Fundamentación

El presente trabajo, pretende ser una propuesta didáctica para docentes del nivel medio que trabajan con contenidos referentes a la historia de los pueblos originarios de América en el periodo histórico anterior a la llegada de los españoles y durante la conformación de los estados nación de Chile y Argentina, durante el siglo XIX. Es nuestro objetivo, aportar líneas de trabajos posibles tomando como eje los lugares de enunciación de uno de los pueblos originarios de América; nos referimos puntualmente al pueblo mapuche. El desafío nos lleva, a trabajar desde un enfoque particular que tiene en consideración una serie de categorías de análisis como: identidad territorial, comercio, relaciones de parentesco, comunicación epistolar y alianzas políticas.

Las relaciones de contacto entre los pueblos prehispánicos, son anteriores a la formación de los Estados-Nación y a toda delimitación que tenga que ver con límites provinciales. Las diferentes identidades territoriales que habitaban hacia ambas vertientes de los Andes, vivían en contacto por el comercio, como así también por las relaciones de lazos familiares. Esto echa por tierra toda tesis esencialista de la etnia como algo puro, estático e inmóvil.

Teniendo en cuenta este planteo, veremos el desarrollo, en lo que hoy conocemos como Pampa y Patagonia, de un gran proceso de relaciones sociales, políticas y de parentesco entre diferentes parcialidades de tehuelche, pampa y mapuche que dio lugar a diferentes gentilicios y jefaturas.

 

¿Cuál es el planteo que subyace en los manuales de Historia y Cs So para abordar el estudio histórico sobre el pueblo mapuche?

El Diseño Curricular de Secundaria de la Provincia de Chubut plantea la enseñanza de la historia de los pueblos originarios de América en los 3 años del Secundario Básico (ESB) y en el 4 año del Secundario Orientado (ESO). En primer año, los contenidos se relacionan con Incas, Mayas y Aztecas, consideradas las “grandes civilizaciones” de América, temáticas que se abordan en paralelo al poblamiento del mundo y al surgimiento de la agricultura y los viajes expansionistas ultramarinos. En 2 año, los alumnos aprenden sobre las mismas civilizaciones, aunque no tanto sobre los Mayas, ingresando al escenario áulico los pueblos Quechua y Aymará. El espacio geográfico, se divide en Mesoamerica (Mayas y Aztecas) y la región Andina como un bloque que incluye a los pueblos Quechuas y Aymará, culminando en Patagonia con la historia del pueblo Tehuelche. El estudio, se centra en Incas y Aztecas, los dos grandes Imperios que fueron derrotados por los conquistadores españoles en el siglo XVI. Siguiendo un criterio cronológico, luego de la conquista de estos imperios, se trabaja en la organización política y territorial del Imperio Español dando cuenta de la creación del Reino de Chile, momento en que cobran protagonismo y entran a la historia los mapuche. No obstante, esta incorporación no se hace mención alguna a la resistencia del pueblo mapuche ante la presión española; proceso de larga duración que duró 300 años y es conocida como la “Guerra del Arauco”[1].

La omisión de tres siglos de historia, invisibiliza la agencia del pueblo mapuche que resistió la expansión española mediante la guerra y la paz. Las autoridades mapuche, llamados longko, instauraron una sucesión de parlamentos con los conquistadores ibéricos, quienes reconocieron la soberanía e independencia del pueblo originario en parte de sus territorios. Esta narración, en primera persona es omitida, predominando el relato centrado en el Estado-nación como sujeto protagonista de la historia.      

En 3° año de ESB, los alumnos aprenden sobre el proceso de formación del Estado Argentino y la configuración territorial del espacio denominado Pampa y Patagonia. Los mapuche han sido victimas de un pasado y presente que perpetúa prácticas de invisibilización y genocidio. Es por está razón, que es valido pensar, que como cultura, son parte de un todo expropiado, despojados sangrientamente de sus tierras.

Cabe resaltar que en cada periodo, este despojo se llevó a cabo con sus particularidades y como parte de una política integral, funcional a las transformaciones de las estructuras económicas dentro del sistema.

En el contexto de construcción del Estado-Nación, hablamos de un capitalismo en expansión, pues buscaba abarcar mayor territorialidad con el fin de propagar sus relaciones sociales y de producción. Este proceso, toma mayor resonancia en los habitantes originarios de la Patagonia hacia 1879 con la irrupción de lo estatal en el espacio fronterizo a través de la mal denominada “Conquista del Desierto”. De esta manera el estado es la herramienta de la clase dominante para abrir surcos en los “nuevos territorios inhóspitos”-como se los denomina desde la Historiografía oficial- y configurar un nuevo orden social, basado en nuevas relaciones sociales determinadas desde el poder estatal; catalogando desde una división del espacio, entre quienes se encuentran dentro y quienes se encuentra fuera de la matriz Estado-Nación-Territorio. En la actualidad, algunos textos escolares[2], difunden la idea de que los mapuche son oriundos de Chile. Este proceso, se ha explicado bajo el nombre de “Araucanización de las Pampas” y la organización de un saber en torno a dicha explicación ha sido desarrollada por la Escuela Histórico-Cultural[3]. Según la interpretación de dicha escuela, en el siglo XVII los mapuche, al verse presionados por la presencia de los españoles, habrían cruzado la cordillera hacia el este y en ese proceso habrían desatado una “nueva invasión” sobre otros pueblos originarios que algunos investigadores[4] no dudan en calificar de “argentinos” aunque no existía un país, ni un estado, con tal nombre y menos aún el Virreinato del Río de la Plata. Esta teoría basa sus fundamentos en el maridaje etnia-nación por lo cual, en el imaginario del discurso nacionalista, el mapuche es representado como extranjero y responsable de la desaparición de otros pueblos, por ej. los pampa y tewelche, consideradas etnias autóctonas de estas tierras. El mas ardiente defensor de esta postura es Rodolfo Casamiquela quien basándose en criterios raciales concluye que determinados caracteres biológicos presuponen una identidad étnica y una cultura, en sus palabras: “los pueblos no se construyen en el contacto. Si son etnias diferentes en principio son enemigos”[5]. Como sostiene Vezub, “este razonamiento se dificulta ante la evidencia histórica de que el mestizaje, y la intrincada red de matrimonios provocaban que todos fuesen parientes de una u otra forma, según el decir de Bengoa.[6]Por otra parte Casamiquela sostiene que los mapuche arribaron a la patagonia, al sur del río Limay, luego de las campañas militares de conquista y sometimiento, iniciadas en 1879. El Historiador Walter Del Río, la antropóloga Ana Ramos, y el politólogo Adrián Moyano, en numerosos escritos[7], han criticado este posicionamiento hegemónico de las categorías etnológicas en Patagonia, con fuerte filiación en lo tewelche, porque niega la historicidad de otros sujetos como los mapuche, y por otro lado porque ha sido tomado como marco de interpretación de una “historia oficial chubutense” con amplias implicancias directas y discriminatorias en materia jurídica, principalmente en relación a la tierra.

Por ello, la hipótesis de la “araucanización” es una nefasta construcción histórica por parte de los científicos sociales, que veta todo tipo de reivindicación actual a las parcialidades de mapuche que se hallan en el territorio argentino, y continúa reproduciendo una mirada oficial de los hechos, que se apropia y captura la memoria, territorializándolos en el lugar del otro interno. (Del Río, 2005)

En este contexto de situaciones, nuestro propósito es ofrecer a los colegas docentes un enfoque didáctico, que promueva en los planes de estudios del Nivel Medio, un relato en el que el pueblo mapuche sea representado como sujeto protagonista de los procesos históricos. Para ello es preciso revisar la enseñanza de la historia del pueblo mapuche en Puelmapu[8] y en el Gulumapu[9], demostrando su preexistencia y desarrollo simultáneo hacia ambas vertientes de los Andes. El trabajo con mapas y fuentes documentales históricas nos posibilitan entender relaciones de contacto entre identidades territoriales que se hallaban unidas por alianzas políticas, relaciones de parentesco, cosmovisión, escritura epistolar, toponimia y comercio.

Propuestas para una secuencia alternativa

Es menester aclarar que los objetivos propuestos a continuación, son transversales a la dinámica sugerida en esta ponencia; ya que nuestro interés es abordar las distintas problemáticas de manera integral, por lo tanto consideramos las siguientes variables.

Objetivos:

1-Reconocer la preexistencia del pueblo mapuche como pueblo originario prehispánico.

2-Analizar críticamente la formación de los estados nacionales de Chile y Argentina como un proceso que comienza en el siglo XIX.

3-Reflexionar sobre la situación actual del pueblo mapuche tanto en Chile como en Argentina tomando en cuenta la cronología de larga duración.

4-Debatir en torno a las representaciones de las agencias estatales y mapuche.

5-Revisar los discursos e imágenes instalados en los textos escolares que reproducen la hegemonía de la agencia estatal.

6-Promover en el ámbito educativo, una mirada desde la multiperspectividad.

 

Líneas posibles de trabajo

 

Trabajo con fuentes de primera mano. Los testimonios de Claraz y Musters.

Trabajar con crónicas de viajeros, exploradores, estadistas y científicos nos permite la construcción del relato desde la experiencia, la subjetividad y el contexto de hombres de época, contemporáneos a los sujetos con quienes se relacionaron y convivieron. Aquí no vamos a hacer juicios de valor por la concepción estética, ideológica y política de los autores puesto que, como todo sujeto social, forman parte de un contexto espacial y temporal determinado. La selección de estos dos testimonios responde al contexto de postrimerías del siglo XIX donde se puede advertir que la presencia del Estado Nacional se concentra en algunos puntos de avanzada, los llamados fuertes o fortines, y que Pampa y Patagonia se encuentran pobladas y gobernadas por diferentes parcialidades de Pueblos Originarios.

 

El territorio antes del malon blanco.

 

El texto de George Claraz de 1865-1866

Esta fuente nos ofrece el testimonio en primera persona de un explorador suizo que inició una expedición hacia la Patagonia partiendo desde Bahía Blanca pasando por la meseta de Río Negro y Chubut. A los fines didácticos de esta ponencia interesa trabajar las traducciones en tres lenguas (mapuche, pampa y tehuelche) que realizan los baqueanos, guías del explorador, respecto de la toponimia, flora y fauna. Ello es un claro ejemplo de prestaciones culturales y convivencia en un territorio compartido, no obstante del relato se perciben algunos problemas en cuanto a los límites de los territorios ocupados por las parcialidades, hecho que suscito algunas peleas en tiempos pasados. La importancia de la toponimia como fuente de análisis, redunda en la apropiación y usos del territorio por parte de los pueblos originarios, donde el Estado no tiene injerencia ni conocimiento alguno. La crónica da cuenta de muchas similitudes en cuanto a las creencias y las relaciones de parentesco entre pueblos. Como recurso para trabajar en el aula resulta de sumo interés la carta que escribe Antonio, líder de una parcialidad Pampa, dirigida al líder de la Colonia Galesa, Lewis Jones. En la escritura epistolar (resultado de un proceso colectivo de producción) se da cuenta de la territorialidad de los diferentes pueblos (Pampas, Mapuche y Tewelche), de las fronteras con el Gobierno de Buenos Aires, del tratado de paz y las relaciones comerciales con Bahía Blanca y Patagones, y de la obligación de la Colonia Galesa de comerciar con los Pampas auto representados como los dueños de la tierra y en tal carácter reclaman al estado una indemnización por la colonización en las costas del valle inferior del río. Se detalla la producción que ofrece Antonio para comerciar con los galeses, el tipo de moneda de cambio, las mercaderías que necesitan y la posibilidad de un interprete que hable algo de castellano para comunicarse. Del texto se desprende la idea de una Patagonia ocupada por diferentes parcialidades de pueblos originarios que se relaciona entre sí y con el Estado Argentino en materia de geopolítica y tratados comerciales antes, mucho antes de las campañas militares de genocidio y exterminio.

 

George Musters y el largo itinerario desde Santa Cruz al País de las Manzanas

En el año 1870 el marino inglés, George Musters, arriba las costas de Santa Cruz y entabla relación de amistad y convivencia con un grupo de Tewelche. Viviendo con la parcialidad de Casimiro Biguá inician un recorrido desde el sur hacía los toldos del longko Valentin Sayweke en el País de las Manzanas, sobre la vera del río Caleufu.

La obra es de un valor histórico inestimable puesto que describe situaciones de la vida cotidiana y costumbres de los tewelche y mapuche, de la importancia del parlamento, como instrumento político para sellar acuerdos con las autoridades de fronteras y entre diferentes líderes reconocidos al frente de una parcialidad. En la obra se destaca la incorporación paulatina de distintos líderes y sus allegados y la confirmación, mediante varios parlamentos, de Casimiro como líder reconocido para relacionarse con las autoridades de Buenos Aires.

Los docentes pueden plantear un debate sobre las representaciones en torno al imaginario instalado por la narrativa nacionalista de la tesis de la Araucanización y la “tardía presencia” de mapuche en Chubut. A tales efectos es pertinente el capitulo VI titulado: De Teckel a Geylum, allí el marino inglés nos da cuenta del encuentro entre los tewelche de Casimiro con los mapuche del longko Quintuhual en las inmediaciones de Esquel, y de la convivencia entre ambas parcialidades rumbo a la ruka de Sayweke. Según el relato de Musters, su amigo Orkeke, tewelche, le había comentado que en la confluencia de los arroyos Canquel y Tecka, al norte, comenzaba el “país de los araucanos”.  

Otras líneas para trabajar el texto pueden ser, las relaciones de parentesco entre miembros de ambos pueblos, esto permite analizar la preexistencia y demostrar que el contacto era una realidad concreta hacia fines del siglo XIX. Por otra permite adentrarnos en el reconocimiento que cada líder tenía sobre su territorialidad y con ello sus particularidades; y finalmente, podemos estudiar la dinámica de la cuestión política, representada en los distintos acuerdos consensuados en los parlamentos, entendidos como espacios de deliberación colectivo.

 

Representaciones en debate

Los docentes sabemos que ningún conocimiento es neutral y que toda clasificación o denominación que aluda a personas o grupos de personas está atravesado por la dimensión ideológica.

Los conquistadores españoles utilizaron como criterio de clasificación social la idea de raza, según la cual una supuesta diferencia en la estructura biológica ubicaba a los conquistados en situación natural de inferioridad respecto de aquellos. Los pueblos conquistados y sometidos formaron parte de la alteridad que llevaron a cabo los españoles en América bajo el concepto “indios”, término que omite las diferentes identidades existentes en América. El relato del Estado, en tanto agente de la historia, clasifica, homogeniza el colectivo de pueblos originarios, los despoja de su identidad originaria marcando sobre sus cuerpos la herencia colonial (“indios”, “indígenas”) y con el paso del tiempo la admisión de una nueva identidad común negativa (“indígenas argentinos”) que da cuenta de la colonialidad del poder (Quijano, 2001). El discurso de la nación necesita de los “otros” para justificar su proyecto, el “nosotros” la “mismidad”, por ello la idea de “civilización” necesita de un “otro” “indio”, “salvaje”, y “bárbaro”.

Para generar un debate en el aula proponemos trabajar con el concepto identidad territorial. El concepto de identidad territorial lo utilizamos en el sentido dado por Carlos Ruiz Rodríguez[10], como instancia intermedia entre la comunidad y la nación originaria. Esto permite analizar las particularidades de cada unidad local y las de la cultura mapuche en su generalidad. De esta forma el autor concluye que la unidad cultural (lingüística, filosófica y social) entre las parcialidades de uno y otro lado de la cordillera, eran una realidad al momento de la llegada de los españoles y que el pueblo mapuche es un pueblo originario porque antecede a la corona española y a los Estados de Chile y Argentina. Pero a diferencia del etnocentrismo europeo, las clasificaciones que se hacen desde el centro del hábitat de los reche-mapuche del Gulumapu no conllevan una relación de dominación sobre las demás parcialidades sino más bien una intrincada red de relaciones sociales basadas en el parentesco, las alianzas políticas y el comercio. Al respecto nos parece pertinente la siguiente apreciación de Manuel Porcel de Peralta: “Los Tehuelches: Gente del Sur, ocupan las hoy provincias de Santa Cruz y Chubut y el sector chileno que corresponde a la misma latitud. El norte de Chubut está poblado por los Puelches: Gente del Este. La parte sudoeste del Río Negro la ocupan los Genakenes. La región de los lagos, que tiene su centro en el Nahuel Huapi, es ocupada por los Vuriloches: Gente de detrás de la montaña o Gente de adentro de la tierra. Esta denominación es lógica, pues hay que tener en cuenta que las designaciones mapuches se hacen desde la falda occidental de la cordillera; y Nahuel Huapi quedaba, para ellos, “del otro lado” o “adentro de la tierra”. El sector cordillerano del Neuquén es ocupado por los Moluches: Gente del Oeste. Dice el padre Ernesto Whileem de Moesbach, en su estudio de los nombres aborígenes de Chile, que Moluche es una deformación de Nuluche o Ngoluche. Ngllun: ponerse el sol. Ngullu: Poniéndose el sol. Gente de donde se pone el sol o Gente del Occidente. […] el sector occidental de la cordillera está ocupado al sur por los Pehuenches y al norte por los Picunches: Gente del Norte.”[11] Cabe aclarar que el autor incurre en un error cuando alude a los moluche como habitantes de Neuquén. Los habitantes de esta zona son denominados huilliche[12] y también huilliche manzaneros[13]. Como podemos percibir, la centralidad de las denominaciones está expresada en la lengua zungun, lengua del pueblo mapuche. En la misma obra, Porcel de Peralta explica el origen de los vuriloche (también escrito como furiloche) como una parcialidad perteneciente a la identidad global mapuche y que tiene en común con ésta, las mismas costumbres (vestimenta, estética), eligen toqui para los tiempos de guerra, practican kamaruco y nguillatun y comparten los mismos dioses y la leyenda de la creación mapuche basada en la lucha entre las serpientes Ten-ten y Kay-kay.[14].

Las diferentes parcialidades según su ubicación geográfica tomaban un nombre que estaba intrínsicamente relacionado con la naturaleza y que dio origen a diferentes identidades territoriales, en algunos casos el nombre se relacionó con un sentido de ubicación cardinal respecto de los reche-mapuche del Gulumapu.

De esta manera la expresión williche no es una definición etnográfica sino geográfica, define a la gente del sur, en lengua zungun. Lo mismo cabe para picunche (gente del norte), rankülche (gente de los carrizales), puelche (gente del este), chadiche (gente de las salinas), mamulche (gente de los bosques), furiloche (gente del otro lado de la cordillera). En relación a ello vaya como ejemplo esta observación que hace el explorador Guillermo Cox citando a Falkner cuando se refiere a la zona del río Limay: “Los indios le llaman Limay-leufu, porque los valles y pantanos por donde pasa, abundan en sanguijuelas; y los huilliches le llaman Limay; y al país Mapu-Limay; y a sus moradores, Limaicheés[15] Las características ambientales del espacio dan lugar a las identidades territoriales: los que habitan la zona de algún lago son lafquenche, los del río leuvuche, los del monte mamulche, los de alguna zona de pastizales rankülche, los del pehuen pewenche. A medida que los pueblos prehispánicos van poblando el territorio, generan una nueva memoria sobre el espacio que incorporan y transforman. Así el longko Valentín Sayhueque llamó a su territorio “País de las Manzanas” siendo su parcialidad conocida como manzaneros. Kallfucüra denominó a su territorio Chadihue, lugar de las salinas, siendo su parcialidad reconocida como salineros, chadiche, en mapudungun. Pavez Ojeda[16] identifica a Kallfucüra como llaymache nguluche porque su procedencia de origen es la región del Llayma y en las pampas de Puelmapu su identidad territorial es chadiche. Ello es un claro ejemplo de la dinámica que caracteriza a las identidades territoriales y lo que permanece en común a todas ellas es la organización social, política, económica y cultural.

La denominación mapu hace referencia a la idea de región que era ocupada por una parcialidad. Según Fabián Arias la toponimia de estas regiones tiene que ver con las características del ecosistema que los grupos que la habitan quieren destacar. De esta manera la denominación huichin hace referencia a la tierra de los mallines, “tierra de las Manzanas” al fruto que habrían llevado los jesuitas, y wechu wewun, vega del límite.[17] Lo que vemos entonces es la experiencia del espacio como una instancia subjetiva. Es decir, como una re-presentación que llevan a cabo los sujetos históricos al transformarlo, al habitarlo o transitar por él.

 

Mapuche, pueblo originario

El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo Sobre Pueblos Indígenas y Tribales del año 1989 y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, sancionada en 2007; establecen que se aplica el presente cuerpo de normas a los pueblos en países independientes considerados indígenas por descender de poblaciones que habitaban en el país o en una región geográfica a la que pertenece el país, en época de la conquista o la colonización o del establecimiento de las actuales fronteras estatales. Respecto de ello podemos cambiar la leyenda pueblos indígenas por pueblos originarios y ratificar que mapuche, pampas y tewelche, por nombrar pueblos de Pampa y Patagonia, son pueblos originarios porque anteceden en el tiempo y el espacio a la construcción del colonialismo español y a la posterior construcción del Estado-Nación Argentina.

Para trabajar en la idea de preexistencia y desarrollo simultáneo del pueblo mapuche hacia ambas vertientes de Los Andes, podemos basarnos en el análisis de las siguientes categorías: comercio, alianzas políticas, relaciones de parentesco y comunicación epistolar.

 

Comercio

En relación al comercio, el historiador chileno Carreño Palma[18], analizando la sociedad de frontera (siglos XVII-XVIII), el contacto entre la sociedad criolla y los pueblos originarios en la conformación del circuito económico de Valdivia, Araucanía y las Pampas, hace alusión a los pewenche y williche asentados a ambos lados de la cordillera, en la latitud correspondiente a Valdivia y Neuquén respectivamente. Estas parcialidades fueron fundamentales en el amplio circuito comercial que unía la producción ganadera de las llanuras pampeanas con los mercados del Pacífico. Ellos comerciaban directamente con los hispano-criollos y actuaban como intermediarios con aquellos grupos que no estaban en contacto con el blanco. El comercio era un vínculo vital para las parcialidades. De esta manera los rankülche (gente de los carrizales) de Mamül Mapu (País del monte) constituían un importante mercado para los pewenche y para los williches, quienes concurrían a permutar ponchos por hacienda que era destinada principalmente al mercado chileno[19]. Entre las parcialidades mapuche era importante reservar en secreto los pasos cordilleranos que comunicaban con las plazas comerciales, especialmente Valdivia[20]. El padre Menéndez, en su tercera incursión al lago Nahuel Huapi, puso en riesgo su vida cuando cruzó desde el reino de Chile sin permiso por el paso de Rancó. Después de una junta entre pewenche y puelche acordaron cerrar definitivamente el paso; los comerciantes debían respetar una formalidad para ingresar en sus territorios. Este es otro ejemplo del fluido contacto entre parcialidades hacia ambas vertientes de los Andes, en este caso entre pewenche, puelche y serranos[21] de Ranco que en el discurso de Casamiquela aparecen como diferentes, opuestas, enemigas. El argumento empleado por la etnografía de Casamiquela para clasificar a las etnias, consiste en atribuirle a lo geográfico un carácter condicionante de lo social, es decir, el medioambiente opera como un límite en la conformación de diferentes etnias. De esta manera la cordillera de Los Andes divide a los mapuche, ubicados hacia el oeste, de los tewelche y pampas, ubicados hacia el este. Esta forma de proceder lo lleva a identificar la totalidad del pueblo mapuche con la parcialidad “araucana” comprendida entre los ríos Toltén y Cautín.

 

Alianzas Políticas

Cuando los españoles comenzaron a invadir el espacio ocupado por las diferentes parcialidades mapuche, cobraron relevancia las alianzas políticas que, en algunos casos, se extendieron hasta las últimas batallas libradas ante el avance de los Estados-Nación argentino y chileno.

El famoso poeta Alonso de Ercilla, en su obra La Araucana, da cuenta de la alianza entre puelche y guluche (gente del oeste, del lugar donde se pone el sol) en el ejército que comandó el toqui Kawpolikan ante los invasores españoles en el año 1569. Otro caso de alianza política lo constituyó la llevada a cabo por los puelche del Neuquén y parcialidades de la “Araucanía” en el siglo XVI, cuando los españoles incursionaron en sus territorios en busca de esclavos.

También los puelche apoyaron a los lelfunche (llanistas) y a los wenteche (arribanos) contra las avanzadas españolas.

Si bien existía el conflicto entre las diferentes parcialidades, producto de la disputa por recursos, por mujeres, por tratados con la sociedad hispano-criolla, la lucha y defensa de tal territorio constituía un interés en común para todos. De esta manera parcialidades mapuche y tewelche se aliaban en momentos críticos. Así lo evidenció el jesuita Thomas Falkner en el siglo XVIII cuando menciona a los leuvuche (gente de los ríos) que habitaban las márgenes del Río Negro, y que en caso de guerra acudían a su llamado los chechet, tehuelhet, huilliche y pehuenche.[22]

Desde una clave político-militar Leonardo León Solís en 1981, explicó los lazos de intercambio político y solidaridad militar establecidos a través de los Andes entre distintas parcialidades. Al respecto nos interesan las relaciones culturales y lingüísticas que existían a mediados del siglo XIX en un amplio territorio (sur de Mendoza, San Luis, Córdoba, regiones occidentales de Buenos Aires hasta el sur austral con un apéndice sobre el Pacífico). Más allá de las buenas intenciones del autor, su postura cae en el planteo de la escuela Histórico-Cultural, ya que entiende que esa unidad cultural es producto de una continuidad relacionada con la “Araucanización de la Pampa” y da por resultado la conformación de lo que denomina “territorio indio”. Sin embargo, siguiendo al autor, interpretamos que esa comunidad cultural y lingüística fue la base que permitió el origen de confederaciones militares que unían a Calfucura con rankülche, williche y serranos-pampas de Tandil. Si bien uno de los objetivos de la alianza política eran las malocas para obtener ganado que era comercializado en la República de Chile, el interés central de la resistencia mapuche era la autonomía territorial y política ante Chile y Argentina. La maloca representó el resultado de un esfuerzo común y coordinado realizado por los arribanos (wenteche) y sus aliados de las pampas, de agrupar a sus guerreros bajo un mando homogéneo. Al morir Calfucura y al ser derrotado Quilapan, se acabaron las posibilidades de una alianza a través de los pasos andinos capaz de detener el avance de los blancos[23]. Con ello concluyó el periodo de autonomía e independencia política de los arribanos y sus aliados de las pampas.

 

Escritura mapuche y relaciones de parentesco

El investigador chileno Pavez Ojeda centra su atención en la producción y circulación epistolar en el interior del Wallmapu, territorio mapuche en sentido global[24], durante el siglo XIX (desde 1803 hasta 1898). El recorrido cronológico de las cartas va desde antes de las guerras de independencia de Chile y Argentina hasta las campañas militares de conquista y ocupación del Wallmapu por ambos estados. Las autoridades mapuche, longko, contaban con secretarios letrados, que podían ser mapuche o no, pero que fueron relevantes en la producción de documentos relativos a cuestiones políticas, económicas y familiares. A los fines de este trabajo nos interesa el posicionamiento político de algunos pu longko que refuerza las mencionadas alianzas políticas en pos de la defensa de un territorio común, los tratados de paz, las acciones de guerra y las relaciones de parentesco. Este último aspecto es nodal para explicar las intrincadas relaciones de contacto entre las diferentes parcialidades que desestabiliza todo concepción de las etnias como algo puro, estático, inmóvil, tal como vimos en la lectura de Casamiquela. Un ejemplo concreto que cierra e ilustra las líneas que venimos exponiendo es el caso de Pablo Millalikang. Estudió en el Seminario de Naturales de Chillán, donde tomó contacto con la causa independentista de O`Higgins, se enroló en el Ejército de los Andes del General San Martín, llegó al grado militar de teniente coronel. En 1827 migra a las pampas con los foroweche, se convierte en escribano oficial de los pu longko Mariano Rondeao, Meliñ, Kaniwllang y de su primo Ignacio Kaniwkir. Establecido en los toldos de las pampas establece estrecha relaciones con los rankülche, los foroweche y con las autoridades argentinas, en especial con Juan Manuel de Rosas.[25] Otro ejemplo es el de Ambrosio Payllalef, ülmen letrado de Pitrufken, emparentado con Bernardo Namunkura (nguluche, secretario y sobrino de Juan Calfukura, longko de Salinas Grandes), Valentín Sayweke (longko Huilliche-manzanero) y Antonio Loncochino (mapuche-huilliche secretario letrado de Valentín Sayweke),

 

Conclusiones

Los aportes presentados en esta ponencia, son solo sugerencias que queríamos compartir con los docentes del nivel medio, ofrecer algunos recursos y construir distintos puntos de vista para tener en cuenta a la hora de confeccionar las producciones áulicas. La intención general fue contraponer dos maneras de representación diferentes sobre un hecho del pasado que tiene implicancias en el presente. Nos referimos al poblamiento de Pampa y Patagonia por parte de los pueblos originarios y la posterior ocupación por parte del estado argentino. Al respecto notamos que el error más grande de la Escuela Histórico-Cultural, y en especial de Casamiquela, es darle una existencia a priori al Estado-Nación argentino, marcando sus límites actuales para la época del Virreinato del Río de la Plata, colonia del Imperio Español, mostrando su nacimiento en la Revolución de 1810 y en la declaración de la Independencia de 1816[26]. Es una interpretación de corte nacionalista que hace una racionalización del tiempo marcado por el progreso, el desarrollo capitalista y la formación del estado y que no duda en calificar a ciertos grupos, como a los mapuche, de “extranjeros”. Esta forma de analizar a los pueblos originarios por parte de las investigaciones antropológicas en Patagonia tiene que ver con la filiación que hacen entre la determinación geográfica de la raza, la lengua y el territorio para definir los contornos de las etnias.[27]

Entendemos que todo proceso histórico tiene un desarrollo en el tiempo y el espacio y que la presencia estatal, efectiva, de control y dominio sobre Pampa y Patagonia acontece cuando se suprimen las fronteras entre el estado argentino y las parcialidades mapuche y tewelche con las campañas militares de exterminio de 1879 y para el caso de Chubut con las últimas batallas de 1883-84 y la posterior rendición de algunos líderes principales, siendo el longko Sayweke el último en hacerlo hacia 1885.

Como propuesta alternativa a estas producciones planteamos otro marco de interpretación tomando como referencia las ideas de: identidades territoriales, comercio, relaciones de parentesco, alianzas políticas y producción epistolar, para ver la apropiación que los pueblos originarios hicieron del territorio que habitaban, la forma en que transformaron el espacio y la memoria que generaron sobre el mismo. De esta manera, mapuche es la unidad cultural (lingüística, filosófica y social) que como centro de referencia marca el sentido de los significados que toman las diferentes parcialidades que llamamos identidades territoriales.

Edward Said[28] nos alertaba respecto de la elaboración epistemológica del término Orientalismo, como una degradación del conocimiento. Lo mismo vale decir para la elaboración de la “Araucanización de Pampa y Patagonia” porque se la ha utilizado como argumento por parte de la justicia para entregar títulos de tierras. Adrián Moyano cita el caso de una familia mapuche de Lago Puelo que pidió al municipio la regularización de la propiedad de la tierra que habitaba hace años. El asesor letrado de la municipalidad dictaminó que: “no correspondía reconocerle la propiedad de sus tierras a la familia demandante, porque en su consideración el pueblo mapuche era chileno y en consecuencia, no correspondía incluirlo dentro de los nuevos preceptos de la Constitución Nacional, que como ya dijimos se refiere a “pueblos indígenas argentinos”[29]

 

 



[1] Denominación empleada en algunos manuales de Ciencias Sociales e Historia; por ejemplo Historia, 2007, Ediciones Santillana S.A. Buenos Aires, pág. 114.

[2] Un ejemplo es el Manual de Ciencias Sociales Santillana. En Mariana Arzeno [Et. Al] Ciencias Sociales 8, 2010.

[3] La Escuela Histórico-Cultural es una corriente antropológica que tiene sus orígenes en Alemania, Europa, siendo sus teóricos fundadores Ratzer, Frobenius y Graebner. En Argentina fue introducida por José Imbelloni en la década del `30 cuando se institucionaliza el saber antropológico (con los museos de ciencias naturales y etnografía, las cátedras de antropología, y los congresos americanistas), hecho que coincide con un auge del nacionalismo argentino. En Lazari, Axel y Lenton Diana: “Etnología y nación: facetas del concepto de araucanización”. En Revista de Antropología Avá Nº 1, Programa de Postgrado en Antropología Social, Universidad Nacional de Misiones, 2000. p 3.

[4] Entre otros se pueden mencionar estos autores; Miguel Palermo. “Reflexiones sobre el llamado ‘complejo ecuestre’ en la Argentina”. Runa. Archivo para las Ciencias del Hombre XXII, Instituto Ciencias Antropológicas, UBA, 1989. Rodolfo Casamiquela; Rodolfo Casamiquela “racista anti-mapuche”…o la verdadera antigüedad de los mapuches en la Argentina. Trelew, Edición del autor, 2007. Roberto Porcel La araucanización de nuestra pampa. Los tehuelches y pehuenches. Los mapuches invasores. Buenos Aires, Edición del autor, 2007.

[5] Vezub, Julio: Tesis Doctoral: “Valentín Saygueque y la ‘Gobernación Indígena de las Manzanas’ Poder y etnicidad en Patagonia noroccidental (1860-1881). Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Tandil, 2005.pp. 26-27.

[6] Vezub, Julio: Op. Cit. p 27.

[7] Se pueden consultar las siguientes producciones: Walter Del Río. Memorias de expropiación. Sometimiento e incorporación indígena en la Patagonia (1872-1943), Editorial de la Universidad de Quilmes. Buenos Aires. 2005. Walter Del Río y Ana Ramos. “Trayectorias de oposición. Los mapuches y tehuelches frente a la hegemonía en Chubut”. En Briones Claudia (comp.). Cartografías argentinas: políticas indígenas y formaciones provinciales de alteridad. Ed. Geaprona-Antropofagía, Buenos Aires. 2005. Ana Ramos. “El mapuche del sur”. Entre las categorías etnológicas, los usos políticos y las agencias de la historia. XXII Jornadas Interescuelas. Bariloche, 2010. Moyano, Adrián. Crónicas de la resistencia mapuche. Ed del autor, Bariloche, 2007.

[8] En mapuzungun significa la tierra del este, de donde sale el sol, el oriente.

[9] En mapuzungun significa tierra del oeste, donde se pone el sol, el poniente

[10] Ruiz Rodriguez, Carlos: “Migraciones y contacto entre los pueblos originarios de Chile y Argentina en el periodo prehispánico y en los siglos XVI y XVII”. En Moyano, Adrián: Crónicas de la resistencia mapuche. Bariloche, edición del autor, 2007.

[11] Porcel de Peralta, Manuel: Biografía del Nahuel Huapi. Buenos Aires, Ediciones La Flor, 1969, pp. 30-31. destacado en el original. El destacado en negrita es nuestro.

[12] Mandrini Raúl y Ortlli Sara. Volver al país de los Araucanos .Buenos Aires. Editorial Sudamericana, 1992, p 163

[13] León Solis, Leonardo: “Alianzas militares entre indios araucanos y los grupos de indios de las pampas: la rebelión araucana de 1867-1872 en Argentina y Chile.” En Nueva Historia, Londres, 1981. p 9.

[14] Porcel de Peralta, Manuel: Biografía del Nahuel Huapi. Buenos Aires, Ediciones La Flor, 1969, pp. 118-21.

[15] Cox, Guillermo: Viaje en las rejiones septentrionales de la patagonia (1862-1863). Buenos Aires, Editorial El Elefante Blanco, 2005. p. 33.

[16] Pavez Ojeda, Jorge: Cartas mapuche. siglo XIX. Santiago de Chile, Ed Colibrí/Ocho Libros, 2008

[17] Arias, Fabián: “La región de la “tierra de las manzanas” y la familia de los cacique Bravos durante los siglos XVII y XVIII. Posibles definiciones a partir del análisis de las rastrilladas y del uso del espacio”. En Bandier, Susana. Blanco, Graciela y Varela Gladys (directoras): Hecho en Patagonia. La historia en perspectiva regional. Neuquén, Editorial Educo, Universidad Nacional del Comahue, 2006. pp. 103.

[18] Carreño Palma, Luis: “Valdivia plaza comercial en la periferia del Imperio Hispánico en el siglo XVIII”. VII Congreso de Historia Social y Política de la Patagonia Argentino-Chileno, Trevelin, 2007, p 9

[19] Manara, Carla Varela, Gladys: “Dinámica histórica de un espacio norpatagónico: de las primeras sociedades indígenas a los últimos cacicatos”en Hecho en Patagonia. La historia en perspectiva regional. Bandieri, Susana. Blanco, Graciela. Varela Gladys (directoras). Neuquén, Ed Educo, Universidad Nacional del Comahue, 2006, p 28

[20] Carreño Palma, Luis: “Valdivia plaza comercial en la periferia del Imperio Hispánico en el siglo XVIII”. VII Congreso de Historia Social y Política de la Patagonia Argentino-Chileno, Trevelin, 2007, pp 12-13

[21] Eugenio Alcamán menciona que según Ricardo Latcham, los serranos: “surgieron de la fusión de los puelche y los huilliches propiamente dichos que se escapaban de las expediciones esclavistas del siglo XVII”. Citado en Moyano,Adrián: El limay y el negro, frontera permeable entre mapuches y tehuelches.” VII Congreso de Historia Social y Política de la Patagonia Argentino-Chilena. Trevelin. Noviembre de 2007. p.65.

[22] Falkner, Thomas: “Descripción de la Patagonia y de las partes adyacentes de la América Meridional.” En De Angelis, Pedro:Colección de Obras y Documentos. Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1972. pp. 129-30.

[23] León Solis, Leonardo: “Alianzas militares entre indios araucanos y los grupos de indios de las pampas: la rebelión araucana de 1867-1872 en Argentina y Chile.” En Nueva Historia, Londres, 1981. p 38.

[24] Refiere tanto al Gulumapu, tierra donde se pone el sol, como Puelmapu, la tierra del este,

[25] Pavez Ojeda, Jorge: Cartas mapuche. siglo XIX. Santiago de Chile, Ed Colibrí/Ocho Libros, 2008, pp 55

[26] Casamiquela, Rodolfo: Rodolfo Casamiquela…Op. Cit. 2007. pp. 44-45.

[27] Vezub, Julio: “La critica histórica y antropológica de los “panoramas etnológicos” de Patagonia”. En Etnia 48, Instituto de Investigaciones Antropológicas-Museo Etnográfico “Damaso Arce”, Olavarría, 2007. p. 8.

[28] Said, Edgard: Orientalismo. Madrid, Ed Libertarias, 1990.

[29] Moyano, Adrián:  Crónicas de la resistencia mapuche. Bariloche, edición del autor, 2007. p. 124.