Introducción[1]

“Anda a tirar la cuña”, figura como una de las expresiones que identifica a Marcelo, un joven petrolero comodorense. Frase que denota un tipo de arte del habla popular, al decir de Michel De Certeau, que implica considerar modos del lenguaje y comunicación propias de un tipo de grupo particular. La frase citada sólo puede ser interpretada por un trabajador petrolero interiorizado de la jerga de “los viejos” que trabajan en el petróleo, cuña es la denominación de una herramienta y la expresión se repite cada vez que el grupo de operarios debe reunirse para una tarea, o cuando un compañero se tomó más tiempo del que permite la empresa para descansar.

Podríamos decir que no sólo el modo de hablar, de entonar las palabras, de vestir, de consumir, de vincularse con las mujeres, de pasar el tiempo de ocio, entre otras cuestiones, adquiere para los trabajadores petroleros comodorenses una forma particular de manifestarse.

Éstos se distinguen no sólo respecto a otros grupos del mercado de trabajo, sino en gran medida, de sus predecesores los ypefianos, con quienes si bien poseen cierta filiación, representan una nueva generación de trabajadores del petróleo.[2]

A partir del último “boom petrolero” (2004-2008) se popularizó la representación social acerca de los trabajadores petroleros en Comodoro Rivadavia, una ciudad que hasta la privatización de la ex empresa estatal YPF, poseía como identificación de mayor poder aglutinador: lo ypefiano. Pero también se acrecentaron una serie de rasgos que se encuentran vinculados con la matriz fundacional de la ciudad, tales como la ausencia de políticas vinculadas a la planificación urbana y poblacional.

Podríamos afirmar que en Comodoro Rivadavia se presenta una situación de desacople extremo entre el nivel de ingresos y el nivel de prestigio consensual (Grimson, 2009). Lo cual nos conduce a explicar de qué modo se legitiman las desigualdades sociales, dado que el nivel de ingresos —comparado con la media del resto de Argentina— es superior a otros trabajadores de la industria, sin embargo, estos “sueldos globalizados”, no redundan en un tipo de ascenso social de los trabajadores petroleros, que indique un cambio sustancial de sus condiciones de vida. Así como también el caso comodorense nos invita a revisar la categoría ampliamente desarrollada desde las ciencias sociales, en torno a los “sectores populares”: como grupos urbanos asociados —entre otras características definitorias— a los bajos ingresos. Prestando atención a su dinámica cambiante, a veces difusa, como área donde se constituyen los sectores populares como tales (Romero, 1997: 12).

Destacaremos las formas en que se produce la reproducción de las desigualdades

sociales en una ciudad de aparente “opulencia” y cercana al “pleno empleo”, tal como manifiestan las versiones gubernamentales. De qué modo la legitimidad de las desigualdades sociales se plasman en las prácticas discursivas de quienes no pertenecen al ámbito petrolero, generándose una serie de categorías estigmatizantes y diferenciantes con respecto a los trabajadores petroleros. Los sectores medios de la sociedad local utilizan como sinónimo de “popular” lo petrolero, signándole una carga negativa a esta caracterización porque asocian a este tipo social el desorden, la chabacanería y el “mal gusto”.

 

Las marcas del petróleo en Comodoro Rivadavia

 

La ciudad de Comodoro Rivadavia posee una conformación espacial particular. Su constitución fundacional se encuentra vinculada a la espontaneidad y dinamismo de la explotación petrolera, plasmada en su escisión y partición entre zona norte, centro y zona sur, en la cual se proyecta la disociación que permanece aún hoy como parte constitutiva de su distribución espacial.

El hito fundacional de Comodoro Rivadavia se produce a partir del “mítico descubrimiento del petróleo” el 13 de diciembre de 1907 (Duplatt, 2009). A partir de la actividad productiva petrolera se generó un modo de organización espacial que refleja la escisión fundacional entre los distintos centros poblacionales. Por un lado el “pueblo” que es el centro comercial, bancario, civil de la ciudad y los “campamentos” (Crespo, 1992) que fueron surgiendo en relación a las empresas petroleras (Y.P.F., Astra, Diadema…) y que adquirieron rasgos de “company towns” (Torres, 1995). También en la zona norte de la ciudad surgió otro polo poblacional vinculado a la estación y los talleres del ferrocarril en el denominado “Km 5”. Alrededor de las mencionadas actividades productivas se fue generando un cierto modo de vida e interacción social diferenciada de la existente en el denominado “pueblo” de Comodoro Rivadavia.

Sin embargo, Y.P.F. resultó ser la empresa más emblemática en relación a la implementación de políticas sociales intervencionistas, imprimiendo una serie de rasgos que perduran hasta la actualidad (Marques, 2003). Con la privatización de YPF (1990) estas diferenciaciones se profundizaron por la presión (impositiva por ejemplo) y a la vez el abandono (en salud y demás servicios públicos) en que se vio sumida la zona norte de la ciudad. La pertenencia a la comunidad ypefiana aún hoy resuena con nostalgia entre los habitantes de la zona norte de la ciudad, capitalizada actualmente en un movimiento de recuperación histórica del pasado ypefiano. Pero que sólo posee rasgos de elementos de “cultura residual” al decir de Raymond Williams.

Un aspecto preponderante a considerar para comprender las interrelaciones sociales en el caso comodorense, lo constituyen las características de su poblamiento de marcada heterogeneidad nacional y étnica. Básicamente la ciudad se pobló con migrantes de origen europeo, con un incremento significativo de los migrantes de países limítrofes en la última parte del siglo XX. Desde los inicios, se registra una presencia de migrantes chilenos en la ciudad. La migración chilena continuó a lo largo del siglo, aunque en la década del 70 se produce una ruptura en cuanto a las características del tipo de migrantes: finaliza la llegada de migrantes “económicos” y se inicia una etapa de ingreso de chilenos por causas políticas, como consecuencia de la implantación de la dictadura pinochetista (Baeza, 2006).

La heterogeneidad poblacional de Comodoro Rivadavia, arriba señalada se profundizó en la última década considerando la llegada de migrantes “del norte” (básicamente noroeste y noreste de Argentina), de migrantes limítrofes bolivianos y paraguayos, además de una serie de grupos migratorios de Centroamérica principalmente de República Dominicana.[3]También la diferenciación entre “zona

norte” y “zona sur” de la ciudad, se profundizó al ritmo del “último boom petrolero” (2004-2008) con la expansión urbana actual, acrecentando los rasgos de fragmentación espacial.

En este contexto el ingreso al mercado de trabajo petrolero, se constituye en la mayor atracción sobre todo para hombres de los más diversos lugares del país, que se ven atraídos por los altos sueldos. Sin embargo, ingresar a un empleo en el ámbito del petróleo, es difícil cuando no se conoce un intermediario, que puede ser un familiar, un sindicalista, un político… que pueda recomendar al potencial trabajador.[4]Este tipo de mercado de trabajo genera un tipo de movilidad poblacional particular, ya que muchos consideran que entre tres y seis años en una empresa petrolera, representa la posibilidad de “cumplir el sueño” que en sus lugares de origen nunca podrían realizar. Sin embargo, las particularidades del trabajo petrolero provoca que muchos vean truncar sus sueños, y desistir buscando otra alternativa laboral o bien decidiendo regresar a sus lugares de origen.

 

Diferenciaciones internas y representaciones sociales acerca del mundo del trabajo petrolero

 

La presencia del Estado nacional en Comodoro Rivadavia, se desarrolló desde principios de siglo XX a través de la empresa estatal YPF, la cual generó una serie de distinciones que remitían a una organización de tipo interna, entre aquellos ypefianos que ocupaban cargos jerárquicos y los que pertenecían al conjunto de trabajadores que desarrollaban tareas en los yacimientos y de mantenimiento de las instalaciones de la empresa. Paralelamente operaba una distinción entre el conjunto de ypefianos, los trabajadores-as pertenecientes a las compañías privadas y el denominado “pueblo” de Comodoro Rivadavia. Podríamos decir que los ypefianos, gozaban de la protección proveniente de la aplicación de las políticas del Estado de Bienestar, que cubría a los trabajadores de YPF, “de la cuna a la tumba”. Ya que contaban con asistencia sanitaria, vivienda, espacios de esparcimiento, entre una serie de beneficios que recordaban diariamente la significación de ser un trabajador-productor de soberanía nacional en Patagonia.

Luego de la privatización de YPF iniciada en 1989, la denominación ypefianos comenzó a ser residual, sustituida en la sociedad comodorense, por la categoría emergente de petroleros. Esta última categoría, se refiere a todos los trabajadores vinculados a la explotación petrolera, pero sobre todo a aquellos relacionados a los puestos de menor jerarquía tales como boca de pozo, enganchador, entre otros ligados a las etapas de perforación (drilling), terminación (work over) y pulling. Este grupo constituye el más numeroso de todos los grupos de trabajadores pertenecientes a las distintas ramas en que se encuentran sindicalizados quienes integran el mercado de trabajo petrolero; siendo aproximadamente entre 12.000 y 15.000 los trabajadores vinculados al tipo de trabajo “del pozo”, entre los cuales una parte se encuentra afiliado al Sindicato de Petroleros Privados y otros que igualmente se rigen por el Convenio Colectivo de Trabajo al cual pertenecen.

Los petroleros, se constituyen en el grupo más visible numérica y socialmente. Sobre ellos recaen una serie de identificaciones, algunas de ellas estigmatizantes como petrolines, y otras de autoadscripciones tales como “los viejos” —cuyo origen se remonta a la época ypefiana—, o bien “los barreros o loderos” para dar cuenta de diferencias de ubicación laboral al interior del yacimiento petrolero. En épocas de conflictos laborales, de piquetes en las rutas que conectan a la ciudad con los yacimientos, los no-petroleros manifiestan el rechazo y aversión que les provoca el grupo de petroleros, que como sueldo inicial pueden cobrar 8.000 pesos, y que consumen de modo descontrolado en la ciudad. Situación contradictoria porque esa condena al consumo y a los productos que consumen los petroleros, es realizada por las clases medias, muchos de ellos comerciantes, rentistas, profesionales, que forman parte también del circuito económico dinamizado desde el petróleo.

Sin embargo, “petroleros” no refiere a todo el conjunto de trabajadores y empleados ligados a la industria petrolera. Al interior del “mundo petrolero” se producen una serie de desigualdades jerárquicas y profesionales, a partir de los límites que produce el hecho de poseer o no capacitaciones, títulos de técnico o ingeniero. Diferenciaciones que no sólo se traducen en remuneraciones en dinero, premios y otro tipo de estímulos, sino también en la carrera profesional al interior de las compañías petroleras. Y a nivel de las filiaciones sindicales, entre aquellos sindicalizados en el Sindicato de Petroleros Privados y los denominados “Petroleros Jerárquicos”.

Alrededor de —sobre todo— los “petroleros” pertenecientes a la primera categoría mencionada, se generan una serie de representaciones sociales y denominaciones que operan en la interacción cotidiana en los espacios de encuentro existentes en la ciudad.

En comercios, supermercados, ámbitos de recreación, instituciones públicas los “petroleros” son reconocidos por “los no petroleros” por su vestimenta, su modo de hablar, su manera de invertir el dinero, entre otras “etiquetas” que delatan un modo de ser que los tipifica como “nuevos ricos” que no saben administrar sus altos sueldos.[5]

 

La experiencia y actividad en el yacimiento petrolero. El “pozo manda”. El equipo de terminación “735”.

 

En las actividades que se desarrollan “arriba” en los yacimientos,[6]es donde es posible ver el modo en que funcionan las distinciones y jerarquías internas, que se plasman en experiencias laborales diferenciadas de acuerdo a la actividad y el sector al que pertenece el trabajador petrolero.

Presenciar una jornada completa de trabajo con los jóvenes petroleros autodenominados “viejos” del equipo 735 de perforación —de una empresa de servicios petroleros—, nos permitió experimentar el funcionamiento del trabajo petrolero. Además de incursionar no sólo en las interrelaciones cotidianas sino también desmitificar o confirmar determinadas representaciones presentes en la sociedad comodorense no-petrolera.

Sin embargo, el ingreso a un yacimiento petrolero no es sencillo, por la serie de condicionamientos burocráticos ligados a la seguridad y el control que tanto empresas operadoras como de servicios, llevan delante de manera taxativa. Aún más difícil, si quien ingresa al yacimiento es una mujer. Desde las autorizaciones y tramitaciones de seguros, así como la elección del “mejor equipo” al cual se destinan los visitantes externos, lleva un tiempo considerable. Dado que es muy extraño para los integrantes del equipo de tareas recibir personas ajenas a la empresa, las expectativas generadas también son sobredimensionadas. De todos modos, aunque lo observable constituyó un montaje en cierto modo preparado, como todo escenario al decir de Goffman, es factible de ser analizado.

El lugar donde se monta el equipo de terminación —así la denominación de la tarea observada— se produce la preparación del terreno al modo en que el resto de las explotaciones minera ralean el suelo y despojan varios metros cuadrados de vegetación, o bien aterrazan si se trata de una elevación de tierra. En el centro se ubica la torre de perforación donde se realizan las operaciones vinculadas a terminación, sacar y volver a colocar varias veces al día enormes caños cuya dificultad mayor está dada en la actividad que debe realizar “el enganchador”.

Alrededor de la torre se ubican una al lado de la otra, las viviendas (trailers) del Supervisor de turno y de los trabajadores que realizan operaciones en la torre —incluido el jefe de equipo— y sus baños. Y a varios metros de distancia las viviendas del Supervisor de la empresa operadora, que en general es un ingeniero, y al lado la del Supervisor de la empresa de servicios. Estas dos últimas viviendas son más amplias, confortables, equipadas, no sólo porque se trata de trabajadores jerárquicos, sino porque residen junto al equipo de terminación durante 16 días corridos. En cambio, los trabajadores “del pozo” realizan turnos rotativos de 12 horas por día, con diagramas de descanso según la actividad. Contrasta el carácter comunitario de la cotidianeidad de los trabajadores “del pozo” no calificados, con los denominados “jerárquicos”, podríamos decir que se presenta una situación similar a la analizada por Lins Ribeiro en la edificación de Brasilia, donde: “…a medida que el trabajador se situaba en un punto jerárquico más alto, más se respetaba su condición individual. Así, los profesionales contaban con pequeños cuartos ocupados, como máximo, por dos operarios…” Pero los peones tenían que usar espacios comunes para dormir, con grandes implicaciones para la higiene interna de los alojamientos” (Lins Ribeiro, 2006: 115).

Esta característica de la distribución espacial-residencial, por un lado, contribuye a la socialización e interacción de los integrantes del “turno de equipo”, al punto que para muchos entrevistados se genera una serie de lazos complejos de entender hasta para ellos mismos, se construye una especie de “familia”, donde luego de finalizadas las 12 horas del turno, se envían mensajes, se llaman por teléfono y terminan acordando encontrarse solos o con sus familias. Para quienes atraviesan o atravesaron un período que ellos denominan como “vivir al límite”, “vivir sacado”, se experimenta que al finalizar el turno el vehículo que traslada al grupo a la ciudad, en vez de dejarlos en sus respectivos hogares, los deja en la puerta del cabaret, whiskería o “departamento vip”. Y la situación extrema puede ser que el jefe de equipo o de turno continúe al “mando del turno” también concluida la tarea laboral. Joaquín relata la forma en que vivió una de las épocas de mayor descontrol en su vida”: “Entré en un mundo de…, de que no tenía manejo de nada, nosotros hemos subido como mazo[7], otros han seguido una semana, los Jefes de turno también se van… ¡por ejemplo íbamos a tomar y largaban todo!”.[8]

Claro que llegar a entablar este tipo de profundidad en los vínculos al interior del equipo conlleva un proceso que se inicia con un “rito de iniciación”, cuyas características varían de acuerdo “al carácter” individual y del grupo, tal como los trabajadores manifiestan. Nuestra primer conversación la entablamos con los trabajadores “del pozo”, con quienes realizamos el viaje desde la base de la empresa ubicada en el Barrio Industrial de Comodoro Rivadavia, hasta el yacimiento ubicado a unos 30 kilómetros de la ciudad.

En primer término el grupo nos interiorizó acerca de los ritos “bautismales” que a través de diversos errores permite el aprendizaje del trabajo. Los más recurrentes son aquellos vinculados a las denominaciones de las herramientas de trabajo, tales como “buscar el conejito”, o “traer los perros”, o “cadena señorita”, bromas para quien recién se inicia en las tareas de equipo. Pero en determinados turnos de equipos el rito de inicio posee una connotación ligada a prácticas sexuales, tales como tocar determinadas partes del cuerpo del recién incorporado, por parte de quienes poseen poder de mando: el jefe de turno o de equipo. Acciones a las cuales el recién iniciado no sabe cómo responder si realmente quiere quedarse en el empleo recién obtenido. Y de acuerdo a las respuestas del nuevo trabajador, las “bromas y jodas pesadas”, muchas de ellas popularizadas entre los distintos grupos y empresas, acerca de prácticas sexuales colectivas.[9]

Estas prácticas sexuales desdibujan los límites del significado de ser hombre o mujer desde el mandato hegemónico, al contrario denotan expresiones acerca de las masculinidades como dinámicas y contextuales. En un mundo masculino donde “el macho” petrolero, intenta mostrar cotidianamente su poder masculino, su virilidad está en juego permanentemente, sin embargo, se presentan “modos de ser hombre” diferentes a los convencionales que por fuera del “mundo petrolero” podrían pensarse y experimentarse. En algunos casos, los entrevistados mostraron que estas situaciones que ponen a prueba el machismo y por ende, la vinculación también con lo laboral. A lo cual debemos sumar la necesidad de apropiarse de determinado modo de habla y de comunicación diaria,[10]uno de los entrevistados mencionó que llegó un punto en que se dio cuenta que se había mimetizado con sus compañeros de equipo al punto que dejaron de decirle “binorma”:[11]“…me volví como ellos, más tosco, me volvía bruto, de la concha de tu m…. hasta que puteaban y yo ya hablaba como ellos, ya me acostumbré… vos también te tenés que amoldar”.

La jerga y el modo de habla de los trabajadores “del pozo” se encuentra estrechamente vinculada a las características que supuestamente requiere la realización de las tareas laborales: rudeza, fuerza, coordinación mecánica de los cuerpos, escasa comunicación. Tal como manifestara Richard Hoggart: “La estructura del habla popular sigue de cerca el movimiento de las emociones… No son precisamente condiciones de vida que favorezcan un ritmo mesurado de conversación a tonos melosos”. (Hoggart, 1990: 300).

Entonces, las posibilidades de perdurar en el trabajo están dadas básicamente en poder interiorizarse y comunicarse con el resto del equipo. Actualmente promocionado desde perspectivas “toyotistas” que aplican las empresas petroleras, donde se conceptualizan positivamente las actitudes de liderazgo, coordinación de equipo y pro-actividad. Tal como manifestó el maquinista del “735”: “Cada equipo es un mundo aparte, cada turno es un mundo aparte. Es fundamental la buena relación del inspector, han pasado cosas porque lo siguen al encargado de turno y después se le tira presión a los que están afuera. Y se descuenta por horas operativas. El factor climático lo pagan (la empresa operadora y la de servicios petroleros). Porque yo haya discutido con el enganchador yo no voy a tomar represalias”.

El modo de funcionamiento del equipo, el reacomodamiento y distribución de tareas, puede provocar que predomine la cordialidad o bien la competencia y enemistad laboral. Nuestra experiencia fue vincularnos con un equipo que tal como indican las normas de seguridad que deben seguir a rajatabla en cada tarea a realizar, los trabajadores trasladan la misma dinámica para la coordinación del descanso, de los momentos de compartir el almuerzo, la cena y los inconvenientes y logros del equipo. Sin embargo, la dedicación al trabajo no se traduce al nivel de la “época ypefiana” en que la empresa se transformaba en una cuestión de vida, al contrario, en el modo de relacionarse con el trabajo de los jóvenes actuales es posible ver un tipo de cultura de trabajo diferente, mientras que para la generación anterior el trabajo “era su vida”, para la nueva generación “es el medio para alcanzar ciertas cosas”.

Cada tarea a desarrollar reúne a los “viejos” en el tráiler —comedor, para la lectura y discusión pormenorizada de las normas de seguridad que deben considerarse, con su posterior llenado de tarjetas de seguridad. El control y vigilancia, se enmarcan en las denominadas ATS (Análisis de Trabajo Seguro) y la trascendencia de su realización es de tal magnitud que permiten dar cuenta de la trayectoria laboral de cada uno de los integrantes del equipo. Los trabajadores reciben cursos sobre las normas de seguridad (una vez a la semana deben capacitarse), actualmente orientadas a lograr la misma calidad del trabajo pero en el menor tiempo posible. El encargado de turno es el encargado de registrar en un libro, donde indica la “evaluación de riesgos” al resto del turno, en ella figuran: el valor de la pérdida patrimonial en dólares, riesgo medioambiental, y riesgo humano.[12]La forma en que circula la información de las tareas a realizar —mediante carteles y planillas— recuerda las normas del tipo de trabajo toyotista que describe Benjamín Coriat. Sin embargo, el carácter rutinario de las tareas se asemeja más a la antigua cadena de montaje fordista, que a búsqueda de creatividad presente en las nuevas formas de trabajo.

Las jornadas laborales generan una serie de lazos internos, que en ocasiones se ven reforzadas a partir de las diferenciaciones discursivas. Así, los “viejos del 735” se definen por oposición a “los barreros”, “los perforeros” que son aquellos trabajadores petroleros que realizan trabajos de perforación, denominados de este modo: “porque están siempre con la pata con barro, petróleo, sucios… viejos muy raros, seguro que si vas vos no te hablan”, explicó Héctor. Otra frontera identitaria que los trabajadores de perforación manifiestan, es con respecto a los empleados “de oficina” denominación que implican incorporar a todos los que realizan trabajos administrativos o de supervisión que se encuentran en la base de la empresa por lo general ubicada en el barrio industrial de la ciudad de Comodoro Rivadavia. La rivalidad se establece a partir del poder adquisitivo que pueden lograr los “trabajadores del campo”, que es lucido en la compra de autos caros que —según los petroleros— provoca indignación y envidia de los empleados administrativos. Donde en ocasiones adquiere un carácter racial porque los negros petroleros son objeto de crítica y mirada despectiva.

Sin embargo, la estigmatización que poseen los petroleros del pozo, también es reproducida por sus colegas “del pozo”, los trabajadores jerárquicos. Ya que para éstos no saben administrar sus altos sueldos y terminan siendo víctimas de las petroleras, que son las mujeres “caza petroleros”, por las cuales terminan abandonando sus familias originarias y sumando una nueva generalmente con hijos-as de matrimonios anteriores.

Quienes realizamos la experiencia de pasar las 12 horas que dura un turno de un equipo de perforación (y las dos horas o más invertidas en el traslado al yacimiento), evidenciamos las marcas corporales que genera el tipo de trabajo petrolero. Sentimos la rapidez, aceleración, eficiencia, vértigo, ansiedad, y dinamismo que requiere el desarrollo de tareas. Similares sensaciones siguen viviendo quienes luego de estar las horas correspondientes al turno, antes de regresar a sus hogares deciden continuar la experiencia en los espacios de entretención comodorenses. Entonces, el descanso de 24 horas se acorta, y la vorágine del trabajo se traslada al resto de la vida privada. El “estado nervioso” al decir de Simmel refiriéndose a la vida del urbanita, de quien realiza este tipo de jornadas, con sueño y cansancio acumulado, lleva a que sólo sea posible soportarlo a través de la ingesta de tranquilizantes, ansiolíticos, y en muchos casos el consumo de drogas como marihuana y sobre todo cocaína.[13]

El riesgo de accidentes laborales aumenta en los casos en que los trabajadores no logran descansar y sobrellevar jornadas donde trabajo y ocio se entremezclan permanentemente. En el caso de Joaquín un accidente provocó su separación del puesto: “Yo estaba tomando pastillas para… estaba enfermo, no no tengo que seguir decía. Un día subí tan mal, una vez yo me tuve que bajar de un equipo…. Me bajo y no me sentía bien, me miraban. Me agarró una angustia en mi interior, me largué a llorar y no paraba más de llorar, me temblaba todo el cuerpo… ¡me colapsó! El cuerpo, yo quería hacerlo bien… me dijeron te tiene que ver un médico. El operador preguntó ¿“Qué le pasó a ese chico”? pero se corrió el puterío de que yo usaba droga, se corrían muchas cosas en esos días, de los años del equipo, de que el tipo se jugaba muchas cosas porque iba a rodar su cabeza…”

A raíz de la existencia de casos similares en diferentes empresas de servicios petroleros, algunas han implementado los cursos sobre adicciones, el control de alcoholemia y antidoping por sorteo, antes de “subir” y “bajar” de los yacimientos. Esta es una de las razones por las cuales se ubica la atención en cómo desarrollan su vida los trabajadores petroleros. Como absolutamente nada en los yacimientos queda librado al azar, las empresas tanto de servicios como operadoras orientan sus políticas de control bajo el lema “0 alcohol, 0 droga”. De modo similar se incrementan las políticas de prevención de accidentes automovilísticos, con límites de velocidad y prácticas de manejo responsable. Entonces, las empresas operadoras ubican cámaras de filmación en lugares estratégicos de la ruta que conduce a los yacimientos petroleros.

Quizás el escaso aprecio a esta nueva generación de petroleros, queda ilustrada en el deterioro que sufrió —desde la privatización de YPF estatal— el otrora monumento al trabajador petrolero, ubicado décadas pasadas frente al Sindicato Único Petroleros del Estado (S.U.P.E) al emblemático Barrio Gral. Mosconi.

 

 

 “Dominación masculina” y relaciones de género en el mundo de trabajo petrolero

 

Al ser los petroleros, los objetos de desprecio, y no poder manifestarse abiertamente porque en definitiva son “quienes sostienen” la productividad económica en la ciudad, el estigma se desplaza a sus mujeres y se establece esa relación entre género y clase. En una sociedad minera petrolera, es la “dominación masculina” al decir de Pierre Bourdieu, la que ejerce un mayor peso. La discriminación hacia los hombres petroleros, se desplaza hacia sus mujeres, esposas, parejas. El grupo altamente estigmatizado en la sociedad comodorense, son las mujeres. Por un lado, sobre las esposas de “los petroleros” a las que aquel sector de la sociedad comodorense “no petrolera”, deposita la responsabilidad del supuesto malgaste de dinero, a quienes se condena desde sus compras en los supermercados, hasta la forma de vestir que poseen, su forma de habla y de conducirse en los comercios e instituciones de la ciudad. Estas prácticas de consumo exacerbadas en determinadas épocas del año, como las festividades de fin de año, o el día del padre, entre otros, reciben la desaprobación y por supuesto la reacción también por parte de los petroleros y sus mujeres. Podríamos sostener que en este caso estamos frente a un tipo de “gusto de fracciones” (Grignon y Passeron, 1989: 101), donde las prácticas de consumo son utilizadas (De Certeau, 1996), resignificadas entre los mismos miembros de la fracción en búsqueda de reconocimiento social de su posición económica —en algunos casos— recientemente adquirida.

Sin embargo, aunque sean hombres solos o casados los que consumen, las mujeres son culpabilizadas por los mismos petroleros, como las gordas que derrochan y que a pesar de no tener que trabajar no se ocupan de sus obligaciones. Fabián, un técnico que manifiesta su opinión acerca del tema: “…yo veo que muchas mujeres de los petroleros no trabajan, y eso produce… eee por ahí a mí siempre me gustó que la mujer trabaje, que sea independiente, que tenga sus cosas, me parece que cuando la mujer no trabaja se queda y por ahí se dedica a hacer cosas que… básicamente no se cuida, se deja estar, si se divorcia se queda sin nada… para mí queda sin nada, para mí tiene que ser independiente… Y en la pareja, yo veo que tengo compañeros, que por ahí la mujer no le da todo lo que necesita sexualmente, no hay nuevos incentivos, no generan un interés y todo eso pasa por el cuidado personal, por la ropa que usás, por la ropa interior que motiva, y ellas no, se dedican a los hijos, a cocinar, a planchar, pero por ahí algunas ni cocinan, ni preparan la vianda al marido, y todo eso en la pareja, los tipos por ahí salen y se van a un vip con una loca, o la engañan directamente con otra mujer…”. Entonces, la infidelidad por parte de los petroleros, está de este modo justificada, no así a la inversa. Cuando la consulta acerca de las esposas se realiza a un grupo de petroleros, aún es mayor la burla a la cual refieren al grupo de mujeres. Todos ríen y dicen que las gordas, se gastan todo lo que ellos ganan, en el casino, la “tanguería”, en el supermercado… En estas situaciones los petroleros, encuentran la connivencia de sus superiores, un supervisor comentó: “Mirá a mí me pasa que salimos a veces a cenar con los gerentes, los supervisores, y bueno a ellos les gusta ir al casino, cuando llegás ¿con quiénes te encontrás? Con las mujeres de los petroleros de la empresa. ¡Ni respeto por la persona que gana el dinero!”.

Para quienes ocupan cargos administrativos y jerárquicos dentro de las empresas de servicios, las mujeres son “molestas”, ya que demandan el pago en término de los salarios, reclaman en épocas de crisis cuando por las diversas resoluciones laborales los petroleros, se encuentran “parados” en sus casas y solicitan la reincorporación de sus esposos en los puestos de trabajo.

Entonces, toda la carga peyorativa es volcada sobre las mujeres, que “se llevan el sueldo” de los petroleros, porque los descuentos de juicios por manutención, sumado al dinero que deben entregar a sus “nuevas familias”, los trabajadores jerárquicos manifiestan que los petroleros se quedan sin nada de algo que tanto esfuerzo les demanda.

A lo cual hay que sumar el consumo sexual, que los petroleros desarrollan, prácticas que podríamos decir que se encuentran presentes desde épocas fundacionales de la explotación petrolera, cuando YPF competía con el municipio local por el control de las casas de tolerancia (Fuentes, 2007: 149-168). Sin embargo, actualmente podríamos  decir que la movilidad y el transnacionalismo que adquiere el comercio de la prostitución, tiene tal magnitud que la región patagónica en su conjunto está considerada como uno de los mayores núcleos de trata de blancas. Además de poseer un origen multinacional en quienes llegan diariamente a prostituirse a la ciudad y el resto de las poblaciones urbanas que conforman la denominada “Cuenca del golfo San Jorge,” que abarca el sur de Chubut y el norte de Santa Cruz. Las mujeres de múltiples orígenes nacionales que residen en la ciudad, trabajan en departamentos “vips”, “wiskas” (denominación dada por “los petroleros” a las whiskerías) y cabarets, de las cuales

hombres “petroleros” y “no petroleros” asignan el lugar de “productos” sexuales.

Los ámbitos de socialización mencionados se constituyen en los espacios privilegiados para mostrar la capacidad adquisitiva por parte de los petroleros. Uno de los entrevistados relató: “…La gente más grande se va “a putaquear”. Antes cerraban una wiska. Al boca de pozo le tocaba cerrar la wiska... El jefe de equipo arreglaba para todo el turno, son personas que no ven más allá… y tenía que pagar la vuelta para todos, que podía salir no sé 1.000 mangos… 5.000 mil mangos en una noche…”.[14]

En muchos casos los petroleros señalan, que la prostituta se puede llegar a transformar en “la novia”, la “dama de compañía”, la mujer con quien se establece un vínculo afectivo, al punto que alguna de ellas puede llegar a contraer matrimonio con el petrolero.

 

Acerca de la vulnerabilidad del empleo petrolero. El caso de los petroleros jerárquicos.

 

Conscientes de las variaciones que posee el trabajo en el petróleo, muchos de los

trabajadores —sobre todo técnicos y universitarios— han experimentado la sensibilidad que posee este tipo de empleos, en relación a las fluctuaciones del precio del barril del petróleo crudo. Así, Fabián vivió la crisis de 1998 perdiendo su empleo, pero desde el 2006 logró no sólo ingresar nuevamente al mercado de trabajo petrolero, sino que ha cambiado dos veces por puestos en empresas de mayor envergadura. Sin embargo, sabe que todo puede ser coyuntural en el petróleo, y por ende, actualmente ahorra e invierte en un negocio de animales acuáticos, para la época en que “el petróleo” lo deje sin trabajo. La subida del barril de petróleo crudo por encima de los 100 dólares en junio de 2008, y su posterior estrepitosa caída, no significó el “fin de la ilusión” de los jerárquicos, para quienes esas fluctuaciones constituyen los ciclos de la dinámica de la explotación petrolera.

A diferencia de la identificación laboral que podrían tener décadas pasadas quienes se empleaban en la petrolera estatal YPF, actualmente predomina lo que manifestó un supervisor de 33 años de edad, de una empresa operadora: “Yo no me pongo la camiseta de la empresa, si me dicen mañana que en otra me pagan más me cambio y ya está…”. Él mismo había cambiado dos veces de empleo en menos de 10 años.

Este grupo de trabajadores en su mayoría poseen estudios de tecnicaturas en petróleo o electromecánica. Además poseen sueldos que oscilan entre 15.000$ / 40.000$ y el pago de adicionales por ganancias de la empresa en distintas épocas del año. Sólo una parte de los denominados jerárquicos se hallan sindicalizados, la mayor parte de ellos se encuentra fuera de convenio laboral. En algunos casos poseen una visión pesimista y escéptica acerca del valor de estar sindicalizado, ya que aquellas personas que vivieron sucesivas crisis de desempleo en épocas de recesión, tuvieron una mala experiencia en el papel del Sindicato de Petroleros Jerárquicos, en la defensa de los puestos de trabajo.

Las diferencias con respecto a los trabajadores analizados anteriormente, se plasman —tal como explicamos anteriormente— espacialmente donde se desarrolla la actividad de operación: condiciones diferenciadas y de mayor estatus en la vida cotidiana del yacimiento.

Aunque la mayoría de ellos sostiene que las empresas varían escasamente entre sí, básicamente todos ellos remarcan que las presiones para cumplir con eficiencia y tiempo en el trabajo forma parte de la cotidianeidad de la actividad petrolera. Y al momento de comparar con sus pares los petroleros sostienen que son muchas las diferencias, tal como explicó un Supervisor de empresa de servicios petroleros: “… ellos sólo tiene que enroscar los caños, si hay viento para, si hay un desperfecto llama al supervisor, cuanto más abajo estás en el triángulo menos te importa…”. Los supervisores sienten el control permanente sobre sus actividades y a la vez ellos forman parte del engranaje de observación sobre el trabajo de quienes se encuentran a su cargo. No sólo poseen los celulares otorgados y pagados por la empresa, sino también computadoras portátiles desde donde se programan todas las actividades y controladores de velocidad en los vehículos. A diferencia del resto de los trabajadores la jornada de los supervisores no posee un régimen estricto de horas de trabajo, un supervisor de segmentación comentó: “…llego a las 8 por medio de los mails me avisan a vos te va a tocar este te va a tocar hacer una aislamiento… hay que volver a la planta de cemento, qué personal, qué equipo… suponte que te pidieron para las 6 de la tarde… 10 de la noche vos salís 4 o 5 de la tarde entraste a armar pero te citan antes para tener un margen de error tenés una hora para armar, dos horas más esperando que circulen el pozo tener hecho todos los controles, vos empezás a mandar el cemento, puede durar 2 o 3 horas la operación…”.

El estrés que genera este tipo de actividad es combatido de diferentes modos. La empresa por un lado, promueve el ejercicio del deporte en particular el fútbol o bien la asistencia a un gimnasio. O bien sugiere el control de la dieta de sus trabajadores porque la vida sedentaria provoca sobrepeso en muchos de ellos. Sin embargo, tal como mencionó uno de los entrevistados: “…todos andan empastillados, la mayoría de los compañeros míos andan con algún problema, los nervios, las tensiones, cuanto más arriba estás más presiones tenés…”.

Tal como sostiene Sennet: “A los trabajadores se les pide un comportamiento ágil; se les pide también —con muy poca antelación— que estén abiertos al cambio, que asuman un riesgo tras otro… Es totalmente natural que la flexibilidad cree ansiedad…” (Sennet, 2000: 10). En este sentido, los trabajadores petroleros sienten que experimentan el riesgo en forma permanente, y que su futuro es incierto.

La sobre carga de actividades lleva a que sean muy pocos los que pueden gozar del tiempo libre y las propuestas de recreación de la empresa. Al contrario —al igual que el resto de los trabajadores petroleros—, los supervisores consideran que “…después de varios años te cansa. Yo tengo la última categoría más arriba sería coordinador pero me tengo que ir y no quiero… en enero me querían mandar a E.E.U.U., en octubre me van a querer mandar a Venezuela… y no, los hijos no conocen a los padres y no me interesa eso…”.

Esta situación provoca que encontremos casos en que han decidido dejar una empresa que les ofrecía mayor retribución salarial, por otra con menor carga de estrés laboral. Esta característica del tipo de trabajo “flexible” al decir de Richard Sennet, es contraproducente para las empresas que actualmente compiten por los trabajadores en un contexto de excesiva demanda de mano de obra. Pero a la vez, los trabajadores sienten que de este modo se preparan para los cambios propios de una actividad económica expuesta a la vulnerabilidad por las crisis económicas. Tal como la crisis que debieron enfrentar entre 1998-1999 cuando miles de ellos fueron despedidos.

 

 

Algunas conclusiones

 

En el caso de los trabajadores petroleros de Comodoro Rivadavia el acceso a ingresos salariales elevados no significa una conquista a nivel de capital simbólico. Al contrario se produce un mayor desajuste/desacople entre capital económico y capital cultural, así como una profundización de la distribución en el espacio social caracterizado por las enormes distancias sociales. Esta situación también provoca un reacomodamiento a nivel social donde se evidencia un tipo de sociedad donde el grado de exclusividad de lugares de asistencia y consumo por parte de clases medias, no funcionan como tales dado que —sobre todo— para quienes se instalaron en la ciudad en los últimos años carecen del conocimiento de la historicidad de vínculos y relaciones de los nycs (nacidos y criados). De modo similar a la aldea Winston Parva analizada por Elías, no es la diferencia de ingresos económicos lo que indica el grado de conflictos, entre establecidos (nycs) y outsiders (vyqs), sino un conjunto de experiencias en común que los “recién llegados” a la ciudad desconocen.

En el caso comodorense, vemos cómo las miradas de prejuicio y estigma que concentran las clases medias hacia los petroleros, concentrada en sus mujeres; al interior es reproducida por ellos mismos, enfatizando la frontera de género por sobre la frontera de clase.

Otro de los procesos que está atravesando la ciudad es la serie de problemáticas sociales propias de áreas de grandes dimensiones poblacionales, tales como violencia urbana, delincuencia, entre otros problemas que en muchos casos se encuentran asociados al deterioro de lazos familiares, y no a carencias de empleo o de niveles de ingreso. En el caso particular aquí presentado de los petroleros, el régimen laboral que poseen con su incidencia en “el carácter” al decir de Sennet, sumado al tipo de sociabilidad que genera el tipo de trabajo que realizan, y sobre todo la ausencia de los marcos brindados en la “época ypefiana” por la agencia estatal, la capacidad de reflexividad interna se ve disminuida, conduciendo a la persistente reproducción de las desigualdades sociales.

 

 

 



[1] Este trabajo se enmarca en el Proyecto “Procesos de Legitimación de la desigualdad social en la Argentina Actual” Dr. Alejandro Grimson. PICT 2006 Nº 2021, (ANPCYT) /UNSAM 07/D1 2008-2010.

[2] Este trabajo –en parte- se inscribe en la línea de estudios culturales originada a partir del célebre estudio de Richard Hoggart sobre la clase obrera del norte de Inglaterra. El historiador inglés describió las características tempranas del efecto que provocaba el consumo en la clase obrera, y se ocupó –como en nuestro caso- de aquel sector obrero que si bien sobresalía al resto de los trabajadores por sus altos salarios, se distinguía sobre todo por un tipo de experiencia de vida caracterizada por la apatía sindical y el “vivir la vida” sin más (Hoggart, 1990).

[3] Los datos del último censo nacional arrojaron una cantidad de 135.632 habitantes en Comodoro Rivadavia. A fines de 2007, la Secretaría de Participación Ciudadana y Descentralización (Municipalidad de Comodoro Rivadavia) y un grupo de profesionales de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad San Juan Bosco, dentro de la “Descripción, caracterización territorial y delimitación de Unidades de Gestión Comunitaria (UGC)”, delimitaron la presencia de 198.546 habitantes en la ciudad.

[4] Uno de los entrevistados relató que en la primera entrevista de trabajo, se encontró con 80 candidatos y una secretaría preguntaba: “…nombre y apellido y: “Por quién venís”? No me mandó Chiquito, me mandó tal y así… claro por quién venís, me mandó tal… A otros los mandaba Mansilla, otros y así… Capurro también…”. Entrevista realizada a Joaquín Cortés, Comodoro Rivadavia, jueves 16 de abril de 2010.

[5] En relación a los salarios de los trabajadores petroleros se genera un debate recurrente por parte del resto de la sociedad comodorense, y paralelamente sus valores se constituyen en la meta del resto de los asalariados de la ciudad. Un capítulo aparte merece el tratamiento del impacto que poseen los salarios petroleros sobre otras ramas de la actividad indirectamente relacionadas con el petróleo, tal como los trabajadores de las obras de construcción en los yacimientos petroleros. En particular, el conflicto entre el sindicato de la UOCRA y los denominados “Dragones”, actualmente con representaciones sindicales diferenciadas y enfrentadas.

[6] La geografía de la zona urbana ubicada sobre la costa atlántica, generó la denominación popular de la ubicación espacial de los yacimientos “arriba” y “abajo” la ciudad.

[7] Aclaración: “subido como mazo”, significa asistir al trabajo en los yacimientos alcoholizados.

[8] Entrevista realizada a Joaquín Cortés, Comodoro Rivadavia, jueves 16 de abril de 2010.

[9] Fabián relató: “Si se ve que habían agarrado a un chico, sé quien estuvo haciendo la broma pero no sé a quién se la hicieron. O por ahí me lo dijeron pero no lo conocía porque yo recién entraba, yo era nuevo. Fue el primer año que entré… en si fue que parece que le bajaron los pantalones y le empezaron a hacer una masturbación. Y el chico se ve que gritaba…”. Entrevista realizada a Fabián Gómez, Comodoro Rivadavia, jueves 4 de agosto de 2010.

[10] El trabajo de investigación desarrollado por Analía García en yacimientos de Neuquén, manifiesta que los trabajadores petroleros coinciden en sostener que “el petróleo te embrutece” (García, 2009: 8).

[11] “Binorma” haciendo alusión a su supuesta homosexualidad.

[12] En base a las observaciones realizadas en el trabajo de campo y las múltiples historias que nos relataron trabajadores petroleros y sus esposas, las tarjetas y demás controles de seguridad están orientadas a que en casos de accidentes laborales, se responsabilice a los mismos trabajadores de no haber actuado bajo las normas correspondientes. Los riesgos también provienen de la vulnerabilidad de la propia actividad, por ejemplo, es muy reciente la instalación se sensores de gas sulfhídrico en los lugares de trabajo con petróleo, lo cual puede ser mortal si se emana en grandes proporciones.

[13] La primera vez que se hizo público el uso de diferentes tipos de drogas entre los trabajadores petroleros, en particular cocaína, fue a partir de una nota titulada: “La vida en el pozo, riqueza y pobreza de los petroleros”, por Damián Etchezar, en: Suplemento Extremo Sur, Comodoro Rivadavia, Julio-Agosto 2007, 8-11. A partir de la nota se generó una polémica en la cual participó el Secretario General del Sindicato de Petroleros Privados Mario Mansilla, a quien el mismo medio debió publicar una nota relatando las conquistas salariales del Sindicato, revalorizando la presencia de los trabajadores petroleros en la lucha sindical y en la vida económica de Comodoro Rivadavia, “Mansilla, líder de los petroleros, el Sindicato es el último poncho de los trabajadores”, por Cristian Aliaga, en Suplemento Extremo Sur, Comodoro Rivadavia, Marzo-Abril de 2008, 16-18. Sin embargo, a partir de estos hechos desde el Sindicatos mencionado se desarrollaron una serie de charlas informativas y jornadas acerca de las consecuencias en la salud por la utilización de distintos tipos de drogas.

[14] Entrevista realizada a Joaquín Cortés, Comodoro Rivadavia, jueves 16 de abril de 2010.