Periódico “El Chubut”. 4 de septiembre de 1908. 

Todas las jóvenes deben esperar casarse un día; ¿pero están dispuestas á llenar la difícil misión de la mujer casada?

El saber constituir un hogar dichoso y agradable para el hombre, es un arte que debe aprender la mujer poniendo cuidado especial para adquirirlo.

La limpieza y el arreglo de la mujer y de la casa, son las principales bases para formar un feliz hogar.

Dentro de los medios con que se cuenta para vivir, la buena dirección de la mujer y la dulzura de su carácter, son los lazos que aten al hombre a los deberes del marido.

Para conservar vivo el amor del marido, la mujer debe presentarse á él todos los días sin desmerecer en el arreglo de su persona, del primer día en que se conocieron.

El abandono de la mujer trae el desvío del hombre por el desvanecimiento de la ilusión.

Para que el hombre no se canse de su hogar, preciso es hacérselo más agradable y preferible que el hogar ajeno.

La mujer, cualquiera que sea su posición, debe aprender cuanto se relacione con el arreglo de una casa y el cuidado de una familia para saber mandarlo, si tiene criados, ó hacerlo ella misma si la obliga la necesidad

Entienda la mujer que conquista el corazón de un hombre por el amor, que está en ella, el conservarse dueña y señora de su conquista, como también el perderla.

Ningún hombre que se casa enamorado de una mujer, deja el cielo de su casa por otro cielo, si este se conserva sin nubes que lo empañen.

Procure la mujer dominar los sentimientos del hombre para mejorarlos con la miel de las bondades, pero guárdese de colocarse en el pedestal de la imposición, por que caerá de él rompiéndose en sus deseos como Ídolo de barro.

Los cuidados que la mujer debe prestar á su marido nunca debe confiarlos á mano ajena, porque la más pequeña separación que se establezca en el matrimonio, puede llegar á ensancharse hasta el desvío.