Documentos-Fuentes

 

Periódico “El Chubut”. 4 de septiembre de 1908. 

Todas las jóvenes deben esperar casarse un día; ¿pero están dispuestas á llenar la difícil misión de la mujer casada?

El saber constituir un hogar dichoso y agradable para el hombre, es un arte que debe aprender la mujer poniendo cuidado especial para adquirirlo.

 

COSTA SUR 

El vapor que nos lleva hacia la Patagonia del Sur parece un arca de Noé; lleva un poco de todo, un pasaje nutrido de caballos, vacas, perros, un gato y un muerto (en la bodega). Sobre todo no olvidarse que lleva carga, esa preciosa, multiforme carga, “modus vivendi” y alma de las empresas marítimas, a la que todo va supeditado: las fechas de llegada y de salida, la estada en cada puerto, la duración del viaje: la valiosa carga que por ser más el tiempo ocupado en cargarla y descargarla que el empleado en navegar, contemplaremos con resignación y oiremos con sobresaltos, al ser transportada con grúas de las bodegas a las chatas y viceversa. Pero no hay que quejarse, ya que de no existir carga no habría viaje y que éste vale la pena.

 

Con fecha 30 de octubre de 1909 entra al Concejo Municipal de Gaiman un pedido de patente municipal para instalar, dentro del ejido urbano, una “Casa de Tolerancia”. De esta manera elíptica se nombraban en ese entonces a los prostíbulos.

 

“Los meses transcurrieron. Llegó el invierno y, como era de esperar, la vida en el Villarino tornóse cada vez más dura. Breves los días, muy frecuentes los temporales, y el cada vez más precario estado del buque, todo contribuyó a que la lucha fuera difícil y desigual. Du­rante el transcurso de las navegaciones, aun con el puente cerrado, el frío era intensísimo; los vientos aus­trales cortaban la piel curtida por la intemperie. Una botella de whisky, cerca de la mano, resultaba por lo mismo elemento indispensable. En los largos meses del invierno la consabida botella tenía su alojamiento en un costado del puente y pasaba de boca en boca. Los tra­gos bebidos por quienes estaban de guardia, tanto ofi­ciales como marineros, se transformaban en calorías exi­gidas por el físico.

 

Entre los discursos que han configurado la identidad-imagen de Patagonia, aquellos que han sido una programática política para su apropiación y conquista, hay una línea central que los articula (y que en cierta manera sigue operativa). Es aquella idea que piensa a esta zona como un espacio vacío, inhabitado, cuya vastedad muchos viajeros imaginaban (e imaginan) como un tablado en el cual se despliega el espectáculo de un origen natural y antropológico.