Hubo un día en que la historia nos dio la gran oportunidad de ser un país con gloria o un granero colonial. Pero faltó grandeza de tener buena visión por tapados de visón y perfumes de París. Quisieron de este país hacer la pequeña Europa. Gaucho, indio y negro a quemarropa fueron borrados de aquí...” 

Los Piojos, 1999.

 LAS FORMAS DE CONTROL SOCIAL

Una serie de reflexiones surgieron a partir de nuestras distintas investigaciones sobre la conformación de un orden socio-estatal en Patagonia Central, en el transcurso del período territoriano. En el presente artículo consideramos válido profundizar aquellos aspectos que enriquecen el conocimiento existente acerca de la asimilación, las formas de construcción de otredad y marginación de la población considerada indeseable. Los parámetros para definir dicha indeseabilidad  variaban de acuerdo al contexto y el ámbito en que interactuasen “los indeseables” con los representantes del Estado territoriano o de la elite regional.

Nuestro trabajo se inscribe en una línea de análisis que intenta “…señalar tanto las prácticas coercitivas de las dirigencias estatales y sociales como las prácticas de los sujetos sobre los que esta coerción se ejerció. Se habla de resistencias y de luchas, de negociaciones y de sumisiones”.[1]

Sostenemos que, a pesar de los intentos de aplicación de modelos homogeneizantes por parte del Estado Nacional, los marcos de las políticas nacionalizadoras acerca del “ser nacional” debieron ser readaptados y a la vez fueron resignificados a partir de las prácticas locales de los pobladores territorianos.

En la esfera educativa, el Estado territoriano en el ámbito rural, debió apelar a un sinnúmero de alternativas ante la imposibilidad de aplicar su esquema elaborado por las autoridades ministeriales ubicadas en Buenos Aires. En cambio, en el espacio urbano -tal como se presenta en Comodoro Rivadavia- las posibilidades de unir los intereses de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales con los de la educación salesiana, brindaron la concreción de una experiencia singular en cuanto al control de la sociabilidad de las familias trabajadoras.

 

CIVILIZANDO AL “INDIO” Y AL CHILENO EN PATAGONIA CENTRAL:

EDUCACIÓN, HIGIENE Y MORAL

Al incorporarse el territorio patagónico a la órbita nacional, se inició un proceso de territorialización por el cual el estado-nación argentino, marcó externamente los límites fronterizos y delimitó fronteras internas. Así, “…los “otros indígenas” son ubicados en lugares sociales interiores pero separados -en correspondencia con los lugares físicos de las reservas fiscales, colonias, misiones- a partir de procesos específicos de tribalización…”[2]    

Los pueblos originarios se constituyeron en objeto central de las políticas de homogeneización y control social por parte del Estado territoriano, siendo pensados y etiquetados como “indios chilenos”, en el caso de mapuches o “indios argentinos”, en el caso de tehuelches.[3] Sin embargo, pasar a formar parte del colectivo argentino, fue una pieza del proyecto civilizatorio que fue asumido por los agentes territorianos en múltiples sentidos. El de mayor urgencia estaba constituído por la necesidad de modificar los hábitos y estilo de vida del pueblo tehuelche y mapuche. En un documento oficial hacia 1931, figuraba:

“…si bien se ha conseguido su mansedumbre, en cambio, en cuanto a la civilización se puede decir que no han progresado absolutamente nada. () en las tierras que el gobierno les concede, levantan una o dos habitaciones, que en el mejor de los casos, algunos indios viven en ellas durmiendo sobre cueros, tirados en el suelo. () levantan un toldo de cuero, que es un foco de suciedad y dentro de él, en un espacio de 2 o 3 metros, viven amontonados, como verdaderos bestias, sin noción de moral, padres, hijos y perros, presentando un cuadro de lo más repugnante…”.[4] 

 

Estas representaciones contrastaban con los parámetros de progreso que se intentaba instaurar en el territorio chubutense. A diferencia de los pobladores de origen europeo, para los agentes estatales los pueblos originarios carecían de pensamiento capitalista:[5]

“Lo más que suelen hacer, es largar en un campo hermoso de una legua, unas 200 o 300 ovejas () La explicación de tal milagro, es el cuatrerismo en el que viven, carneando a veces animales finos, cuyo valor no son capaces de apreciar… entregar tierras al indio para que viva en ellas tranquilo… prolongará su estado de barbarie indefinidamente…”.[6]

 

Entre los agentes estatales se encontraban los inspectores de tierras encargados de sugerir o no el otorgamiento de la propiedad de las tierras,[7] paralelo al desarrollo de su tarea fueron construyendo diversas representaciones acerca de los habitantes del territorio chubutense. El discurso oficial de los funcionarios territorianos, recuperó el existente a nivel nacional, acerca de la visión de los inmigrantes de origen europeo, como  representantes de la “migración deseada” y la población nativa vinculada a la barbarie y la incivilidad. En la versión local de este discurso, los inmigrantes europeos aparecían como los deseados, frente a los “migrantes indeseados”, representados por chilenos y los pobladores “molestos”: tehuelches y mapuches.

En la situación de las comunidades tehuelches, podemos citar el caso de la tribu del cacique Quilchamal que residía en “El Chalía”. El funcionario nacional consideraba que el otorgamiento que realizó el gobierno nacional carecía de justificación, ya que la manera comunitaria no era el modo de vida adecuado para el desarrollo del progreso. El inspector sostenía:

“Durante la inspección pudimos comprobar el escaso prestigio y autoridad moral que tiene entre los individuos de su pretendida tribu (...) Tanto Quilchamal como los demás indígenas que se han mencionado, están enrolados, son analfabetos y no tienen hábitos de trabajo; a pesar de poseer todos ellos ganado lanar y vacuno, lo entregan en mediería a personas que no son indígenas y cuando mucho se reservan el ganado yeguarizo...”[8]    

Y para el caso de “indígenas chilenos”[9] tal como categorizaban los funcionarios argentinos a los mapuches, se emitían juicios donde se remarcaba la escasa sociabilidad del mencionado grupo.[10] La tarea de los inspectores de tierras era situar a los habitantes de la frontera en diferentes “posiciones” de acuerdo a diversas categorías tales como la raza y la nacionalidad. Ya que los inmigrantes europeos se correspondían con la población que la Argentina de la generación del ´80 deseaba atraer: blancos y laboriosos europeos. En cambio lo pobladores de tez morena pertenecían a algunos grupos de chilenos, de “indígenas chilenos” o de “indígenas argentinos”, tal como eran denominados e interpelados los distintos grupos.

Los inspectores eran los encargados de diferenciar socialmente el espacio de la frontera patagónica, de acuerdo al discurso dominante que contribuyó a lo largo del siglo XX a crear un campo de diferencia social[11],  alrededor del cual se estructuró una escala de alteridad que reproduce –con matices- la idea del indio-sucio-vago y en el otro extremo el blanco- progresista-ilustrado. De este modo los inspectores ponían en práctica su pertenencia a la administración estatal como poseedora de “…sistemas de categorización formalizados, codificados y objetivados desarrollados por instituciones poderosas y autoritarias… esto incluye el poder de nombrar, de identificar, de categorizar, de indicar qué es qué y quién es quién”.[12]

La Nación Argentina y en particular las líneas civilizatorias representadas por la frontera, se construyeron en contra de las minorías y en pro de la limpieza cultural.[13] Los inspectores instituían ciertas categorizaciones de interpelación y nominación que cobraban valor de acuerdo a otras categorías, empleadas también por otros agentes estatales. Pero también de acuerdo a las situaciones y contextos[14] donde se encontraban. En este sentido, indio tenía connotaciones diferentes según se refiriesen a las poblaciones indígenas que se encontraban en la cordillera, la meseta u otro espacio del territorio chubutense. 

Sin embargo, si bien los inspectores de tierras resaltaban la presencia de los migrantes europeos y argentinos, sobre chilenos e indígenas,[15] no eran los migrantes de ultramar por su condición de tales los beneficiados por las políticas de tierra estatales. Por el contrario, donde no se repararon en medidas benéficas fue con las grandes Compañías de Tierras, las estancias ganaderas británicas[16]  o el emporio perteneciente  a los Menéndez Behety.

Los inspectores de tierras, provenientes de la Capital nacional, poseían una serie de parámetros a partir de los cuales clasificaban a los pobladores de acuerdo a diversos ítems, que consideraban en algunos casos fundamentales. En este sentido podemos citar el caso de los galeses de la Colonia 16 de Octubre, quienes en general daban cuenta de las mejoras realizadas en sus predios, y satisfacían las expectativas de “progreso” tal como indicaban los inspectores[17], revalorizando los cambios en cuanto a la asimilación que demostraban los migrantes galeses -lo cual los alejaba de los primeros tiempos de reticencia en el Valle del río Chubut- de la Colonia 16 de Octubre.[18]

Las apreciaciones negativas estaban reservadas para los migrantes indeseables representados por los pobladores chilenos. Podemos citar una innumerable cantidad de casos similares al siguiente:

“Doña Emperatriz Rodríguez ocupa una porción del lote a que nos referimos desde hace 5 años y anteriormente desde 1900 ocupó una fracción del lote fiscal 21, situada al Norte del lote de que se trata en este informe. Esta anciana, chilena es una mujer de dudosa moralidad y según sus propias manifestaciones, son varios los hombres con quienes ella ha vivido, en compañía, habiendo llegado a tener dificultades hasta con los compañeros de su propia hija. NO solicita el campo que ocupa. Cerca del esquinero Este del lote y sobre la margen derecha del río Percey hemos encontrado la población de doña Mercedes Muñoz viuda de Díaz, anciana, madre de Carmen Díaz, Juan Díaz y Reinaldo Díaz, todos chilenos de pésimos antecedentes. Cuando se realizó la inspección de esta población, la nombrada manifestó su propósito de ausentarse a Chile por encontrarse enferma. No solicita el campo que ocupa”.[19]

 

Los inspectores consideraban, que en bien del progreso se debía terminar con el “elemento indeseable”, que en definitiva ni siquiera demostraba interés por obtener las tierras que habitaban (lo cual atribuían a la ignorancia de los chilenos), consideración contradictoria si tomamos en cuenta las opiniones que tenían los funcionarios argentinos, de las cuales los chilenos tenían conocimiento por las persecuciones que sufrían en todos los lugares de la frontera donde se ubicaban. Paralelamente al desprestigio del “elemento indeseable” se producía la ponderación de los pobladores argentinos o provenientes de algún país europeo.[20] Prácticamente -en el caso de los informes de inspectores de tierras- no hay casos donde se citen pobladores indígenas, lo cual hace pensar que tal como en las planillas de Censos nacionales, los pobladores mapuches fueron considerados como chilenos. Como ha señalado Hernán Otero[21], además de las campañas militares, el “problema indígena” fue suprimido por una operación de desaparición estadística que promovía la exaltación del rol  jugado por los inmigrantes europeos, licuando la presencia de los pueblos originarios.

Esta serie de representaciones construídas por parte de los agentes estatales consideraban la emergencia de concretar las políticas asimilacionistas provenientes del modelo educativo nacionalista y de instrumentos higiénicos orientados ambos a lograr no sólo la instrucción de aborígenes y chilenos, sino principalmente su incorporación como argentinos moralmente “sanos”, promoviendo la modelación corporal de aborígenes y chilenos. En el caso de los pueblos originarios, una de las soluciones propuestas fue:            

“…tratar de agruparlos en lugares convenientes, fiscalizando su vida, al indio viejo dejarle una relativa libertad hasta que desaparezca, pero eso sí, a las nuevas generaciones instruirlas hasta que el indio alcance una edad conveniente (14 o 15 años) y se lo pueda enviar a otras partes de la República a fin de hacer de ellos mecánicos del Ejército o Armada, Sub-oficiales, peones de estancia () mezclándolos con gente civilizada, se termine su actual vida de salvaje. Esta idea podría hacerse efectiva mediante especies de reducciones a cargo de órdenes religiosas…”.[22]

 

Para el caso de los chilenos, el Estado planteaba la necesidad de “correrlos” y que volviesen a sus lugares de origen.[23] La mayor parte del esfuerzo argentinizador se abocaba a los pueblos originarios, dado que se los consideraba “maleables” y capaces de ser integrados a la nación argentina. 

En el caso del Territorio Nacional del Chubut, a diferencia de otros grupos como los indígenas y los chilenos, los galeses eran los “verdaderos representantes” de la civilización en la frontera con Chile,[24] tal como lo indicaba un funcionario del Ministerio de Educación de la Nación, de visita por el Valle 16 de Octubre:

“Tres son los elementos que constituyen la población de esta comarca: el Británico, el Chileno y el Indio. Estos tres elementos no se confunden aún, tienen sus peculiaridades que los separan y distinguen, siendo lo único común la ocupación en la ganadería. El inglés con su casa de adobe, ventanas con vidrios, carros llamados vagones y sus corrales de alambre.

El chileno con su casa al estilo de su patria, de fuertes trozos de madera, entrelazados de vigas, de una solidez a toda prueba y su chacrita que flanquea la vivienda, donde cosecha trigo y papas y cultiva sus cebollas (chalotas), verduras, etc.

Por último aparece el indio en su ruca (toldo) de pieles y palos con ganchos, todo sucio...

Forma un contraste notable, para el viajero que se dirige al centro de la colonia 16 de octubre, bajando por el vallecito Boquete Nahuel Pan, de los toldos miserables del indio, donde vense niños sucios, haraposos, pelo largo y en desorden, pasa a las moradas del galense cuyos niños son bien limpios y arreglados. Diríase que tiene a la vista la civilización y la barbarie sin derramarse la una en la otra...

(...) [los indios] carecen de las nociones más elementales, desconocen la gratitud y el respeto, bajo todas sus manifestaciones y tienen un carácter rencoroso, indolente y desconfiado...”[25]

 

Británico, inglés y galense[26] son las tres denominaciones que recibió el galés, indistintamente, por parte de las autoridades nacionales. Las distinciones no estaban claras, pero todas servían para oponerlo al indio y al chileno.

Los galeses eran los únicos que distinguían diferentes tipos de comportamiento de acuerdo a si se encontraban en la esfera íntima del hogar o bien de la pública cada vez que debían interactuar con el resto de los habitantes fronterizos. Los agentes estatales veían como emergencia que el resto de los habitantes de la frontera ajustasen su comportamiento a los parámetros de civilidad que el Estado esperaba de todos los habitantes del territorio. En este sentido, la educación cumplió un rol trascendental en el hecho de inculcar “los miedos” necesarios para que los niños/as chilenos e indígenas comenzasen a regular su comportamiento.[27] Es decir, en la escala de alteridad del gobierno territoriano los chilenos eran ubicados en un punto intermedio entre el galés y el indígena. Por lo tanto la tarea civilizatoria se abocará principalmente sobre este último. El indígena con el que trataban los docentes e inspectores del Consejo Nacional de Educación (C.N.E.) eran vistos en una situación de salvajismo e infantilismo. En este sentido, podemos observar la manera en que los agentes estatales se ubicaban desde un lugar de poder que contribuía a establecer actuaciones de racialización, como forma social de marcación de alteridad.[28]

El inspector del C.N.E. estableció una categorización de ambos tipos de habitantes de la frontera, a partir de una oposición binaria, donde galeses e indígenas se oponen del siguiente modo:

 

                                              

Galeses

             Indígenas

Viviendas

“modernas”

toldos miserables

Niños

Limpios, arreglados

sucios, haraposos

Modales

buenos

corteses

Irrespetuosos

Desconfiados

           

 

Para el inspector era la oposición y representación del ORDEN vs. el DESORDEN, de la CIVILIZACIÓN vs. la BARBARIE. Contra el desorden y la barbarie debían orientarse todas las luces de la educación. Las opiniones y escritos del C.N.E. eran leídas por todos los/as maestros/as de la frontera, por lo cual podemos deducir la fuerte influencia que tenían estas representaciones sobre la manera en que encaraban la educación de los “tipos” de poblaciones de la frontera. [29]

En este sentido, los docentes tenían a cargo la implementación de un doble arbitrio cultural, dado que al decir de Bourdieu, la acción pedagógica dominante tiene la función de mantener el orden, ya que tiende por la inculcación o por la exclusión a imponer a los miembros o clases dominadas el reconocimiento y la legitimidad de la cultura dominante, y hacerles interiorizar disciplinas y autocensuras[30]. La clasificación establecida por los agentes estatales docentes contribuía a afianzar las fronteras sociales entre “los elegidos” y aquellos que no lograban trascender en el espacio escolar a través del trabajo intelectual.

También se realizaron una serie de experiencias educativas que incluyeron a los niños/as chilenos/as, los cuales fueron -indirectamente- “beneficiados”. Me refiero a la conformación de las “aldeas escolares” o “escuelas granjas” propuesta por Miguel Ángel Cárcano[31], quien fuera Ministro de Agricultura durante el gobierno del Presidente Agustín P. Justo. Esta modalidad educativa tenía como objetivo fundamental la enseñanza de las actividades relacionadas con lo agropecuario, además del fortalecimiento de los vínculos con el espacio rural, para evitar las migraciones a las ciudades. Aunque el proyecto fue pensado originalmente para pobladores argentinos, se solicitaba tener -al menos- hijos/as argentinos/as en edad escolar, de este modo se realizaba la entrega transitoria de la propiedad de las tierras agrupadas alrededor de la escuela.

De este modo, se crearon dos escuelas: una de ellas en Los Cipreses en 1922 y la otra en la denominada Aldea escolar durante el primer gobierno de Perón.[32] Si bien esta posibilidad significó poder evitar los desalojos forzosos a los cuales se veían sometidos los pobladores chilenos, los proyectos tuvieron una serie de inconvenientes con el traspaso que debía hacerse a otras familias con hijos en edad escolar,  ya que las hectáreas otorgadas en préstamo por el Ministerio de Educación de la Nación fueron transferidas en diversas oportunidades a familiares, amigos o nuevos pobladores.

En el proyecto original el director oficiaba como una autoridad que debía distribuir las tierras a quienes poseyeran hijos en edad escolar, certificado de buena conducta y preferentemente argentinos.[33] Además de oficiar como mediador ante conflictos entre los vecinos, y encargado de la organización de todo tipo de actividades con los pobladores.[34] La modalidad de “escuelas-granjas” o “aldeas escolares” era una estrategia útil para el control de las poblaciones chilenas por parte de los agentes estatales, en cambio esta situación era distinta en aquellos lugares donde los hogares de los niños/as que asistían a la escuela se encontraban dispersos por el campo.

De igual modo, maestros y directores cumplían con las denuncias de desorden e indisciplina de la población chilena y alertaban a las autoridades del Territorio Nacional ante cualquier potencial “infiltración” de chilenos.[35] La década del ´30 fue escenario de una gran cantidad de persecuciones contra quienes eran sospechosos de actuar en favor del gobierno chileno.[36] Existen abundantes registros sobre el control de absolutamente todas las actividades de chilenos o extranjeros vinculados con ellos por parte de la Policía, principalmente de las poblaciones ubicadas en las cercanías del espacio fronterizo, tal como Río Grande. Los chilenos que habitaban el lugar hacia 1937, eran calificados como intrusos, en razón a que las tierras estaban reservadas para construcciones militares y, por lo tanto, eran fiscales. El director de la escuela caracterizaba a la población como: “...compuesta por unas 600 personas en su totalidad chilena, inculta, indolente y reacia a toda labor honesta (...)  Para ellos, la Patagonia es parte integrante del suelo chileno y la ocupación por parte de ese país es cuestión de poco esfuerzo y tiempo”.[37]

La idea de Patria que subyacía a los nacionalistas que opinaban acerca de los Territorios Nacionales, estaba vinculada a la postura de Patria proveniente de la Revolución Francesa, a la patria debía dirigirse toda la lealtad y la renuncia a marcos y unidades preexistentes.[38]

Sin embargo, para otros pensadores, aún faltaba adecuar la educación a la realidad que se vivía en los territorios del sur, este es el caso de José María Sarobe un militar nacionalista que escribió varios ensayos sobre política y educación en el sur argentino. Para Sarobe era necesario resolver el problema educacional mediante un acondicionamiento: “...al panorama geográfico nacional, es decir, a la conformación económica, al carácter de sus habitantes y a las características físicas y sociales de la Argentina[39]. Para este Coronel del Ejército las denominadas “Escuelas de campaña” no habían dado los frutos necesarios, por eso su propuesta giraba en torno a vincular a los niños/as al medio del cual provenían con una propuesta alternativa que funcionaría sobre todo en el espacio fronterizo: la implementación de Internados donde los alumnos residirían cerca de su lugar de origen pero inmersos en un ambiente educativo de carácter técnico-práctico. Obviamente al igual que el resto de quienes pensaban en la educación de los Territorios del sur, Sarobe consideraba que el maestro (varón) debía ser competente en conocimientos técnicos y por supuesto de intachable patriotismo.[40]

Las ideas de Sarobe estaban en connivencia con el pensamiento nacionalista de derecha que se difundía desde diversos ámbitos sobre todo desde la Capital Federal, en donde se sostenía que la educación debía ser uno de los pilares de la lucha contra la conspiración judía, chilena y del imperialismo inglés en la Patagonia. Los residentes chilenos asentados en Patagonia eran uno de los mayores exponentes de esta corriente antipátrida, eran la quinta columna, el caballo de Troya de la futura invasión, cada uno de los chilenos cumplía una misión especial de su gobierno.[41]

Esta situación se acrecentaba en las zonas fronterizas, por ende para los nacionalistas era urgente planificar políticas especiales para estos espacios,  dado que el “tipo étnico” que aquí se estaba formando, no respondía al proyecto de colonización heredero de las Generaciones del ´37 y del ´80. La Comisión de la Cámara de Diputados que realizó una excursión por la Patagonia, consideró que: “...Es necesario acercarse a la cordillera para encontrar escolares desnutridos, de un tipo racial inferior, muchas veces con las taras del alcoholismo hereditario”.[42] Para los legisladores en los casos donde en las aulas predominaban los niños/as de tez blanca, se producía una excepción a la situación planteada (“La Colonia”).

Por lo tanto, los maestros/as asentados en el borde de los territorios nacionales representaban -en ausencia del Ejército- los agentes encargados de diferenciar los tipos de habitantes fronterizos, y en el caso de quienes se encontraban en la zona de Río Mayo, marcar los distintos grados de pertenencia al suelo patrio. En este sentido, los maestros agradecían a los afanados tehuelches por oposición a los “indígenas chilenos” y chilenos que no tenían claro los límites de la nación que los cobijaba.

Elevar la moralidad en el Territorio Nacional del Chubut era una de las mayores preocupaciones por parte de los agentes estatales. Los alumnos/as “argentinos” debían constituirse en “fuerzas morales” capaces de promover y sostener el nacionalismo en Patagonia[43] y para ello, más que conocimientos, el maestro/a debía poseer conducta moral. Por este motivo, frente a maestros solteros que provocaban la reticencia de padres de niñas en edad escolar, el gobierno territoriano prefería: “…maestros casados () conviene ayudarlo pecuniariamente, haciendo que la esposa o el esposo, según quién sea el maestro con título, previo un examen de idoneidad, fuera nombrado auxiliar…”.[44]El disciplinamiento de las conductas corporales era uno de los mayores objetivos que se proponían las autoridades escolares, y la escuela territoriana debía ser modélica en cuanto a impartir una imagen de moralidad y dominio de los impulsos. [45]

Sin embargo, las dificultades para cumplir con los propósitos del C. N. E. eran numerosas, al igual que en otros lugares de Patagonia. Influían en el escaso éxito del proyecto educativo, las distancias entre un centro poblado y otro, el escaso presupuesto educativo y la falta de personal capacitado, edificios y equipamiento escolar.[46]

Estas limitaciones materiales, sumadas a los inconvenientes de los pobladores territorianos para enviar a sus hijos/as a la escuela, eran condiciones que provocaban el escaso cumplimiento de los años de escolaridad o el abandono sistemático de la asistencia a la institución escolar. En el caso de Pedro: “…el Maestro Quiroga en el año 38 por ahí, después estuve en Facundo en una escuelita de adobe, después estuve en una sala ahí, más de chico estuve ahí diez años más o menos fui a la escuela, me mandó un viejo del campo me mandó a la escuela con una parienta mía, pero me portaba mal, me daban de comer, comía  estuve un mes nomás”.[47]

Por estos motivos, la opción por los Internados escolares permitía cumplir con los objetivos básicos de modelación corporal. Mónica Baeza -desde una perspectiva foucoultiana- refiere a este tipo de instituciones, como un espacio: “…preparado para ejercer sobre el niño una educación total, se puede disponer de la libertad de la persona y de su tiempo. Se considera que el poder de la educación puede regular para el hombre el tiempo de vigilia, sueño, actividad, reposo, número y demarcación de las comidas, el tiempo de oración, el uso de la palabra…”.[48]Sin embargo, debemos considerar que, tal como expresa David Le Breton: “El individuo habita su cuerpo de acuerdo con las orientaciones sociales y culturales que lo atraviesan, pero vuelve a representarlas a su manera, según su temperamento y su historia personal”.[49]

Por este motivo, a pesar de los esfuerzos homogeneizadores, mapuches, tehuelches, chilenos, chilotes y demás grupos sociales del territorio chubutense, continuaron manteniendo sus rasgos diferenciantes producto del contacto y la interacción en el espacio social. En cambio, el éxito fue mayor en cuanto a la conformación de un cuerpo disciplinado de mano de obra, de la cual los grupos subalternos pasaron a constituírse en sus principales representantes. En este sentido, la institución policial también orientó su accionar.[50]

 

LA INSTAURACIÓN DEL ORDEN EN COMODORO RIVADAVIA: HUELGUISTAS, PROPAGANDISTAS, SUBVERSIVOS Y COMUNISTAS

Si los pueblos originarios fueron objeto de políticas estatales que tendían a la homogeneización y control social, buscando modificar hábitos y estilos de vida en pro de su limpieza cultural, en este apartado analizaremos las vías puestas en práctica por el Estado para abordar la creciente presencia de elementos considerados subversivos en los yacimientos petrolíferos con gran concentración obrera, como era el caso de Comodoro Rivadavia.[51]

En los yacimientos del sureste del Territorio chubutense la policía era la principal agencia estatal que tendría a su cargo el rol de controlar y reprimir a los obreros considerados peligrosos por sus adhesiones ideológicas. En Comodoro Rivadavia, dado su carácter de centro de la explotación petrolífera de la Patagonia, la policía tenía la misión de luchar contra adherentes al comunismo en pro de la salvaguarda de “los altos intereses de la nación”, tarea que no cumplían otras policías sureñas.

Ante una nueva huelga desplegada en 1914, que evidenció tanto la inoperancia de las fuerzas policiales por un lado, y la cada vez más necesaria profundización de los aparatos de represión a partir del incremento de las tensiones laborales, YPF se vio en la necesidad de recurrir a tropas de la Marina de Guerra asentadas en la zona. Asimismo, ante la organización sindical de los trabajadores, nucleados en la Federación Obrera Petrolífera (FOP), la empresa estatal comenzó a considerar que la vigilancia y control de las actividades de los trabajadores debía estar a cargo de miembros del Ejército. De modo que la actividad sindical de los obreros demandó medidas que tendieron a construir un sólido aparato de control estatal en el yacimiento y el primer paso dado en este sentido lo constituyó la creación de la Comisaría de YPF en 1916.[52] Desde ese momento, tanto el personal policial como las autoridades de la empresa se complementarían para castigar todo tipo de desorden.[53]

Durante el denominado período mosconiano,[54]luego de la etapa de mayor tensión entre trabajadores e YPF, aparecerían un conjunto de políticas sociales destinadas a lograr un riguroso control hacia el interior de la comunidad obrera. La reorganización de YPF en 1922 estuvo a cargo del Coronel Enrique Mosconi, quien desplegó una serie de medidas tendientes a aplacar los conflictos obreros, a través de políticas de bienestar y de nacionalización de la mano de obra. La promoción de los migrantes norteños y la construcción de una simbología integrativa ayudaron a desarticular la combatividad de los trabajadores,  permitiendo un sentimiento de identificación con las modalidades socio-laborales propias de YPF.[55] El Estado se manifestaría como empleador y regulador de las relaciones laborales y sociales, incursionando activamente en el mundo de los trabajadores fuera del trabajo, buscando desarticular las posibilidades de cristalización de grupos contestatarios. En el marco de estos nuevos lineamientos ejecutados durante la dirección de Mosconi, los espacios de socialización y esparcimiento de los trabajadores y la zona del pueblo de Comodoro Rivadavia (que para la Administración de YPF debía ser vigilado y patrullado, dado que cobijaba una vida licenciosa representada por burdeles y prostíbulos[56]), eran ámbitos que no estaban fuera del poder regulador de los funcionarios, quienes buscaban consolidar una comunidad trabajadora fuertemente integrada a los objetivos de la empresa estatal. Las actividades de los trabajadores durante su tiempo libre formaba parte de una creciente preocupación de las administraciones de los yacimientos petrolíferos. La sociabilidad, la unión de voluntades o los simples intentos de organización de los trabajadores, se constituían en alarmas que amenazaban con quebrantar el orden dispuesto por las distintas administraciones de los campamentos petrolíferos. Pronto se hizo necesario para los administradores de YPF y de otros yacimientos petrolíferos de la Patagonia[57] la moralización y argentinización de estos sectores, asumiendo al deporte (particularmente el fútbol) como una de las vías destinadas a tales fines.[58]

Con el transcurrir de la década del 30, en los yacimientos petrolíferos de Comodoro Rivadavia comenzarían a surgir diferentes demandas por parte de los trabajadores, que dieron lugar a las importantes huelgas de 1932 en los campamentos de Manantial Rosales, Diadema Argentina y Compañía Ferrocarrilera de Petróleo. Para la resolución del conflicto, el gobierno nacional ordenó el envío de buques para la posterior deportación de los “cabecillas” y el despliegue de la feroz represión policial, según expresiones de la prensa.[59] A los problemas de organización que arrastraba la institución se sumaban las constantes denuncias de atropello policial:

Los diversos conflictos obreros están tomando un cariz grave. La policía ha procedido al cierre de los caminos reales, abrogándose autoridad de que carece, niega toda clase de informaciones a la prensa, (…) y crea (…) una atmósfera propicia a toda clase de alarmas (…) las diversas huelgas se desarrollan dentro de un marco de tranquilidad y respeto por parte de los obreros (…) En cambio, la actitud policial viene siendo desmedida, (…). Los culatazos y rebencazos menudean y la intranquilidad va cundiendo en el campo obrero (…) La policía ha prohibido terminantemente las reuniones de obreros, (…) los que huelgan deben permanecer encerrados en sus habitaciones.[60]

 

Si bien el movimiento obrero comodorense comenzó a reagruparse y adquirir protagonismo a partir de la labor de articulación de fuerzas, promovida por militantes comunistas arribados a la ciudad en 1932, el mismo distaba de generar la anarquía social que tanto denunciaban algunos sectores de la sociedad. En este sentido, es clarificadora la declaración del alto mando policial al Ministerio del Interior. En mayo de 1933, ante los rumores insistentes que le asignaban proporciones peligrosas a algunos atentados de supuesto origen comunista, el jefe de Policía manifestó que no desconocía la existencia del comunismo, “cuyas actividades en Comodoro exigen siempre una atención preferente de la policía del Territorio”.[61] Pero si bien el comunismo tenía una presencia real en Comodoro Rivadavia y en los Yacimientos,[62] distaba de poseer la capacidad de instalar un nuevo soviet, como así lo creían ciertos notables de la localidad.[63]

Esta preocupación por la difusión del comunismo entre los trabajadores, estaba en sintonía con la intensificación de las medidas de represión a nivel nacional. Durante los gobiernos de José Félix Uriburu y Agustín P. Justo, se produjeron detenciones de militantes, allanamientos de locales y clausura del periódico del partido, espantados ante la propagación del “veneno comunista” que amenazaba con dispersarse por toda la población del país, y reflejando el clima anticomunista en ascenso. En el territorio chubutense, también se expresaban este tipo de temores. En una nota dirigida al Gobernador del Territorio Don José Manuel Baños, el Jefe de Policía sostiene:

 

“Elevo a su conocimiento, varios informes reservados que he recibido de los Comisarios de Yacimientos Petrolíferos Fiscales y Comodoro Rivadavia, sobre actividades comunistas, los que ilustran el criterio de V.S. Confirma el informe que hace el Comisario de Yacimientos, el hecho de que en Trelew, hayan aparecido carteles de propaganda disolvente y se me anuncia que en Gaiman ha ocurrido otro tanto (...). estos hechos demuestran que el comunismo ha intensificado su propaganda en el Territorio, lo que en mi concepto entraña un verdadero peligro, al que se le debe poner coto.(...). Como estos propagandistas constituyen una de las tantas formas de la vagancia y además son peligrosos por las ideas que propagan, teniendo en cuenta que en la zona de Comodoro Rivadavia pueden causar disturbios y daños, es que creo se debe tomar alguna medida para repatriar a su país de origen o por lo menos se saquen de Comodoro Rivadavia estos elementos indeseables, salvo su mas elevado criterio”.[64]

 

Lentamente se fueron articulando alrededor de las nociones de orden y patria sectores que promovían el anticomunismo, el nacionalismo, el catolicismo, el militarismo, alarmados ante la amenaza bolchevique siempre caracterizada como un fenómeno foráneo y extraño a la comunidad nacional[65]. Estos contenidos, sumados a la improvisación y límites materiales de las fuerzas policiales, otorgaron la justificación necesaria a varios de los sectores notables de la región para demandar la presencia del Ejército.[66]

Como hemos visto, el tratamiento estatal del comunismo y la militancia obrera en los yacimientos combinaba control, represión y deportaciones; pero también se pusieron en práctica políticas de largo plazo para alcanzar la ansiada “regeneración” de los trabajadores. A fines de la década del ’20, los funcionarios de la empresa estatal encontrarían otra vía para contrarrestar las influencias peligrosas que atentaban contra el orden en los yacimientos: nos referimos a la educación salesiana. En dicha congregación también residía la inquietud ante la moralidad de los trabajadores, expresándose la intención de acabar con la creciente influencia del socialismo y el anarquismo en el movimiento obrero a través de la difusión y defensa de los principios católicos entre los trabajadores. En 1929 los salesianos fundarían el Colegio Deán Funes, contando para los primeros años de existencia con la ayuda del General Mosconi, a través de la Dirección de YPF. La congregación se ocuparía de la disciplina de los niños mediante la educación para el trabajo, convirtiendo a los jóvenes en fuerza apta para ser incorporado al sistema productivo de YPF.

Estos vínculos cada vez más permanentes motivaron que a lo largo de los años los hechos más significativos de la vida escolar estuvieran unidos indefectiblemente a las acciones de la empresa estatal.Tanto en las celebraciones católicas, como en donaciones, pago de sueldos, informes sobre las calificaciones y premios a los alumnos, es posible observar la presencia de altos funcionarios de la empresa estatal y de la Institución militar. Esta coincidencia en el interés de promover la “argentinización” y “moralización” de los obreros hizo que en los años más conflictivos del movimiento obrero, manifestada a través de la huelga desplegada en 1917, los salesianos intervinieran directamente en la resolución del conflicto.[67] Con el liderazgo de Mosconi dentro de la empresa estatal, comenzó a consolidarse nítidamente un discurso legitimador de los principios de autoridad, respaldado en fórmulas de sentido que asimilaban las posiciones de dominación y el cumplimiento de las normas con el “servicio a la Patria”, la “soberanía nacional” y el “interés colectivo”.[68] Estos valores, sumados a una moralidad cristiana, son los que van a hacer coincidir la obra salesiana con Mosconi.[69] En este sentido, la Escuela de Artes y Oficios, inaugurada en 1937 con el anhelo de fomentar la educación industrial de los hijos de los empleados y obreros, impondría valores morales y pautas disciplinarias dirigidas a obtener individuos dóciles y trabajadores tal como lo requería la industria petrolífera[70] cuestión que fortaleció los lazos entre las dos instituciones a través de una serie de contraprestaciones[71]. En el acto de inauguración de la mencionada Escuela, el Ingeniero Ricardo Silveyra afirmaba en su discurso:

 

“...en adelante saldrán de aquí artesanos preparados teóricamente y podrán hacer su práctica en esta enorme fábrica de la Nación; realizaremos el ideal del nutrido celebro (sic) y del educado músculo, vigorosos en todo sentido para orgullo de YPF y para el bien de la patria; tendrán pues educación gratuita todo el tiempo que dure el aprendizaje, bajo la dirección de los Padres salesianos que infundirán en esta obra el espíritu de Don Bosco (...) Esperamos que nuestros jóvenes formarán familias cuyas tradiciones serán honrosas para el país y cuyo lema se encierra en las palabras: DIOS, PATRIA Y HOGAR. Y que en cualquier parte en donde se les vea, se les pueda reconocer por su porte y corrección, con el distingo de ser uno de los que trabajan en YPF”.[72]

 

Las escuelas profesionales constituyeron uno de los pilares de las estrategias educativas de la congregación salesiana que le permitía consolidar la presencia católica en la vida pública. Se trataba de institutos destinados a la formación de obreros cristianos perfectamente instruidos en el trabajo y aptos para ser más tarde capataces y jefes de taller. La enseñanza técnica en el discurso de la Iglesia tenía el sentido de evitar, a través de la dignificación del trabajo (sobretodo el trabajo manual) la seducción del pecado, del vicio o la subversión ideológico política capaz de acrecentar el conflicto social.[73]

La actividad deportiva estuvo siempre asociada a la pedagogía salesiana que perseguía una finalidad moral y religiosa, de allí que“el deporte, la actividad física en sus innumerables expresiones, se constituyó en uno de los principios esenciales del método preventivo. La actividad lúdico-deportiva estaba puesta tan alto y valorada hasta tal punto, que de ella se hacía depender no solo el buen funcionamiento de la escuela sino también la vida religiosa de los niños”.[74] Los salesianos creían firmemente en la efectividad del deporte en la construcción de una identidad salesiana y como vehículo formidable de valores.[75] El adolescente era visto con cierta aprensión  y sospecha, al cual constantemente era necesario inculcarle un autocontrol de sus pasiones. Es por ello que el aplacamiento de aquellas conductas consideradas alejadas del canon pedagógico de los salesianos era el objetivo principal del disciplinamiento de los jóvenes alumnos y futuros trabajadores.

 

A MODO DE CIERRE

El análisis del control social ejercido por los representantes de las distintas agencias estatales ubicadas en el espacio rural y urbano del Territorio Nacional del Chubut, nos permitió acercarnos a las características que adquirió el proceso civilizatorio en contextos alejados de la Capital Federal desde donde se elaboraban las políticas socio-culturales.

A lo largo del artículo intentamos mostrar el carácter dinámico y cambiante de los marcos que definieron las prácticas e identificaciones locales, proceso en el que intervinieron múltiples elementos tales como, el accionar de los agentes estatales nacionales y locales, como así también las resignificaciones u oposiciones y rechazos por parte de los agentes fronterizos, a los modelos asimilacionistas y de control generados en su mayor parte desde el centro de la nación.

Pero esto no implica desconocer las resistencias que partían de los actores sociales a quienes se pretendía controlar y disciplinar. En el caso de la ciudad de Comodoro Rivadavia, a pesar del estricto control y las medidas represivas impuestas, los trabajadores petroleros no dejaron de tener como horizonte la conquista de derechos laborales y el ejercicio de una cultura propia. Si bien los conflictos sociolaborales que se desarrollaron durante las primeras décadas del siglo XX en las comunidades obreras tuvieron un carácter episódico y discontinuo, sin llegar a conformarse y fortalecerse una organización gremial[76], a partir de la sociabilidad los trabajadores construyeron una cultura alternativa[77] que les permitió instalar en el espacio público una agenda que respondía a sus demandas e intereses. En el espacio rural, chilenos y diferentes grupos aborígenes fueron objeto de proyección de la ideología moralizante decimonónica. Sin embargo, la implementación del modelo nacionalizador no estuvo exento de dificultades, cuestión que revelaría la necesidad de readaptación a una geografía dinámica e imprevista para los agentes estatales. Estos límites favorecían a parte de la sociedad civil,  que aprovechaba las diversas grietas originadas por la falta de una reglamentación clara y una organización eficiente, para eludir, confrontar o escapar al orden instituído.[78]  En el transcurso de la etapa territoriana se sentaron las bases de lo que más tarde se constituyó en políticas concretas, tales como el “encerramiento” de los niños-as de las comunidades aborígenes en instituciones escolares denominados “Internados”, así como el despojo de las tierras por parte de sectores dominantes regionales que contaron con la connivencia estatal.

 

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            [1] DI LISCIA, Maria Silvia y BOHOSLAVSKY, Ernesto (Editores). Instituciones y formas de control social en América Latina 1840-1940. Una revisión. Buenos Aires. Prometeo Libros. 2005. Pág. 13.

[2] DELRIO. Walter, Memorias de expropiación. Sometimiento e incorporación indígena en la Patagonia, 1872-1943.Buenos Aires. Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes. 2005. Pág. 19.

[3] Este proceso es denominado por Claudia Briones como formaciones nacionales de alteridad: “...tales formas no sólo producen categorías y criterios de identificación /clasificación y pertenencia, sino que -administrando jerarquizaciones socioculturales- regulan condiciones de existencia diferenciales para los diferentes tipos de otros internos que se reconocen como formando parte histórica o reciente de la sociedad sobre la cual un determinado Estado nación extiende su soberanía”. BRIONES, Claudia (coord). Cartografías Argentinas. Políticas Indigenistas y Formaciones Provinciales de Alteridad. Antropofagia. Buenos Aires. 2005. Pág. 20.

[4] Chubut. Gobernación. R / Documentación gira de inspección realizada por el Sr. Gobernador en todo el territorio. Ministerio del Interior, Nº 08446, Letra C, 25 de Abril de 1931, Archivo General de la Nación (en adelante AGN).

[5] A esta representación debemos sumar la percepción de estancieros, funcionarios judiciales, algunos sectores de la Iglesia, que se oponían a la entrega de tierras al indígena hacia principios de siglo XX, “…entendiendo que las mismas no sólo no aceleran el proceso civilizatorio sino que, por el contrario, incentivan la conducta delictiva de los indígenas; por lo cual se aboga por el disciplinamiento social a través del trabajo y de la religión como forma de integración”. MASES, Enrique. Estado y cuestión indígena. El destino final de los indios sometidos (1878-1910). Buenos Aires. Prometeo libros/ Entrepasados. 2002. Pág. 164.

[6] “Civilización del aborigen”, en: Documento Nº 08446. Letra C… Op. Cit.

[7] José recuerda las visitas de los inspectores al campo de su padre ubicado en el límite con Chile: “Venían los inspectores de tierra tomaban todos los datos y hacían el expediente y lo llevaban a Bs As y estudiaban si le daban el arrendatario o no, de titulo ni se hablaba creo que por año se cobraba como un alquiler… el título de propiedad  a mi papa se lo dieron en el año 46…”. Entrevista a José Roter, 21 de marzo de 2005, Comodoro Rivadavia.     

[8] Folio 96. Tomo 274. I.A.C. Rawson. Chubut.

[9]A diferencia del tehuelche alrededor del cual se ha construido una imagen de nativo, de primer hombre de la Patagonia argentina, “El mapuche es señalado como extranjero y como uno de los agentes del cambio. En la matriz de diversidad hegemónica, representa al “otro interno” por excelencia, puesto que la legitimidad del mapuche en “territorio argentino” es permanentemente puesta en discusión”, en: DELRIO, Walter y RAMOS, Ana: “Trayectorias de oposición. Los mapuches y tehuelches frente a la hegemonía de Chubut”, en Briones, Claudia (ed.), Cartografías argentinas... Ob. Cit. Pág. 82.

[10] Por ejemplo, en 1920 el inspector de tierras determina: “José María Kiupán no goza de buen concepto entre los pobladores honestos de la región”. Folio 378. Tomo 274. I.A.C. Rawson. Chubut.

[11] HALL, Stuart. “Significado, representación, ideología: Althusser y los debates postestructuralistas”, en CURRAN, J., MORLEY, D., y WALKERDINE, V., (comp.). Estudios culturales y comunicación. Barcelona. Paidós. 1998. Pág. 57.

[12]BRUBAKER, Rogers y COOPER, Frederick. Más allá de la identidad…” en:Apuntes de investigación del CECYP. Año V. Nº 7. Buenos Aires. 2001. Pp. 44-45.

[13] SEGATO, Rita Laura. "Alteridades históricas/Identidades políticas: una crítica a las certezas del pluralismo global". En  Serie Antropología, nº 234. Brasilia. UnB. 1998.

[14] BRUBAKER, Rogers y COOPER, Frederick. Op. Cit. Pág. 44.

[15] Liliana Pérez sostiene: “…cuando estos pobladores con permisos precarios de ocupación eran chilenos, pasaba lo mismo que ante el reclamo de indígenas…: las decisiones no llegaban y las cartas se acumulaban en las oficinas de la Dirección de Tierras dejando que el tiempo y el poder del más fuerte, inclinaran la balanza…”. PÉREZ, Liliana. “Aportes para una historia social de la meseta norte del Chubut. Crianceros y comerciantes. Conflictos, consensos y mediaciones”. CD I Jornadas de Investigación en Ciencias Sociales, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Sede Comodoro Rivadavia. U.N.P.S.J.B, 26 al 29 de noviembre de 2007.

            [16] Tal como la Argentine Southern Land Company, analizada en MIGUEZ, Eduardo. Las tierras de los ingleses en Argentina (1870-1914). Buenos Aires: Editorial de Belgrano.  1985.   

[17] “...se observa una creciente prosperidad en el aumento del área cultivada y el mejoramiento de los ganados. El elemento galense que constituye la base fundamental de la población de esta colonia, exterioriza sus condiciones atávicas, que como es natural se manifiestan en sus actividades de orden comercial. Notase como principal tendencia, la de asociarse dentro del cooperativismo, que a pesar de todo es muy limitado- pero que no deja de ejercitar su influencia favorable, la que se ha puesto más en evidencia en los últimos años, como consecuencia del mayor valor de los productos de la tierra y la ganadería”.  Folio XIX, Tomo XXIV, Colonia 16 de Octubre, archivo del I.A.C. Rawson, Chubut.

[18] “...son pobladores y colonizadores genuinos, radicados allí desde 15 años atrás o más aun en algunos casos, quienes han formado su hogar netamente argentino, sus hijos han servido en las instituciones armadas del país después de haber cursado los grados primarios de las Escuelas Nacionales allí existentes, cuya pacífica labor ha contribuido grandemente al progreso de la región y por último, sus bienes de fortuna, muy por encima de cualquier mínimun legal, alcanza a sumas que el Estado tiene el deber de velar por su conservación y acrecentamiento…”. Folio 143, Tomo XXIV, Colonia 16 de Octubre, archivo del I.A.C. Rawson, Chubut.

[19] Exp. 4788-U-1917. Lote 53. F. 201. Tomo XXIV, Colonia 16 de Octubre, archivo del I.A.C. Rawson, Chubut.

[20]En Exp. 8268-A-1919, el doctor Nicanor Amaya, médico cirujano radicado en Esquel, ciudadano argentino, solicita en venta directa el lote que nos ocupa en el que no posee mejores ni haciendas. La Comisión ha conocido al doctor Amaya y tiene de este profesional argentino el más elevado concepto, pues aparte de la acción pública por su misma profesión desarrolla en aquellos parajes, el doctor Amaya es un elemento de progreso para la zona, en cuyo adelanto interviene en diversas formas”. F. 284. Tomo XXIV, Colonia 16 de Octubre, archivo del I.A.C. Rawson, Chubut. Amaya pertenece a una familia de terrateniente y profesionales de Esquel.

[21] OTERO, Hernán. Estadística y Nación. Una historia conceptual del pensamiento censal de la Argentina Moderna 1869-1914. Buenos Aires. Prometeo. 2006.

[22] “Civilización del aborigen”, en: Documento Nº 08446. Letra C… Op. Cit.

[23] Situación que era “aprovechada” por las elites chilenas para atraer a los chilenos y chilotes dispersos y poblar las “áreas vacías”. Una forma de atraer a los chilenos dispersos por la frontera argentina era explicar que no existían trabas burocráticas para el reingreso a su país: “Chilenos en frontera argentina no necesitan pasaporte para venir A CHILE”. Diario El Esfuerzo, Puerto Aysén, 1 de noviembre de 1934. Tapa. Y del mismo modo, tal como si se estuviese reconociendo el status diferencial que existía para con los chilotes, se hacían extensivos estos parámetros también para ellos: “Chilotes a la Argentina”. Diario El Esfuerzo, Puerto Aysén, 1 de diciembre de 1934. Pág. 3.

[24] Aunque en ocasiones otros inspectores de escuelas ubicaban al galés al mismo nivel que el chileno en cuanto a las reticencias a integrarse por sus “...caprichos singulares como buenos hijos que son de la Gran Bretaña...”, El Monitor de la Educación Común, mes de agosto de 1896, año XVI, Nº 277, p. 798, citado en FIORI, Jorge y DE VERA, Gustavo. Trevelin. Un pueblo en los tiempos del Molino. Dirección de Cultura Municipalidad de Trevelin. Esquel. 2002. Pág. 76.

[25] “Territorios Nacionales. Cómo avanzan las primeras luces en el desierto austral”, RevistaEl Monitor de la Educación Común. Órgano del Consejo Nacional de Educación. Nº 408, Año XXVII, tomo XXIII, C.E.E Buenos Aires. Diciembre 31 de 1906. Pp. 645 a 646.

[26] En el censo nacional de 1895  los galeses figuran como ingleses.

[27] En el caso de las mujeres indígenas no fueron consideradas personas jurídicas ni ciudadanas, por ende la Justicia, policía, e Iglesia Católica tuvieron la función de desmantelar el lugar destacado de la mujer en las comunidades indígenas, así como también un tipo de ejercicio de la sexualidad y la feminidad diferente a la sociedad estatal, ver ARGERI, María E. De guerreros a delincuentes. La desarticulación de las jefaturas indígenas y el poder judicial. Norpatagonia, 1880-1930. Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto de Historia, Departamento de Historia de América. 2005.

[28] Ver BRIONES, Claudia (coord).Op. Cit. Pág. 17.

[29] Tal como sostiene en esta misma obra Liliana Pérez en su artículo “La “Gesta” Negada. Historias del poblamiento y relaciones sociales en  La Meseta Norte del Chubut”, los pobladores de la meseta del Chubut, fueron ubicados en determinadas posiciones de acuerdo al proyecto civilizador que necesitaba de la reorganización del espacio social.

[30] BOURDIEU, Pierre y PASSERON Jean-Claude. La reproducción. Fontamara. México. 1995. Pág. 81.

[31] Diario El Chubut, Comodoro Rivadavia, 13 de mayo de 1934. Pág. 10.

[32] Actualmente ambas “aldeas/barrios” forman parte de la jurisdicción de la Municipalidad de Trevelin.

[33] Publicación de Bodas de Oro. Escuela Nº 96. Aldea escolar. Municipalidad de Trevelin. Chubut. octubre de 1996. Pág. 6.

[34] En un informe figura: “...la población adulta fue y es en su mayoría chilena, dedicada a pequeñas parcelas al cultivo de la tierra y la crianza de ganado vacuno y lanar en reducida cantidad. El estado económico de la población, salvo raras excepciones es malo, debido a la carencia de hábitos de trabajo y falta de recursos”. Año 1922.  Idem en 1944,  Reseña histórica de la Escuela de los Cipreses.

[35] En las memorias de un maestro figura: “Entre los elementos de extraña nacionalidad que pueblan este territorio se encuentran los hijos de Chile que viven establecidos y agrupados en las regiones más espléndidas, feraces e importantes que contiene la cordillera argentina...”, DUMRAUF, Clemente. Historia de Chubut. Plus Ultra. Buenos Aires. 1992. Pág. 383.

[36] Los “viajeros” chilenos eran sospechosos de querer instalar cuarteles militares en el lado argentino. noviembre 27 de 1937. Jefatura de Policía del Chubut. Rawson.  Nota Nº 32. Archivo Histórico de la provincia de Chubut.

[37] Agosto de 1937. Expediente del Ministerio del Interior. Nota Nº 4805. Rawson. Archivo Histórico de la Provincia de Chubut.

[38] HOBSBAWM, Eric. La nación como novedad. Naciones y nacionalismo desde 1780. Editorial Crítica. Barcelona. 1991. Pág. 92.

[39] SAROBE, José María. Hacia la nueva Educación. Ensayo sobre la escuela y el problema económico social. Aniceto López editor. Buenos Aires. 1937. Pág. 24.

[40] SAROBE, José María. Op. Cit. Pp. 120-125.

[41] BOHOSLAVSKY, Ernesto. “El caballo de Troya. Los nacionalistas miran a la Patagonia (1934-1943)”. Ponencia presentada en las Xº Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Rosario. Septiembre. 2005.

[42] Informe presentado sobre su excursión de estudio a la Patagonia, Comisión de Territorios Nacionales de la Cámara de Diputados, en Revista Argentina Austral, Año IX, Nº 98, Agosto de 1937. Pág. 41.

[43] Para las corrientes nacionalistas locales las “fuerzas morales” eran indispensables para forjar el nacionalismo en Patagonia. En. Revista Argentina Austral, Nº 46, Año IV, 1 de abril de 1933. Editorial “La Escuela Pública en la Patagonia”. Pp. 17 a 18. Información relevada por el Prof. Mario Rodríguez.

[44] “Instrucción pública”, en: Documento Nº 08446. Letra C… Op. Cit.

[45] Para el caso del Territorio Nacional de Río Negro, sugerimos consultar: MECOZZI, Cecilia y MÉNDEZ, Laura M. “Cuerpos, educación y tiempo libre en la construcción de los procesos identitarios territorianos. La región andina del Territorio de Río Negro. 1884-1945.”Actas del VII Congreso de Historia Social y Política de la Patagonia Argentino-Chilena. Trevelin, Chubut, 18, 19 y 20 de octubre de 2007.

[46] LUSETTI, Liliana y MÉNDEZ, Laura M. “La educación: ¿homogeneiza?. Problemáticas educativas en la Norpatagonia andina. 1884-1934”. Actas del VII Congreso de Historia Social y Política de la Patagonia Argentino-Chilena, Trevelin, Chubut,  18, 19 y 20 de octubre de 2007.

[47] Entrevista a Pedro Caipul, Río Mayo, 22 de agosto de 2005.

[48] BAEZA, Mónica, “Los internados escolares en los proyectos de nacionalización del Estado: el caso de la Escuela Nº 35 de Gobernador Costa”.CD VII Congreso de Historia Social y Política de la Patagonia Argentino-Chilena. Historia, Investigación e Investigadores en y de la Patagonia. Construir y Enseñar, los aportes bibliográficos. Trevelin, Chubut, Argentina, 18, 19 y 20 de octubre de 2007.

            [49] LE BRETON, David. Las pasiones ordinarias. Antropología de las emociones. Buenos Aires. Nueva Visión. 1999. Pág. 39. Consideramos que el concepto de David Le Breton acerca del cuerpo incorpora la capacidad de los actores sociales para “matizar” el efecto del poder de dominación institucional, tal como manifiesta la visión foucaultiana, ver: FOUCAULT, Michel.Vigilar y castigar. México. Editorial. Siglo XXI. 1976.

[50] Masés refiere: “…se apela a diferentes métodos de disciplinamiento, como la obligación de exhibir guías para circular y comercializar ganado, tener papeleta de conchabo o prohibir las boleadas o guanaqueadas”. MASES, Enrique. Estado y cuestión indígena. El destino final de los indios sometidos (1878-1910). Buenos Aires. Prometeo libros/Entrepasados. 2002. Pp. 171.

[51] Para consultar acerca del movimiento obrero en Comodoro Rivadavia en las primeras décadas del siglo XX se sugiere: MARQUEZ, Daniel y PALMA GODOY, Mario. Comodoro Rivadavia en Tiempos de Cambio. Una propuesta para la revalorización de nuestras identidades culturales. Edición Proyección Patagónica. Comodoro Rivadavia. 1993; MARQUEZ, Daniel y PALMA GODOY, Mario. Distinguir y Comprender. Aportes para pensar la sociedad y la cultura en Patagonia. Ediciones Proyección Patagónica. Comodoro Rivadavia. 1995; TORRES, Susana. Two oil company towns in Patagonia: european inmigrants, class and ethnicity, 1907-1933. PhD. Rutgers University. 1995; CRESPO, Edda Lía. Los Campamentos Petroleros Estatales de Comodoro Rivadavia, 1901-1957. Informe Final de Investigación, UNPSJB. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Sede Comodoro Rivadavia. 1991; CARRIZO, Gabriel. Una aproximación a la historiografía de los trabajadores de la Patagonia central: balance  y perspectivas, en Observatorio Patagónico. Boletín de Estudios Sociales sobre Trabajo y Desarrollo, Revista de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, Año 5, Nº 6, 2005; y, CEBALLOS, Ester, “El 1º de mayo en Comodoro Rivadavia durante el período 1901-1945”. X Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia. Rosario. 20 al 23 de Septiembre de 2005.

[52] CRESPO, Edda Lía. Op. Cit.

[53] Sin embargo, podemos destacar que el incremento de personal policial no necesariamente se tradujo en la imposición efectiva de la ley. CARRIZO, Gabriel. “El débil brazo estatal en los Territorios del sur. Una (nueva) mirada a la Policía del Territorio Nacional del Chubut, 1887-1944”, BAEZA, Brígida, CRESPO, Edda Lía y CARRIZO, Gabriel (compiladores). Comodoro Rivadavia a través del siglo XX. Nuevas miradas, nuevos actores, nuevas problemáticas. Municipalidad de Comodoro Rivadavia. Certamen Fondo Editorial.  2007.

[54] CABRAL MARQUES, Daniel. “Del período mosconiano al peronismo: la expansión de las políticas sociolaborales en el Yacimiento Petrolífero Fiscal de Comodoro Rivadavia y la madurez de una racionalidad socialmente inclusiva”. Ponencia presentada en las IX Jornadas Interescuelas y Departamentos de Historia. Córdoba. 2003.

[55] MARQUEZ, Daniel y PALMA GODOY, Mario. Op. Cit. y TORRES, Susana. Op. Cit.

[56] PACHECO, Mariel. “Las prácticas materiales e imaginarias del Estado y la nación en un yacimiento petrolero de la Patagonia Argentina. La puesta en escena de la Fiesta Nacional del Petróleo como mitografía atávica (1907-1960)”, en Voces Recobradas, Revista de Historia Oral. Bs. As. Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Año 6. Nº 17. abril 2004.

[57] Por ejemplo, ante el alumbramiento de un pozo petrolífero en Plaza Huincul la prensa alertaba que con la explotación del mineral se conformarían los movimientos proletarios, que obligaría a los funcionarios a “expurgar los malos elementos que todo lo contaminan con el alcohol, el juego y la prostitución”. Diario Río Negro. 17 de Octubre de 1918. Nº 363. Año VII.

[58] CARRIZO, Gabriel. “Los trabajadores y su tiempo libre. El fútbol en las comunidades obreras de Comodoro Rivadavia durante las primeras décadas del siglo XX”, Ponencia en las Segundas Jornadas de Historia de la Patagonia, Universidad Nacional del Comahue, 2, 3 y 4 de Noviembre de 2006.

[59] Diario El Chubut, 22 de Abril de 1932. Pág. 4.

[60] Diario El Chubut, 22 de abril de 1932. Pág. 5.

[61] Ministerio del Interior. Expediente. 12 de Mayo de 1933. AGN.

[62] Todavía en 1933 el Jefe de Policía del Territorio bregaba para que tanto la policía de Comodoro Rivadavia como la de los Yacimientos colaboraran en conjunto para desarticular el accionar político de los trabajadores. “No es posible negar la existencia de algunos elementos obreros que profesan y difunden esta ideología. El ambiente de esa zona minera donde actúan tan diversas razas, le es particularmente propicio, y con el tiempo ha de llegar a difundirse si medidas de gobierno no ponen coto a la propaganda disolvente”. Ministerio del Interior. Expediente. 11 de Mayo de 1933. Folio Nº 3.  AGN.

[63] CARRIZO, Gabriel. Op. Cit.

[64] Libro 1. Expte. Nº 85. Letra P. 2 de Enero de 1933. Archivo Histórico Provincial, Rawson, Chubut.

[65] CAMARERO, Hernán. A la conquista de la clase obrera. Los comunistas y el mundo del trabajo en la Argentina, 1920 – 1935. Buenos Aires. Siglo XXI. 2007.

[66] CARRIZO, Gabriel. Op. Cit.

[67] Diario El Rivadavia, 28 de Julio de 1950.

[68] MARQUEZ, Daniel y PALMA GODOY, Mario. Distinguir y Comprender. Aportes para pensar la sociedad y la cultura en Patagonia. Ediciones Proyección Patagónica. Comodoro Rivadavia. 1995.

[69] En su obra denominada “El Petróleo Argentino”, el mismo Mosconi hace referencia a este hecho. MOSCONI, Enrique. El Petróleo Argentino. Buenos Aires. Círculo Militar. 1983.

[69] CARRIZO, Gabriel. “Hombres, soldados y mecánicos de la Patria. La construcción de una identidad masculina en el Colegio Salesiano Deán Funes”. Ponencia, Primeras Jornadas Patagónicas de Estudios de las Mujeres y Género. Comodoro Rivadavia, 16 al 18 de Abril de 2008.

[70] CARRIZO, Gabriel. “Hombres, soldados y mecánicos de la Patria. La construcción de una identidad masculina en el Colegio Salesiano Deán Funes”. Ponencia, Primeras Jornadas Patagónicas de Estudios de las Mujeres y Género. Comodoro Rivadavia, 16 al 18 de Abril de 2008.

[71] INFELD, Ana. “La escuela de artes y oficios del Colegio Salesiano Deán Funes: formación en y para el trabajo (1938 – 1956 / 61)”. mimeo, 2005.

[72] 10 de Enero de 1937. Discurso del Ing. Ricardo Silveyra en la colocación y bendición de la primera piedra del Edificio de Artes y oficios. Archivo del Colegio Salesiano Deán Funes.

[73] PRONKO, Marcela. “La formación del trabajador en la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Argentina, 1900-1930”. Actas del VI Congreso Iberoamericano de Historia de la Educación Latinoamericana, San Luis de Potosí, México. 2003.

[74] LANDABURU, Alejandra. “Niñez, Educación y construcción de la identidad salesiana. Tucumán 1916-1930”. IX Jornadas Interescuelas y Departamentos de Historia. Córdoba. 2003.

[75] “Don Bosco insistía en que debía darse a los alumnos amplia libertad de saltar, correr y gritar a su gusto y consideraba a la gimnasia, la música, la declamación, el teatro y los paseos como medios eficacísimos para conseguir la disciplina y favorecer la moralidad y la salud”. Citado en INFELD, Ana. Op. Cit.

[76] CRESPO, Edda Lía  y CABRAL MARQUES, Daniel, “Entre el petróleo y el carbón. Empresas estatales, trabajadores e identidades sociolaborales en la Patagonia Austral (1907-1976), en BANDIERI, Susana, BLANCO, Graciela y VARELA, Gladis (Directoras). Hecho en Patagonia. La historia en perspectiva regional. Universidad Nacional del Comahue, CEHIR. Educo. 2006.

[77] CRESPO, Edda Lía. “De Germinal a Florentino Ameghino. Memoria, política y asociacionismo en Comodoro Rivadavia (1919-1923)”, en Entrepasados.  Año X, Nº 20/21. 2001; y, “El fantasma de Rodó. Ariel, públicos lectores y nacionalismo petrolero en Comodoro Rivadavia”, en MASÉS, Enrique y GALLUCCI, Lisandro (Editores). Historia de los Trabajadores en la Patagonia. Neuquén. Educo. 2007.

[78] CARRIZO, Gabriel. Op. Cit.