. La sala del teatro se transformó en el “Cine Colón” una noche de 1915 con la intención de brindar cine cuatro veces por semana y las funciones no tardaron en llamarse matiné, ronda y noche.

La taquilla del cine en Santa Rosa llevó a la otra gran colectividad a sumarse a una actividad que a todas luces permitía comercialmente diversificar sus propuestas. En tal sentido, la Sociedad Italiana “Patria e Laboro” inauguró su nuevo salón el 1° de julio de 1921.

 

¿Qué tipo de cine se veía?  Pese a la avalancha inicial de cortos europeos de cine mudo de los sellos Lumière y Pathé, el cine argentino comenzó a verse tempranamente. Fue en una primera tanda de proyecciones de 1906 cuando se exhibieron en Santa Rosa filmes argentinos como “El Pericón Nacional”, un corto animado por los hermanos Podestá. Al poco tiempo se exhibieron películas históricas como “La Batalla de Maipú” y “El Fusilamiento de Dorrego”. En 1915 se vio en el Teatro Español “Nobleza Gaucha”, primer gran éxito del cine nacional. En este rubro no podemos dejar pasar el primer film de ficción realizado en La Pampa —y uno de los primeros en el interior del país— el que estuvo a cargo de Domingo Filippini. “Carlitos en La Pampa” se llamó esta parodia de Chaplin y fue rodado en la plaza de General Pico.

La entrada fuerte de la industria en el medio local fue en la década del 20 con el western, Chaplin o las acrobacias de Douglas Fairbanks. De cualquier modo, se colaban en el mercado con más frecuencia que ahora, películas de otras zonas del mundo. Así es como en el Cine Bar Florida se pudo ver en 1926 “El Acorazado Potemkim” del gran Sergei Eisenstein a sólo un año de filmada.

 

El cine también cumplía funciones políticas, ya que socialistas y anarquistas organizaban veladas especiales de propaganda o para los 1º de mayo. Se mostraban películas como “Naná”, “Trabajo” o “Germinal”, realizadas sobre la base de novelas de Émile Zola.

Volviendo a los espacios, la Sociedad Italiana produjo uno de los acontecimientos más importantes en una década que otorgó un culto creciente a las salas de cine. Fue la puesta en funcionamiento en 1938 del cine-teatro Marconi de Santa Rosa, calificado por la prensa como el “Gran Rex santarroseño”, con capacidad para 900 butacas. La contrapartida de esta apertura fue el incendio que destruyó el cine Belgrano Park de Domingo Filippini en General Pico el año anterior, por la combinación de cortocircuito y celuloide inflamable. Había dado comienzo el ciclo de las grandes salas, pero ya es otra historia.