Eneas Pedro Arienti vivió gran parte de su vida a orillas del río Senguer. Desde un principio se destacó participando de las primeras actividades sociales que allí se gestaron antes de constituir la primera Comisión de Fomento, agrupación en la que, además de integrarla, se ocuparía de promover la fundación de otras instituciones básicas para el crecimiento del lugar. Estos intentos tempranos de reunir a unos pocos vecinos, que constan en la primer acta, darían lugar a la fundación de lo que hoy se conoce como el poblado de Facundo.

Eneas había nacido un 28 de diciembre de 1870 en Buenos Aires. Era hijo de los inmigrantes italianos Carlos Arienti y de María Gurini, quienes, al momento de bautizarlo tenían 27 y 28 años, respectivamente.[1] Carlos Arienti fue el fundador del gremio de los herreros en Buenos Aires, y como militante político también acompañó a Alfredo Palacios.

En enero de 1882, trece inmigrantes alemanes llegados al país unos años antes, que venían escapando de las leyes antisociales promulgadas por el canciller Bismarck, fundaban en Buenos Aires el club socialista “Vorwärts” (Adelante). Entre ellos estaba el periodista Adolfo Uhle —que como Arienti también se radicaría en el Sur—; José Winiger, el zapatero Gustavo Nohke y el ingeniero de minas Germán Ave Lallemant, destacado inmigrante que se escribía con Carlos Marx, e incluso le informaba sobre la situación obrera en Argentina. El Partido Socialista Argentino se constituyó el 13 de abril de 1895, como una opción ideológica más atrayente y una alternativa con respecto a un sistema de explotación capitalista cuyas consecuencias políticas y económicas, producirían, en las primeras décadas del siglo pasado, la reacción organizada de los asalariados. Las ideas anarquistas y socialistas atraerían a miles de ciudadanos que defendían sus derechos y que buscaban mejorar su situación laboral. Entre los que para siempre quedarían en el imaginario colectivo están los nombres de José Ingenieros, Enrique Dickmann, Alicia Moreau de Justo o el mismo Juan B. Justo.

Seducido por nobles ideales de justicia, libertad y un mundo mejor, pronto Eneas se transformaría en un activo militante y promotor de las ideas del socialismo; su participación política nunca pasaría inadvertida. Para abril de 1895 se designará el primer Comité Central del Partido Socialista Obrero Internacional, que estará integrado por José Ingenieros como secretario, mientras que Eneas quedará como secretario del interior y de actas. En el comité ejecutivo también se desempeñaba Antonio Piñeiro. El 8 de marzo de 1896 los candidatos del partido debutarán en elecciones y pese al descomunal fraude lograron los primeros 138 votos.[2]

En 1898 Eneas Arienti encabezará la lista de diputados; luego, en 1902 sería el candidato presidencial. Fue además vicepresidente primero de la Comisión Directiva del agrupación socialista italiana Fascio dei Lavoratori. Fue delegado de esa agrupación en el primer Comité Central del recién creado Partido Obrero Socialista Internacional. En abril de 1897 será elegido titular del Comité  Ejecutivo Nacional del Partido Socialista. En el año 1898 se formará el Centro Socialista Femenino, donde se destacaron mujeres muy activas y progresistas como María Arbella de Ramírez, Margarita Ferrari, Raquel Messina, Teresa Mauli, Juana Colombo, María Luisa Begino, las hermanas Elvira y Ernestina López o la luego reconocida militante Alicia Moreau de Justo.[3] Para entonces, ya separado de su primer vínculo matrimonial, conocerá a Teresa Aicardi, quien recientemente había enviudado de su pareja; un militante de apellido Chiessa que sucumbió muy joven a las delicias del Pernod. En el entorno familiar todavía se dice que Teresa era más anarquista que socialista. Pero los días de la pareja en Buenos Aires estaban contados.

En 1898 Miguel Cané, autor de Juvenilia presentó un proyecto de expulsión de los inmigrantes disidentes, que recién será Ley en 1902. Cuando comenzó a regir la Ley 4.144, llamada de “Residencia” que se utilizaba para deportar a los extranjeros considerados “indeseables”, es decir aquellos que políticamente adherían o expresaban ideales contrarios al gobierno, hubo concentraciones de protesta y movilización.[4] En este contexto político adverso, pronto Eneas debió darse cuenta de que en cualquier momento se encontraría en la lista de deportados y decidió alejarse definitivamente de Buenos Aires. Eligió el sur a instancias de su hermana Hesperia y de su cuñado Camilo Cayelli, quienes desde 1898 ya se encontraban en la Patagonia. De acuerdo a una entrevista a su nieto, Cayelli habría servido de “punta de lanza” para buscar un lugar alternativo fuera de la Capital.[5]

Según relata Víctor García Costa en su biografía sobre Alfredo Palacios: en noviembre de 1893 sucedió la primera expulsión de trabajadores anarquistas. Los antecedentes de la violenta tragedia que significó para algunas familias la expulsión del país, recayó en el panadero español José García; en el pintor italiano José Ragazzini; en el carpintero francés Enrique Sirnovent; en el carpintero italiano Francisco Demanbridi; en el zapatero francés Emilio Diarich; en el cigarrero español B. Sánchez y en el italiano Luis Gilio, director de “La Riscossa”. También sabemos que fue deportado el escritor español Julio Camba, y que entre quienes alcanzaron a huir a tiempo estaba el periodista Félix Basterra.

Camilo Cayelli había llegado a la Argentina en 1894 y contrajo enlace a los veintitrés años con Hesperia Arienti. La hermana de Eneas tenía entonces apenas catorce años; debido a que los Arienti no consentían la boda a esa temprana edad, ellos decidieron alejarse de Buenos Aires. Camilo había encontrado trabajo como empleado de la Gobernación en Tierra del Fuego y allí se dirigía a bordo del “Villarino” cuando debió interrumpir el viaje a mitad del trayecto. Se cuenta que Camilo se sintió indispuesto y afectado desde que la embarcación entró al océano y que se vio obligado a descender en Puerto Madryn. Era noviembre de 1898, había perdido la oportunidad de trabajo y se encontraba postrado en la playa junto a las pertenencias familiares. Mientras tanto Hesperia se dirigía al pequeño poblado en busca de ayuda. Ella debió trabajar en el hotel donde se hospedaron para pagar los gastos hasta que su marido se recuperase.

Desde allí se trasladaron a Rawson, cuando esta población apenas tenía unos doscientos habitantes. Tentado por el ofrecimiento que le hiciera el comerciante y ex sheriff norteamericano Martín Sheffield, se decidió a acompañarlo con sus carros a un recorrido por la cordillera. Como uno más entre los  “mercachifles”, este primer viaje al interior de la Patagonia le permitió conocer la zona y darse cuenta de que los nativos eran pacíficos, que se podía comerciar con ellos e incluso había perspectivas de obtener alguna tierra para poblar en el futuro. Su segundo viaje lo realizó en compañía de otro comerciante llamado Bautista Ferrari que había fundado un negocio en Colonia General San Martín. En el entorno familiar se dice que en el actual Gobernador Costa, Cayelli fue empleado como panadero.[6] No muy lejos de allí, en el sector “Las Salinas”, se encontraban situadas las tolderías del Cacique Sayhueque. Con ellos, con los Crespo y con los Nahueltripay, entablarían amistosas relaciones y por supuesto comercio. En el mismo valle ya estaban poblando algunos alemanes como Juan Plate, fundador del establecimiento “Nueva Lubeka” y de Comodoro Rivadavia inmediatamente después. En el Valle del Genoa trataron con el comerciante Feliciano Promassaz,[7] que también poblaba la recién creada Colonia Indígena General San Martín.

Antes de asentarse definitivamente, Cayelli deambuló por el paraje de Piedra Shotel, donde nacería su hijo Andino. Luego su derrotero siguió por el actual poblado de Río Mayo para elegir definitivamente —a instancias del ingeniero Vinent— un lote en la llamada “Colonia Ensanche Sarmiento”.[8] Por este valle, ubicado a la altura del paralelo 45 º de la provincia del Chubut, corría el sinuoso río Senguerr con una extensión de 285 kilómetros. Allí, en 1890, ya se habían instalado los hermanos Eduardo y Luis Botello con un almacén y Baltazar Borrás con otro. Entre los indígenas pobladores estaba el clan familiar de los Kankel, el de los Mañiqueque con sus tolderías ubicadas en el encuentro de los ríos Genoa y Senguerr. Se encontraban también José Astorga, los alemanes Otto Seidel y Enrique Schatz en la confluencia de los ríos Senguerr y Appeleg, el austríaco Bartolomé Repich en Pastos Blancos y también Blas Bargas, un ex empleado de Juan Plate que fundaría varias poblaciones cuyas construcciones de piedra hace poco visité. Todos ellos convivían junto a unos pocos pobladores más que recién se estaban asentando. Entre ellos los hermanos Luis, Manuel y José von Eylenstein.

Olga Arienti, nieta de Eneas, cuenta que este viajó en barco hasta Comodoro Rivadavia y que de allí se dirigió hasta lo de Cayelli. Ya instalado, unos meses más tarde volvió al puerto de Comodoro Rivadavia a recibir a Teresa y sus hijos. Probablemente es en este viaje que su hija pequeña fallece, ya que permanece en el recuerdo familiar, la idea de que fue sepultada en el viejo cementerio hoy desaparecido de esta ciudad portuaria. También es probable que en este viaje hayan arribado Héctor y Ernestina Chiessa, los hijos de Teresa con su pareja anterior, ya que siempre estuvieron con ellos. En una carta de ocho hojas fechada en mayo de 1904, Eneas le escribía a un tal Saint Clavi —quizás el seudónimo de un militante socialista— en vísperas de su viaje al sur. Viaja solo y al describirle el derrotero que por tierra deberá realizar entre el puerto de llegada y el interior del Territorio le dice: “Voy a emprender este viaje de 105 leguas que espero realizar en veinte días debido a la pésima estación que me obligará a marchar lento entre pantanos y nieves.”[9]

De los veintiséis días a bordo solo siete serán de navegación, el resto del tiempo transcurrirá entre maniobras de arribo a los puertos, de carga o descarga y salida. La embarcación —cuyo nombre no figura— tocará puerto en Ingeniero White, San Antonio Oeste, Pirámides, Puerto Madryn, Rawson, Cabo Raso, Camarones y finalmente al puerto de destino: Comodoro Rivadavia. De todos estos lugares dejará alguna descripción escrita, casi nunca muy halagadora. Describirá las costas, las playas, dirá algo de la fauna marina e impresiones del paisaje y lugares. El 30 de abril parte hacia San Antonio Oeste y pasará el 1º de Mayo a bordo. Siendo ésta una fecha tan importante para un militante socialista, dirá al respecto: “El paisaje no ha variado; pero sí mi espíritu. Este día que conmueve y trae a la imaginación de los que tienen de su porvenir dulces esperanzas de redención humanas, me ha tocado presenciar un espectáculo de brutal explotación.”[10]

Sin duda se trata del puerto de Ingeniero White, ya que escribe a bordo sus impresiones mientras se dirige hacia San Antonio Oeste: “…azotadas continuamente por las olas que forman en ella una fuerte rompiente. En esta se bajan 10 o 12 hombres (todos gallegos) metidos al agua hasta la cintura descargando desde las chatas pesos de 100 y 120 Kgs.” (…) “…con su carga al hombro – que reciben del borde de la lancha por un milagro de equilibrio- debido al continuo y violento vaivén de la embarcación- hundiéndose en el pedregullo del suelo que escapa debajo de la presión del pie ¡luchando! Con las olas que los castigan incesantemente mojándolos a veces hasta el pecho. A todo esto se agrega, que el agua del mar tiene a veces una temperatura de algunos grados bajo cero.”

Una vez en tierra, desde este puerto del que dice: “…bien podría llamarse puerto de la suciedad”, escribirá otra larga carta a su primo “Saint Clair”: “...mato las horas de aburrimiento”. Un tiempo después las huelgas portuarias de Ingeniero White llevarán al lugar a su amigo el militante socialista Antonio De Tomasso.

La tripulación del barco era de lo más heterogénea; se trataba de unas sesenta personas entre las que había gente de campo, dos o tres funcionarios públicos de correos y telégrafos, algunos corredores de casas de comercio, una prostituta y dos mujeres que viajaban para encontrarse con sus maridos. Observador sagaz Eneas escribirá: “Toda esta gente que por su posición, por el género de sus ocupaciones y por su cultura deberían formar un ambiente socialmente democrático, hace lo posible por exteriorizar sentimientos y morales que no les son familiares, consiguiendo vivir una vida artificiosa y estirada con lo que no hacen más que ponerse en ridículo. Es cosa de ver y reírse, los cumplidos afectados de que hacen alarde.”[11]

El día 4 lo encontrará al sur del Paralelo 42 en la zona del Golfo Nuevo. Estarán en Pirámides y el día 5 cruzarán el golfo hacia Puerto Madryn. De sus habitantes dirá: “…galenses que en 40 años, más o menos, que viven en el Territorio, no han sabido hacer otra cosa que fundar dos o tres malas colonias tierra adentro; y dotar a este puerto de un mal muelle al cual no puede atracar el vapor por peligro a llevárselo por delante durante el movimiento de las mareas.

Hay aquí, en la costa, unas cuevas excavadas por el incesante trabajo del mar: son muy altas y poco profundas; con paredes de arcilla se ven cubiertas de muchas inscripciones de galenses y boers, muchos de los cuales hacen seguir el nombre, a manera de rúbrica una cruz; dando así la clave, de lo poco que han sabido hacer en este suelo” (…) “…hombres que piensan por su religión, demasiado en el cielo.”

El día 10 estará en Cabo Raso y escribe: “El nombre da la idea del lugar”. El 12 arribará a Camarones donde escribe que en el pueblo no hay agua, pero escucha decir que hacia el interior hay: “…lindos paisajes con arroyos y manantiales cristalinos, pero yo no le he visto”. Desde Camarones saldrá hacia el sur, describiendo al Pico Salamanca que: “…torna según las horas del día todos los colores del iris desde el azul al anaranjado”.

 

A bordo del vapor que lo traslada al Sur, el día 15 de mayo de 1904 arribará a su destino marítimo, el puerto de Comodoro Rivadavia. Desde allí deberá realizar la etapa de viaje hacia el interior, que al comienzo de la carta describía. Del lugar dirá: “Como número de habitaciones es este el pueblo más grande de los que he visto hasta aquí después de Ingeniero White. Como calidad en las viviendas no supera a los otros. Aquí también no hay agua dulce. La traen de unos manantiales que está a dos leguas y se paga a 1 ½ Ctvos. el litro. Están perforando un pozo que tiene más de 200 metros de profundidad sin indicios de agua. No me explico porque no han preferido traer por cañería el agua de los manantiales que es muy buena.

Esto es lo que he visto durante el viaje. Ahora si te interesa, voy a contarte lo que he escuchado sobre el porvenir y desarrollo de estos Territorios. Parece, que, casi única riqueza de este suelo debe ser la ganadería. Hay en el interior cañadones y bajos exuberantes de pastos fuertes durante la estación calurosa. En ellos vive y produce la oveja un beneficio desconocido en el resto de la República, a paridad de cuidados. Pero el negocio fructífero consiste a mí entender en esto: Un criador que tiene aquí en propiedad una legua de campo, solo puede criar 1.500 o 2.000 ovejas las que calculadas al valor corriente y teniendo en cuenta el interés del capital invertido en la tierra, descontando a “más” el costo del cuidado de la hacienda y gastos de esquila, embolsado y flete, le quedarían en beneficio líquido un 20 % o el 25 %, pero este criador ve duplicado —y en años excepcionales— triplicados sus beneficios por la sencilla razón que, habiendo tanto campo fiscal puede criar cuantas ovejas quiera sin tener que cargar al producto un solo centavo por cuenta del arrendamiento o capital invertido en propiedad territorial.” Seguirá la carta con una simple explicación contable sobre la base de la majada de 1.200 ovejas que Camilo Cayelli poseía a noviembre de 1902.

En el puerto de destino se encontrará con su cuñado Camilo Cayelli y su hermana Hesperia, que habían traído a su hijo Andino para una operación en el pie. Allí también se encontraba presente el mismo comerciante que años antes había llevado a Cayelli hacia el interior del Territorio. Se trataba de Bautista Ferrari, quien parecía haber llegado al puerto para recibir a su propia familia, porque sabemos que para entonces ya poblaba el Valle del Genoa. Eneas escribirá: “El día 20 de mayo por la mañana cargué mi baulito con unas bolsas de vicios (galleta, yerba y harina…) en un carro de un señor Bautista, que iba para la cordillera con dos carros, en uno de los cuales llevaba las mujeres y los pocos enseres que constituían el ajuar de su rancho que va a poblar en la cordillera.”

En el primer tramo hacia el interior lo acompañará Camilo. Salen a la tarde y viajan a caballo, acamparán no muy lejos de allí en el boliche de Cruz Abeijón en el paraje “La Mata”. Desensillan y por primera vez dormirá al aire libre. Esto llama su atención y presta especial cuidado en aprender lo que debe hacer, pues sabe que de ahora en más será así el resto del viaje. Sus observaciones son muy interesantes. Luego escribe: “No se come más que asado de capón mal cocido, y como bebida mate amargo, sin pan y sin galleta —se digiere bien— y el organismo lo aximila en mayor cantidad que en la ciudad. De otra manera no se explicaría que después de una marcha cansadora, una noche al raso y una comida tan mezquina se tuvieran ganas y fuerzas —como se tiene— para montar de nuevo al día siguiente.”

Allí se despedirá de su cuñado, que debe volver a Comodoro Rivadavia donde ha dejado a su mujer y su hijo. Quizás esta compañía haya sido para ver cómo se las arreglaba Eneas a caballo y para que no sea tan traumática su partida. Mientras cocinan se arrima al fogón y Ferrari le dice que estima en cincuenta días el viaje hasta Colonia San Martín en el Genoa. “Para una distancia de cien y pico de leguas, observo que me parece demasiado tiempo”, dice Eneas. La contestación será clara, porque la caballada esta flaca y los caminos están malos, “agrietados” —escribe Eneas— y que además por escasés de pastos los caballos se apartan mucho de los campamentos y hay que salir a “campearlos”. Le anticipa que no andarán más de cinco o seis horas por día y que habrá que vadear ríos. Luego describirá cómo al amanecer, el paisano debe salir a buscar los caballos para traerlos de nuevo al campamento; que cuando hay mucha piedra o helada y no se ven las huellas, deberán describir círculos en espiral alrededor del campamento hasta dar con las huellas de los animales. Recién entonces sabrán hacia qué dirección salir  buscarlos. En la segunda noche llueve y guarecido bajo el quillango, luego dejará escrito: “…pensando en los míos, en todos los que me quieren y a quienes yo quiero, me voy quedando dormido.”

Esa mañana Camilo los alcanza nuevamente, ha hablado con unos de los pasajeros del barco que trajo a Eneas, el señor Martín Uroz quien al enterarse de que Eneas quiere establecerse por allí, le ofrecerá la posibilidad de instalarse en su campo y trabajar con la hacienda que le pertenece. Cuando le habla de esta posibilidad, Eneas le contesta: “Por el momento me considero una especie de bulto en tránsito y que por consiguiente iré adonde él me dirija”. —“A consecuencia del cambio de destino descargo nuevamente mis cachivaches, saludo a Bautista y me quedo a la espera…”.

Al caer la tarde llegan dos señores, de apellido Caldas y Moret; vienen  con una tropilla de doce caballos. “…hechas las presentaciones cenamos y dormimos en un boliche poco distante del lugar donde acampé la noche anterior.”

Eneas contaba con tres caballos, que unirá a la tropilla de sus nuevos compañeros de viaje. Se despide de Camilo y salen apurando la marcha porque deberán recorrer doce leguas antes del próximo campamento. Viaja sin sus baúles, que han quedado en el boliche para que se los acerquen con la primera carreta que pase hacia el Senguerr. Moret va adelante azuzando los caballos y Eneas Arienti y Caldas le siguen al galope. Luego de tres horas de cabalgata y de observar la aridez del paisaje dice que estos aspectos: “…predicen al viajero la asperidad y la dureza de la naturaleza que tendrá que enfrentar”. Así llegan a unos ojos de agua o “menucos” donde hay agua fresca y cristalina y se apean a beber. En su carta escribirá: “…los caballos están cansados (yo también lo estoy, pero me callo)”. Se encuentran en plena “Pampa del Castillo” y Eneas observa a los guanacos que pastorean no muy lejos. Del lugar dirá: “…que yo denominaría Pampa de la Desolación”. Les faltan casi dos leguas para arribar a la oficina telegráfica de Holdich donde harán campamento. Como comienza a oscurecer apuran más la marcha, con cada trote siente que se le “…muele cuanto hueso tengo en el cuerpo”. Castigarán  los caballos a rebenque pero no es posible apurar más la marcha. Le confiesa a su compañero de viaje que ya no da más.

Vendrán luego los otros viajes a la costa,[12] entre ellos el más importante, la llegada de su familia. Durante el viaje una de sus hijas fallece, debió ser muy pequeña y de ella ya casi no se hablará más. El entierro de su hija sucede en el antiguo cementerio que se encontraba a las faldas del cerro “Chenque”. La familia debe aprontarse para el viaje; una vez más Eneas se dirigirá hacia lo que sería su lugar en el mundo hasta el fin de sus días.

Eneas Arienti y Teresa Aicardi poblarán el Lote 223 de la Colonia Ensanche Sarmiento. Las marcas de ganado y la propiedad quedarían siempre a nombre de Teresa Aicardi. Para entonces ya se había adaptado mejor a la vida patagónica. Su esposa pronto volverá a Buenos Aires y escribiéndole acerca de dos de las mejores cosas de la Patagonia, sobre el aire y las aguas, decía:

“Figúrate que he viajado jornadas de ocho horas continuas al trote sin parar y hecho tiradas de 15 leguas en 4 ½ horas y sin embargo cuando desensillaba no estaba más cansado que cuando venía del taller”.

El 1 de febrero de 1906 Eneas suscribirá un contrato de medianería con Camilo Cayelli cuya fecha de caducidad sería en febrero de 1911. Su cuñado le entregará 1204 ovejas a su cuidado, especificando que los gastos de esquila serán compartidos. Finalizado el contrato el aumento de animales de la majada será reportado a cada uno en partes iguales. En 1908, celebrará otro contrato en donde dejará el cuidado de los animales a Vicente Pozzi, quien además podrá criar dentro de la majada unos doscientos animales de su propiedad. Cayelli le abonaría un sueldo de veinticinco pesos mensuales y Arienti se comprometía a cederle “una población para su vivienda” y ceder el uso de un “bañadero” de ovejas sin cobrar por ello.

En toda su vida Eneas y Teresa no dejarán de leer e informarse; lo que en una ciudad sería solo un contratiempo como puede ser la pérdida o la rotura de unos lentes para leer; aquí en Patagonia, lejos de todo no dejaba de ser un problema. Ante la pérdida de los suyos Eneas le escribía a Teresa que se encontraba momentáneamente en Buenos Aires: “La correspondencia la traen en bolsas de lona sobre el lomo del caballo, y al ajustar las cintas para asegurar las bolsas sobre el animal rompen con facilidad los objetos frágiles que viene en ellas, ya me han roto mi par de anteojos que mandé a arreglar a B. Aires y por eso te encargo su embalaje”.

Uno de los primeros documentos que visiblemente involucran a Eneas Arienti en las actividades sociales del lugar es un acta fechada en el año 1913 redactada en ocasión de una reunión de vecinos. Documento que sin lugar a dudas es el acta de gestación de un pueblo, más allá de que luego se tarde en aprobar lo que en ella se solicita. Estaban allí presentes Andrés Arapardo, José Fernández, Camilo Cayelli, Baltazar Borrás, A. Famin, Alfredo Palacios, A. Segundo, A. Lara, Carlos Lehmann, P. Schmit, Herman Beherens, J. Diez, Carlos Gherun, A. Destrinzer y Eneas Arienti.[13] La reunión tenía entre sus objetivos principales reclamar a las autoridades por mejoras y apoyo.

Acta de la

reunión efectuada por los colonos del

Ensanche de la Colonia Sarmiento

El día 8 de marzo de 1913

“En el día de la fecha, reunidos los vecinos del Ensanche presentes, que al margen se designan con el propósito de acordar la forma de iniciar demanda a los poderes públicos reclamando la concesión de tres cuartos de legua de campo fiscal adicionales y linderos con los lotes; previa lectura y aprobación de la correspondencia cambiada entre el vecino D. Eneas Arienti, en nombre de un núcleo de vecinos y el D. Alfredo L. Palacios; cuya correspondencia establece las bases y condiciones de las gestiones a iniciarse, se acordó:

Nombrar al Dr Ricardo A. Paz para que, en nombre de los colonos que están presentes, y de todos aquellos a los que asista derecho y quieran suscribir el poder conjunto que al efecto se redactará, gestione ante quien corresponda la concesión de tierras.

Para sufragar los gastos que se originen y abonar los honorarios del apoderado, se estableció que cada uno de los firmantes contribuya con la cantidad de ciento cincuenta pesos m/n de c/e pagaderos en la siguiente forma: cincuenta pesos en el acto de firmar el poder, y los cien pesos restantes firmando un pagaré que vencerá el 15 de marzo del año 1914 a nombre de una comisión que se nombre en el acto.

Resultaron nombrados por unanimidad los colonos Sres. Baltazar Borrás, José Fernández y Eneas Arienti y se les asignará las siguientes facultades: mantenerse en correspondencia con el apoderado, administrar los fondos que se recaudan, efectuar los gastos y pagos pertinentes y en general resolver en nombre de los colonos firmantes todas aquellas cuestiones que se originen y que por su naturaleza no toleren la demora que importará consultar la opinión de cada colono.

Los componentes de esta comisión nombrarán de su seno quien haga las veces de tesorero y secretario siendo todos ellos solidarios de sus actos ante los colonos.

Acto seguido el colono D. Eneas Arienti dio cuenta de tener en su poder la cantidad de veinte pesos m/n c/c, producto de una inscripción levantada entre los pobladores —de cuyos nombres dio lectura en julio de 1911, con el objeto de sufragar gastos de correspondencia para solicitar directamente las ¾ de legua y el establecimiento de una oficina de correos. Estas gestiones no dieron resultado como es público y notorio, y por otra parte dicho D. Eneas Arienti declaró que no había llevado cuenta de los gastos habidos, por cuya razón proponía que dicha cantidad ingresara como fondos para gastos generales en la caja de la nueva comisión nombrada. Así se aprobó por unanimidad.

Por último, y por moción del vecino Sr. Baltazar Borras se resolvió enviar una triple e idéntica solicitud al Sr. Ministro de Agricultura. A la Gobernación y a la “Oficina de Tierras” pidiendo la concesión de cien hects. de tierra en el lote Nª 240 del Ensanche, que está baldío, con el objeto de trazar en él un pueblo.

                                     Enseguida se dio por terminada la reunión.

                                                                                 Eneas Arienti

                                                                               José Fernández”

 

Mientras estas gestiones avanzaban la vida cotidiana imponía su realidad de crudos inviernos, de tratar de aprovisionarse de alimentos y leña. Cuando el frío decaía comenzaban las crecientes y el río arrasaba con las quintas de quienes no preveían estos cambios. La vida era dura y violenta, los pobladores debían cuidar sus animales. Los lotes, su ubicación y superficie habían sido planificadas en Buenos Aires, muchas veces por agrimensores que desconocían la geografía y el clima patagónico. Los lotes eran de unos 5.000 metros de fondo por unos 1.250 metros de frente. Quienes planificaron creyendo que con esta superficie una familia podía sobrevivir, seguramente tenían en cuenta el concepto de “pampa húmeda” pero aquí la situación era muy diferente. Hacia atrás muchos lotes consistían en una subida que terminaba en una pampa árida y sin agua. Muchos de los primeros adjudicatarios desistieron de seguir allí luego de varios intentos de sobrevivir, por lo que es doble el mérito de aquellos que se quedaron. La familia de Eneas y Teresa se agrandó con la llegada de los hijos Aldo y Clelia.

En 1915 Eneas Arienti retornó a Buenos Aires dispuesto a gestionar personalmente las tierras solicitadas al Gobierno para la fundación de un pueblo. La larga espera que producen las audiencias y tramitaciones lo llevan a extrañar a su familia. Con respecto a su situación política pasada le escribe a su compañera Teresa: “Me ha consolado la esperanza que me han comunicado de que hayan terminado las persecuciones y el auge de los canallas que las han maquinado.” (…) “…yo también creo que debemos seguir en Patagonia, aunque más no sea por algunos años, debemos tratar de hacernos la vida lo más confortable posible.”

Para agosto de 1915 escribe acerca de los problemas de arrendamientos de tierras en el Senguerr y en esas interesantes cartas, acerca de la fundación del pueblo opinaba lo siguiente: “La cuestión pueblo anduvo rodando de oficina en oficina (…) puedo asegurarte que las cien hectáreas han sido decretadas y que el pueblo se hará allí.”

Eneas Camilo habló con los viejos pobladores que todavía recordaban a su abuelo, no llegó a conocerlo pues falleció cuando su padre tenía catorce años. En su larga entrevista dijo lo siguiente: “…todos eran muy de campo, pero eran muy gráficos, me decían: “no era para acá…” eso nosotros lo entendemos… se la pasaba leyendo, quien se la bancó fue la abuela. Rubia, de ojos azules, era petisita y era bravísima, salía al campo con un Winchester —no de adorno— porque dos veces les agarraron a balazos la casa. Eso me contaba mi tía en Buenos Aires, nunca me lo dijo el viejo.”

Como buena anarquista Teresa Aicardi nunca fue doblegada por las circunstancias, con el tiempo se enfrentó a Cayelli, cuya ideología no le permitía ser más condescendiente con la gente humilde. El enfrentamiento llegó a tal grado que se enemistaron para siempre, incluso un día Teresa regresó a su casa casi cayéndose del caballo. Herida de arma blanca, se dijo que el incidente había sido obra de un peón de Cayelli. En una carta enviada a Eneas mientras este se encontraba en Buenos Aires por el tema tierras, Teresa le expresaba: “La humanidad se está haciendo cada día un poco más egoísta, si tiene una quiere tres y lucha, lucha ¿para qué? (…) si te parece que no podés conseguir campo venite sin miedo a reproches, tus hijos te esperan y necesitan”.[14] 

Tampoco Eneas dejó de lado sus ideales y su preocupación social, en 1915 escribía a su amigo Félix: “Busque “La Vanguardia” del 30 y 31 del pasado y lea la interpelación de De Tomaso al Ministro de O.P. y la acusación de coimero que le enrostra al Ministro de Agricultura, y se daría cuenta de la clase de gobernantes con los que tenemos que habérnoslas”.  También menciona a su amigo el militante y médico Nicolás Repetto, a quien él mismo había afiliado al partido socialista y que sin olvidarlo le seguía tratando los problemas de salud y hasta le enviaba medicamentos.

En noviembre de 1915 le comunica a Teresa el avance en las gestiones de tierras: “Por fin después de tanto pelear he conseguido que manden la orden para trazar el pueblo. Pongo en el bolsillo la copia de la orden que la Dirección de Ferrocarriles le mandó a Schwartz el día 19 del corriente”. Inmediatamente después se contactará con Enrique del Valle Iberlucea, abogado y parlamentario socialista que había estado entre los primeros oradores públicos en contra de la Ley de Residencia en 1903. Viejo conocido de Eneas escribirá: “Ayer fui a ver a Iberlucea para que me acompañe al Presidente del Congreso Nacional de Educación para ver de obtener una escuela”. A su vez le pedirá a Teresa que no comente nada pues había que disponer de paciencia ante tanta burocracia oficial. En otra carta, todavía desde Buenos Aires en donde hace explícita la necesidad de volver a verlos, le cuenta que ha sido nombrado corresponsal de La Nación en la zona, que el nombramiento fue remito a “Colonia Ensanche Sarmiento”, pero le pide a ella que notifique esta novedad a Sarmiento para así registrar su firma en el Correo.

Para el 10 de julio de 1916, con Eneas ya de vuelta, los vecinos vuelven a reunirse y es este el documento de la segunda acta para la gestión y formación de un pueblo. Recordemos que para entonces Eneas Arienti había intervenido exitosamente para la fundación del mismo y avanzado en gestión por la escuela. En esta ocasión los vecinos presentes eran: José Piñeiro,[15] José Fernández, Carlos Gehrun, Claudio Bustos, José Mongilardi, Alfredo Oestringer, Herman Behrens, Carlos Lehman, José Fondevilla, Antonio Steinfeld, Baltazar Borrás y Eneas Arienti quienes se notifican que el encargado de gestionar se encuentra aún a la espera de la constitución del nuevo ministerio, por lo que los vecinos renuevan el plazo de sus actuaciones por año más. Mientras esto sucedía, en Buenos Aires aquellas razones que alejaron a Eneas seguían funcionando, ese año Alicia Moreau de Justo participaba de un acto contra la deportación de varios obreros belgas.

 

En 1916 Hipólito Yrigoyen fue electo presidente de la Nación; el ascenso de la  clase media conformaría la clase social de la UCR, pero la heterogeneidad del partido terminó siendo conducida por pequeños y medianos terratenientes, transformando el movimiento político popular en algo ambiguo que sucumbió ante las presiones oligárquicas. En 1919 hizo su aparición la Liga Patriótica Argentina, grupo contrarrevolucionario que operó contra los sectores del trabajo. Inconcebiblemente, en Río Senguerr el descendiente de maragatos Irineo León se constituyó en dirigente y representante de la Liga. Esta agrupación de derecha llegó a contar con brigadas indígenas dispuestas a reprimir a los obreros en huelga. Mientras Irineo era seducido por el discurso de Manuel Carlés y operaba cuidando los intereses de los indígenas desprotegidos, por otro lado usurpaba sus tierras y se transformaba en propietario de lotes que habían ocupado algunas familias nativas de la zona.

Mientras tanto y como un ejemplo de las preocupaciones de esos años, nuestro Eneas Arienti expresaba en un artículo del diario socialista La Vanguardia, editado en dos partes, escrito bajo el título “La colonización al sud de la república Argentina” que: “El clima es crudo, inclemente, llueve poco, pero soplan vientos que levantan hasta el pedregullo del tamaño de un poroto grande. Todo el verano sopla viento del oeste. Las nubes ocultan al sol y dan al paisaje un aspecto de desolación. Durante el invierno cae nieve en abundancia con frecuencia, en la primavera desbordan los ríos, pero las aguas no causan perjuicio a la población por no llegar ellas hasta el radio donde se encuentran los ranchos. No se conoce enfermedad alguna en la región, ni en las personas ni en el ganado. Todo el mundo goza de una salud excelente. La tierra es apta para los cultivos de cualquier hortaliza. El suelo arenoso produce un pasto raquítico; más al noroeste en la pampa el pasto es más sustancioso y verde porque la tierra es menos arenosa. Durante el invierno las majadas permanecen en un lugar (llamada invernada). La alimentación de los pobladores es casi exclusivamente carne de oveja, raro el que come pan todos los días. La harina transportada desde Bs. As. vale en el puerto de Comodoro Rivadavia 16 centavos por kg., el flete hasta la colonia Sarmiento es de 12 ctvos, lo que da un total de 28 ctvos por Kg. de harina; a causa de este precio pocos compran harina para fabricar el pan. El agua es excelente en toda la región y se encuentra a poca profundidad, cada rancho tiene un pozo común con balde. Las frutas se conocen únicamente en conserva, se vive a carne y agua.

En la colonia Sarmiento como en todas las colonias del Territorio del Chubut no se cría más que ganado lanar. Es el único que resiste, más o menos bien, a las bajas temperaturas de esas regiones y el que más conviene por los beneficios que se obtienen de la venta de la lana. En el lote que el gobierno concede a los pobladores, no pueden vivir hoy más de 500 animales debido a que los pastos son malos y los buenos o regulares no tienen más de 10 cuadras frente a la costa, de manera que en pocos días quedan en toda la extensión trillados. Esto durante el verano. En invierno se arrean los rebaños hacia la pampa el pasto es más sustancioso y verde porque la tierra es menos arenosa. Durante esta época se produce la parición. En los primeros tiempos son pastizales altos y abundantes, la reproducción está más o menos al 70% “al corte” vale decir sobre la cantidad de ovejas, porque casi la mitad del rebaño son borregas y machos. Ahora cuando la parición alcanza el 80% se considera buena.

El animal no se vende, ni en pie ni sacrificado, porque no conviene, porque no hay demanda, y porque la reproducción actual no es abundante, como que tampoco lo son los pastos. Si alguna vez se vende un lote de ovejas, es a los nuevos pobladores. El único comercio es pues el de la lana, el precio de esta  ha variado mucho en los últimos tiempos, varía de $ 3 a $ 3.50 el kilo en la colonia y $ 4 o $ 4.50 en el puerto de Comodoro Rivadavia. La producción es de 3 a 4 kg por animal término medio.

En la Patagonia no hay casi asalariados, media docena de peones esquiladores viven todo el año como huéspedes gratuitos de los pobladores. En la época de la esquila trabajan con éstos en las tareas del corte y del enfarde, percibiendo una remuneración mensual (los salarios se pagan por mes) de 50 a 60 pesos, más la casa, comida y ropa. Terminada la faena, los peones derrochan en la taberna el dinero gastado, alcoholizándose. Ocurre que cuando ya no les queda ni un céntimo venden la ropa nueva adquirida a muy alto precio en la misma pulpería.

Los largos meses de holgazanería que continúan los pasan por semanas de rancho en rancho, prestando a cambio de albergue algún servicio sencillo como carnear o cebar mate. Aunque hemos hablado de dinero, los salarios en general, no se pagan en moneda, sino con vales canjeables en las pulperías por cualquier efecto. Esto es sin duda una de las causas que fomenta el alcoholismo, dado que no pueden enviar sus ahorros los gastan en la taberna. Sin embargo parecen estar muy conformes con estas costumbres y el hecho de que unos pocos colonos paguen en moneda no les extraña en absoluto, ni prefieren a estos  como patrones.

La solidaridad prácticamente no existe entre los colonos, nadie se atreve por ejemplo a reclamar del gobierno una extensión mayor de tierra, ni solicitar un  mejor servicio de correos, que hoy es pésimo. La sola enunciación de un pedido al gobierno no tiene respuesta.

La mutualidad solo existe en caso de desgracia personal. Nunca ha ocurrido que se pierda el ganado en cantidades, de manera que el socorro o ayuda en este sentido no se ha manifestado, hasta ahora. Los colonos son en general, gente buena y más o menos culta,  pero algo retraídos y egoístas.

Creo que el desierto lejos de llevar la solidaridad, fomenta el egoísmo. Que los psicólogos estudien el punto. Un colono con poco capital puede, si es conocido y no bebe, encontrar socio para trabajar en común. Pero estos casos son raros. Hay en el Chubut algunos latifundios, estancias de 100 leguas de campo pertenecientes a ganaderos, que generalmente, no viven en ellas. Todos están sin embargo hacia el noroeste de la colonia y más o menos cercanos a la frontera con Chile. Para sus viajes a Comodoro Rivadavia utilizan carros o carretas en que transportan la lana. Línea férrea no tiene ninguna el territorio. Tampoco convendría a una empresa establecerla, dado que el transporte de lana, el único comercio que existe, se hace una vez al año. Si alguna vez se construyera el FFCC sería para garantizar la defensa de la frontera, un ferrocarril del gobierno puramente estratégico. No tienen más salida que por el Atlántico.

El telégrafo y el correo llegan hasta Comodoro. Ambos casi no son utilizados por los colonos. Prefieren para garantía de recibimiento, hacerse mandar la correspondencia en cajones. Las cartas que llegan por correo a Comodoro siempre se pierden. Los pobladores no son como podría pensarse en su mayoría casados. Pocos se arriesgan a afrontar una vida de incertidumbre con una mujer e hijos. Las uniones son tan numerosas como lo permiten el número de mujeres solteras en edad de casarse. Resulta también que nace un número mayor de varones que de mujeres. Estas escasean según las propias palabras de Arienti. Como consecuencia del estado de celibato forzoso el onanismo está en auge. El adulterio no es frecuente. No se conocen tampoco casos de violaciones ni de pederastia. La inscripción civil de los casados y de los recién nacidos se hace en Comodoro.

Pocos son los colonos que educan a sus hijos, la mayoría de estos son analfabetos. Por otra parte su despreocupación por saber que ocurre en el resto del mundo es general. Hasta se ignora en que día y mes se vive, no existe un mal calendario. Arienti es el único que además de educar a sus hijos, lee habitualmente libros de texto, novelas sociales y diarios de Buenos Aires. Su pequeña biblioteca es única en Colonia Sarmiento.

La Colonia Sarmiento está situada muy próxima al río Senguer y tiene una extensión de alrededor de 20 leguas. La población alcanza a unos 150 habitantes —comprendidos las mujeres y los niños—  en su mayoría argentinos y extranjeros, el resto de la población es indígena.

Y sigue diciendo el periodista: “Arienti como todos los demás pobladores recibió del gobierno al instalarse 625 hectáreas de tierra improductiva en donde apenas crece un pasto amarillento. No son las tierras de la Patagonia, las que más facilidades ofrecen a la gente pobre que cree poder realizar una fortuna en el trabajo ímprobo de la cría de ganado. En un principio el gobierno se encargaba de trasladar a los que quisieran poblar hasta el puerto de Comodoro Rivadavia desde donde librados a su propias fuerzas debían estos hacer una jornada de 14 días en carreta para llegar al “ensanche” el punto medio de la colonia. Ahora ya el Gobierno no se ocupa ni del traslado. Una vez llegado al lote, que después de 5 años pasa a ser de propiedad individual, el colono tiene que construirse su casa, que generalmente, es de adobe y madera forrada de zinc. Solamente para instalarse una familia compuesta por 4 personas (matrimonio y dos hijos) deberá desembolsar para un viaje en barco en 2º clase unos $100. Por flete por 2000 kilos de equipaje en el que se incluirán alimentos en conserva, ropa, maderas, cinc, algunos muebles, etc., alrededor de $240. Valor de los víveres $600, por la madera y cinc deberá abonar unos $460. Tropilla de 6 caballos, comprados en la colonia $650, 500 ovejas compradas en la colonia unos $2000. Total en cosas indispensables $3.930.

Las autoridades del territorio no son conocidas por los pobladores. No se molestan ellos en dar una recorrida siquiera. Las de Comodoro Rivadavia que tiene jurisdicción en la colonia, suelen de año en año dar un paseo por aquellos lugares. El gendarme —uno solo— encargado de la ronda aparece muy de tarde en tarde para “matear” en los ranchos. Los pobladores viven así muy tranquilos y jamás ocurre entre ellos incidente alguno. Son según nuestro interlocutor, casi todos personas de mediana cultura, respetuosos de los derechos y libertades del vecino y de carácter, la influencia del clima, apacibles y bondadosos. No hay temor por otra parte, a robos o agresiones de gente extraña, porque todos se conocen y marchan en buena armonía.

Hay en 20 leguas a la redonda para 450 personas (con mujeres y niños incluidos) 7 tabernas o mejor dicho  pulperías en donde se expenden bebidas, comestibles y algunos materiales de construcción. La población cristiana como llaman los indios a los blancos no bebe alcohol y el que lo hace es repudiado unánimemente, no ocurre así con los indios que se embriagan durante semanas enteras, especialmente en el invierno y es entonces cuando ocurren grescas.

De tarde en tarde aparece por las colinas desiertas algún puma (león americano), zorro o guanaco. En el mes de octubre se organizan pequeñas partidas de caza las que regresarán con buenas piezas cobradas. Si no se encuentra al puma, la batida se hace contra los avestruces que generalmente no escapan a las certeras boleadoras. Los pobladores indios están divididos en dos pequeñas tribus, que aunque viven separadas, habitualmente celebran en común sus ceremonias religiosas y se solidarizan pacíficamente, adquiriendo conocimientos generales de la vida de la población extranjera creyendo poder así neutralizar el avance de los cristianos.

Una tribu es araucana, la de los manzaneros (es una rama de la gran tribu que habitó también el Sud de Chile. La denominación de manzaneros resulta del antiguo lugar donde habitaban una planicie próxima a un inmenso bosque de manzanos silvestres, sito en los territorios chilenos lindando con la frontera. La otra tribu es la de los tehuelches, los verdaderos pobladores de la Patagonia,  se distinguen estos de los araucanos en el carácter. Los primeros son generalmente más generosos, mientras que los últimos son egoístas. El elemento indígena, influenciados por los blancos ven la necesidad de educarse para adquirir las costumbres de los invasores, han comenzado a leer y escribir el español y transmitir a los niños sus conocimientos. El alcoholismo favorece su desaparición, los indios que se embriagan durante semanas enteras, se mantienen en letargo por las borracheras especialmente en el invierno, despertando torpes y haraganes. Es el mismo que los colonos solo varía en el invierno (los blancos cuidan a sus majadas en la pampa) el indio duerme borracho en su rancho dejando a sus animales al azar (es una vieja costumbre surgida de una burda y ridícula superstición). No arriesga el indio su vida, muy fácilmente, teme a la nieve, a los vientos furiosos a los fuegos fatuos en los que ve cosas sobrenaturales. No se preocupa mucho de su religión, aunque todos los años más o menos en el mes de octubre, antes de que aparezca el guanaco y empiecen por consiguiente la caza, celebra sus ritos salvajes con cantos y ademanes de locura… Sin embargo no sabe decir a quienes van dirigidas estas salutaciones, y esos gimoteos. Sigue la tradición de su raza sin saber por qué. Por lo demás toda vez que pasa por la colonia el cura de Comodoro Rivadavia se hacen bautizar. Estos ritos son presenciados por los cristianos, sin que por ello los indios se sientan ofendidos o molestados. Los indios son casi todos casados y con hijos. El matrimonio se realiza casi secretamente, sin ostentaciones y sin festejos. Personas de una y otra tribu se unen en matrimonio muy comúnmente. Las defunciones, son escasas, sin embargo mueren más indios que cristianos, como no hay cementerio en la colonia, los cadáveres son enterrados en cualquier parte, pero siempre a cierta distancia de la población. Las autoridades no concurren casi nunca a constatar el fallecimiento a pesar de que la familia del muerto lo comunique inmediatamente de producido.”

Originalmente estas familias indígenas estaban dispersas. Nunca formaron “tribus” sino clanes familiares más o menos numerosos; y solo algunas familias indígenas obtuvieron tierras en la Colonia Ensanche Sarmiento. Entre ellos los Kankel, a los que les otorgaron residencia en el Lote 279. Las verdaderas reservas estaban ubicadas en Colonia general San Martín, Pastos Blancos, Appeleg y Payagniyeo, cerca del actual Alto Río Senguerr. Para entonces los Sacamata y los Liempichún se encontraban allí. Teresa Aicardi siempre estaba interviniendo entre las familias de los alrededores; era temida por sus familiares de Buenos Aires pues no faltó ocasión en que se llegó hasta la Capital con algún poblador nativo, al que acompañaba para solucionar algún problema de tierras o trámite legal. Entre las muchas ocupaciones de Teresa con la quinta y los quehaceres domésticos, también estaba el de cazar nutrias y curtir los cueros. Para entonces comenzaban a tener problemas y diferencias con Camilo, quien con su personalidad tan distinta no compartía mucho de los ideales y de los vínculos que la pareja Arienti/Aicardi establecían con los vecinos. En mayo de 1914 Eneas denuncia a Camilo porque entendía que los perjudicaba con el nuevo alambrado que había extendido entre los Lotes 225 y 228.

El compromiso que especialmente Teresa establecía con sus vecinos la disponía a defender sus intereses. En cada viaje a Buenos Aires los ayudaba a tramitar sus papeles; entonces aprovechaba la ocasión y trasladaba una buena cantidad de cueros de nutria curtidos y se los regalaba a sus parientes para que se confeccionaran algún abrigo. Esta era una actividad que no abandonó nunca. Hasta su vejez no dejaría de colocarse un delantal y dirigirse a un galponcito donde siempre estaba raspando cueros y curtiéndolos.

Su nieta Olga recuerda que por cierto tiempo en su casa se conservaron fotos de Teresa Aicardi con Alicia Moreau de Justo, pero en ese momento se desconocía la importancia de estas personas. Estas fotos fueron quemadas.

Aunque lejos de las grandes ciudades donde los conflictos se dirimían mientras tomaban estado público en los medios, en Patagonia los ideales socialistas y anarquistas seguían estando presentes en muchísimos pobladores. La “Sociedad Troperos Unidos” de Cañadón Lagarto era una prueba más de ello; pero si nos atenemos a otros testimonios, vale rescatar el de Andreas Madsen cuando relata que el 1º de mayo de 1910 se encontraba acampando con el alemán Alfred Brodersen y con Peder Jensen y cuenta: [] habíamos de festejar en serio[…] por lo que hicimos ponche y cantamos como siempre en estos casos. Primero la marcha socialista “Amanece hermanos, aclara hacia el Este.”[16]

Mientras que los ideales se mantenían y ocupaban su lugar, la salud de Eneas Arienti se fue deteriorando. No hay indicios en las últimas cartas de alguna enfermedad específica. Según Olga llegó un momento en el cual no podía andar. Otro de sus familiares habla de un absceso que le apareció en el cuello, y se pregunta si acaso la enfermedad sería “carbunclo”. Un telegrama proveniente de la Colonia Ensanche Sarmiento firmado por “Dagnino” contiene lo siguiente: “Avisase falleció anoche a las 8”. Luego siguen varias cartas. En una de ellas quien escribe aconseja a Teresa evitar roces. Le escribe dejando en evidencia que existían disputas familiares por las tierras, le dice que mantenga la calma y le informa del pronto envío de una carta que está lista para “Esperia”: En esa carta le aclara [] los motivos que tengo para romper definitivamente con ella”. Los asuntos legales quedaron en manos del abogado Antonio De Tomaso. Las palabras finales de una de estas últimas cartas dicen: “Comprenderás que aquí hay que analizar cosas que no comulgan con el corazón”.

Y así finaliza la vida de un luchador incansable. Una personalidad más dispuesta a ocuparse del “nosotros” que del criterio egoísta e individual con que podría haberse conformado. Lógicamente que la vida siguió su curso y el pueblo y las instituciones que dejó funcionando lo sobrevivirían. No alcanzó a ser testigo de los años conflictivos que se venían. Pero es seguro que de estar vivo, nada de lo que ocurrió después le hubiera sido indiferente, especialmente teniendo en cuenta su alta condición de hombre preocupado por la libertad y los derechos de la gente. La rebelión de Lago Buenos Aires, las huelgas rurales… seguramente no se hubiera callado ante estos acontecimientos. 

En 1917 el “cronista de a caballo” Ramón Gorraiz Beloqui pasó por Colonia Ensanche Sarmiento, en ese momento se fotografió junto a Manuel Pasos, juez de paz del lugar.[17] Un año más tarde Gorraiz Beloqui, ya como corresponsal de un diario de Comodoro Rivadavia, se dirigiría hasta Lago Buenos Aires a constatar personalmente el conflicto allí desatado por el atropello de los Carabineros hacia los pobladores, que generó un enfrentamiento armado y la llegada por primera vez de tropas del Ejército enviadas por Yrigoyen para restablecer la seguridad y constatar los hechos.

Este escrito sin duda es una parte importante de la historia de Ensanche Colonia Sarmiento, con él no se pretende sustituir la figura de los “grandes hombres” que supuestamente hicieron la historia. Si así fuera solo estaríamos cambiando a uno por otro; el culto individual, la galería de prohombres no tiene lugar en el pensamiento socialista. Las vidas de estos dos militantes pudo haber pasado inadvertida y como dice una canción de Bruce Springsteen llamada “The Promise”: “…cuando se dice la verdad pero no hay ninguna diferencia y no importa… algo en tu corazón se vuelve frío.”

Siendo aún así, ellos persistieron en llevar adelante el sueño en el que creyeron, pudieron mimetizarse con la misma gente de la que siempre tuvieron esperanzas. Hasta ahora sus vidas eran parte del invalorable pero limitado recuerdo familiar. Finalmente, tal vez, podrán formar parte de la fragmentada aunque nunca derrotada memoria social, aquella que ellos mismos ayudaron a construir.

 

                                                                      

 

 

 



[1] Folio Nº 214 de la “Catedral del Norte La Merced”. Carlos era nacido en Génova y María en Milán. Sus hijos fueron Hesperia, Eneas, Leticia (Bleticia) Musio y Arsace. Musio se casará con Dorina Tiocchi y cuando esta enviuda formará pareja con Mario Chitaroni. Bleticia se casa con Paulino Chitaroni (Hermano de Mario) y Arsace no tuvo hijos; se desconoce si alguna vez estuvo en pareja o casado.

[2] En las elecciones de 1908 obtienen 7.462 votos. Si tomamos en cuenta que los anarquistas se abstenían de votar y que el fraude continuaba, es un avance importante.

[3] La primera oradora femenina en un acto público fue Gabriela Laperriere de Coni y sucedió en un mitin de 1901 en contra de la guerra y el armamentismo durante los conflictos limítrofes con Chile. 

[4] El artículo 2 de esta Ley decía: “El P.E. podrá ordenar la salida de todo extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”. Fue derogada durante la presidencia de A. Frondizi.

[5] Entrevista a Eneas Camilo Arienti en Barrio Saavedra de Comodoro Rivadavia. Según cuenta en su larga entrevista”…el abuelo era de Milán, parte de Lombardía y la abuela era veneciana.”

[6] En el libro Acá vamos a fundar un pueblo y se va a llamar Gobernador Costa ya figura el número de Lote que ocupó.

[7] Muchos años después encontré la tumba de Promassaz (1866 – 1922) dentro del campo que actualmente es de Gerosa. Con una leyenda en francés de Victorine Benoit y luego traducida, la tumba está en perfecto estado. Debieron pasar otros años más hasta que encontré una noticia de su suicidio en el año 1922 en el diario El Chubut.

[8] Allí conocería a los integrantes de las Comisiones de Límites. Cayelli sería quien más diera a conocer la hoy famosa anécdota del chasque “telegráfico” Antonio Sonzza, cuando debió partir al galope desde el puesto de Koslowsky en Valle Huemules durante la presencia del Perito Moreno y al árbitro británico Holdich. 

[9] Viajará junto a la caballada de Camilo Cayelli y su carreta. Aclara que dormirá a la intemperie y que su propósito es estar “…cuatro meses con el mediero de Camilo para ponerme al corriente del cuidado de las haciendas y conocer el campo.”

[10] Más abajo en la carta dirá: “…a firmar su voluntad de poner término a la explotación del hombre por el hombre. ¡Llegarán a ello, no me cabe la menor duda; pero, cuanta servidumbre, cuanta miseria y cuanto dolor tendrá aún que pasar…!” Podemos hoy preguntarnos, en cuanto tiempo se adelantó a las mismas preguntas que se haría Bob Dylan para componer la conocida canción “Soplando en el viento”.

[11] No tienen desperdicios los comentarios: “Brillan como soles de primera magnitud por su conversación, entre este ambiente, los corredores de comercio…” – “…imperan soberanos en las conversaciones y sin la nota cálida, alegre (No siempre de buen tono)”- “Vienen después los engreidillos. Estos ostentan aires de conquistadores; hablan alto –a veces feo- miran y siguen con el rabo del ojo a las señoras y…enfilan por turno a la prostituta de una manera más o menos desimulada.” “Los alemanes vienen  luego – procuran (y lo consiguen) ser mal educados, descorteces y villanos en la aceptación más alta de la palabra, le hacen digna corona, toda la oficialidad y parte de la tripulación a bordo.”- “Simpáticas por su llaneza y su cortes charla, son las dos señoras que van a reunirse con sus maridos. Una es valenciana casada con un sobrino de don Faustino Sarmiento, y la otra una italiana cuyo marido está empleado en las salinas de Cabo Blanco. Estas condicen con todos; tienen para todos una frase educada y conservan en sus modales una sencillez y una naturalidad que atrae.” – “Hay además a bordo otra sociedad distinta, sino en sus elementos en su manera de exteriorizar sus sentimientos: más grosera; menos delicada pero más sincera: es la sociedad de proa.”

[12] Aprovechaba estos viajes para despachar cartas a sus parientes y a Teresa cuando ésta se encontraba en Buenos Aires. En uno de estos arribos escribía: “Llegué ayer de Colonia Sarmiento a este puerto y acabo de saber que esta noche llega el “Santa Cruz” y sale enseguida. Aprovecho la oportunidad para enviarte estos informes. Vine solo de la Colonia con caballos de tiro. Hice el viaje en cinco días atravesando el desierto” – “Habrás sabido que le han robado los caballos a Camilo y por eso no pudo ir a buscarme a Sarmiento”.

[13] En el acta aparece como presente Alfredo Palacios, pero no hay constancia documental que corrobore allí su presencia en esa fecha.

[14] También Eneas le contesta y le escribe sobre cosas cotidianas como los comentarios de “pueblo chico” cuando le dice: “En tu carta me dices que corren voces que yo he abandonado mi mujer e hijos. El solo hecho de haberme transcripto ese chisme demuestra que te duele ¿Por qué? No quisiera que te tomes muy a pecho los chismes que corren por allí. Estoy seguro de que no necesito de la opinión de la gente para estar convencido del cariño que te tengo, a ti y a los chicos.” 

[15] Habrá que ver si este José Piñeiro está emparentado con Antonio Piñeiro del Partido Socialista.

[16] “Relatos nuevos de la Patagonia vieja”. Marcha compuesta para la fundación de la sección dinamarquesa de los Trabajadores Internacionales.

[17] Y primer juez de paz de Comodoro Rivadavia, el epígrafe de la foto dice que la mujer hacia la derecha es la esposa de “Emilio” (sic) Cayelli.