Me preguntas como me fuí de allí y que impresiones he traído.

Siendo algo viejo ya en el campo de la Patagonia, tengo poco lugar para los sentimientos.

Sin embargo es deber mío contarle la recepción que nos han acordado en todo el viaje los honestos trabajadores y sus familias, pobladores en los parajes Nor-Oeste de aquí, gente de buen corazón y hospitalaria, que basan la vida retirada, cuidando las majadas que hacen vivir á nosotros del pueblo.

¿Si no es así? dígame cómo es que nuestro comercio ha vuelto tan triste con la baja en el precio de las lanas.

Pero eso no vamos á discutirlo ahora, lo único que trató de decirle es, que el poblador chico y pobre, que pasa los malos ratos afuera, es hombre de buen corazón. Hablando de pobladores, hemos tenido la buena suerte de caer en casa, (un humilde rancho de barro sin puerta) de un galense recién casado con una señorita culta de buen gusto, que, apenas hace un año, dejó la vida acomodada y lúcida de la sociedad de sus padres en Gales, y vino con su esposo para acompañarle en su destierro voluntario, metido con sus ovejas en la costa de un arroyo.

Por quince años, según me conté la buena mujercita, tocó los órganos en la capilla galense; ahora le toca atender los órganos digestivos de su marido.

Llegar en casa de los esposos, después de pasar por los ranchos de los pobladores solteros, es como salir del hogar de la desesperanza, y la vida tosca y a veces bruta, y caer en el hogar de los delicias.

¿Y qué es que trae recuerdos dulces de los hogares de nuestros padres, dejados ya hace años en el viejo mundo?

¿Será la limpieza inmaculada de la persona, en el rancho, en todo que le toca á ella, la comida y las conversaciones?

Algo es que nos falta por lo general aquí. No podemos precisarlo, pues es algo de que no estamos acostumbrado á gozar que solamente existe en nuestros recuerdos de antaño.

Sus compatriotas del Valle de leche y miel, los Israelitos de hoy día, gente elegida de Dios y criada aquí, pueden fingir superioridad y .expresar compasión para el marido, hombre de campo viejo que, cuando estaba por casarse, se acordó del inexplicable algo, que falta muchas veces á las amazonas del Chubut.

La compasión tiene que ser bien fingida, pues la pobre mujer de cultura, aunque no estaba, criada en los campos patagónicos, cuando le manda el deber, se levanta superior á la ocasión y se presenta el rostro contento y complacente, combatiendo el aburrimiento que indudablemente debe de sentir tejiendo.

T. W. A.

(Ortografía como en el original):