Con fecha 30 de octubre de 1909 entra al Concejo Municipal de Gaiman un pedido de patente municipal para instalar, dentro del ejido urbano, una “Casa de Tolerancia”. De esta manera elíptica se nombraban en ese entonces a los prostíbulos.

La novedad provocó debates a media voz entre los concejales, quienes no podían razonablemente negarse, siendo que en Rawson ya existía un negocio de esa categoría y estaba convenientemente reglamentado. Sin embargo, siendo Rawson un pueblo portuario, con toda la “rusticidad y el aflojamiento de la moral y las buenas costumbres” que esos lugares suelen imperar. Esto parecía no afectar directamente a los habitantes de Gaiman porque quedaba implícita la necesidad de marineros, changarines y peones sin familia de tener las llamadas “visitas higiénicas”, siempre y cuando mantuvieran una discreta actividad. Además, Rawson quedaba lo suficientemente lejos como para no verlo.

Pero Gaiman, con sus múltiples capillas, los oficios religiosos constantes, la escuela dominical para los niños y la iglesia católica ya instalada por el padre Vacchina, era un lugar “impensable” para albergar tal comercio. Es así como comienzan a formarse comisiones de padres de familia y de vecinos escandalizados por la novedad, quienes se oponen tenazmente a aceptar el otorgamiento de dicha habilitación.

La primera solicitud llega, efectivamente, el 30 de Octubre de 1909 y dice lo siguiente:

 

Al Honorable Concejo Municipal del Distrito de Gaiman.

 

Francisco Alemany, con domicilio legal constituido en este pueblo, ante derecho y como mejor proceda, expongo: que de acuerdo con las patentes respectivas, solicito me  sea concedida la patente de “Casa de Tolerancia” para el ejercicio del año de mil novecientos diez en el solar C, manzana 17 de este pueblo, comprometiéndose el firmante a observar el cumplimiento de los reglamentos vigentes respecto a la higiene, conservación y orden necesario, haciendo si fuese necesario en la entrada una puerta cancel interior a fin de que de afuera no se vea el interior. Ese Concejo establecerá el día de salida de las mujeres comprometiéndome en el interior a observar el mayor orden entre ella y hacerme pasible en caso de contravención a las multas respectivas.

Que no siéndole posible a ese concejo dar una ubicación determinada por cuento los solares existentes son todos de propiedad particular y sus dueños se opondrían a ello, creo ese Concejo no opondrá obstáculo a la ubicación que solicito, máxime si se tiene en cuenta que en la Capital de la República y en Rawson mismo existen estas casas en los radios más centrales del municipio, teniéndose en cuenta que estos deberán estar cercados de pared o zinc canaleta a fin de que desde afuera no se pueda ver su interior como se encuentra el local que señalo con su ubicación.

Que siendo necesarios estos establecimientos a la humanidad para evitar de esta manera la propagación de la corrupción en el seno de las familias, nunca las municipalidades les han puesto obstáculos para concederles la patente correspondiente, pues esto equivaldría a violar las mismas ordenanzas de ese Concejo que sanciona las patentes respectivas para estas casas.

Que el no concedérseles patentes es una pérdida para los intereses de la Comuna por cuanto con dichos ingresos se pueden hacer obras de indispensable utilidad como el alumbrado que se deja de hacer por carencia de fondos y a más sería propagar la prostitución clandestina, que importaría un grave peligro para la salud pública.

Que por lo expuesto y en vista del elevado criterio de esa Honorable Corporación Municipal, creo no se opondrán obstáculos a mi solicitud concediéndome patente íntegra por el año de mil novecientos diez para “Casa de Tolerancia.

Será Justicia. etc.

Francisco Alemany

 

Esta carta está escrita con una letra muy prolija y con una redacción cuidada que no es coincidente con la caligrafía de la firma. Esto demuestra que el solicitante se preocupó por encargarla a un escribiente, probablemente un profesional que se preocupó de hacer buen uso del lenguaje y del poder de la palabra para causar una buena impresión en quienes debían resolver tal tema, y para persuadirlos de que aceptarle la petición sería un acto casi patriótico. Por ejemplo, en el texto se apela a frases efectistas tales como “siendo necesario a la humanidad para evitar la corrupción en el seno de las familias” o sea: la conservación de la fidelidad de las esposas y la pureza de las jóvenes casaderas; “no  conceder la patente equivaldría a violar las ordenanzas” o sea,  exige que se cumpla con la ley. También apela a los intereses económicos cuando dice que “con dichos ingresos se pueden hacer obras de indispensable utilidad como el alumbrado que se deja de hacer por carencia de fondos”. Es decir, no sean bobos, no se pierdan de ganar este dinero tan necesario. Y finalmente, les da el toque de gracia, alegando “Que en vista del elevado criterio de esa Honorable Corporación Municipal”  —y fíjense que no dice Concejo Municipal, sino Corporación, con toda la connotación de poder que esa palabra tiene—  azuzándolos para que desoigan los reclamos de los vecinos, ya que “ellos son quienes mandan y allí están para cumplir con las leyes”.

 

Es evidente que la casa se estableció sin más trámite ya que con fecha 27 de diciembre de 1911, el mismo Sr. Francisco Alemay, escribe la siguiente nota —en esta oportunidad de su propio puño y letra—:

 

Al Sr. Presidente de la Municipalidad de Gaiman. Sr. Hughes Griffiths. El abajo firmado (sic), dueño de la casa de prostitución existente en este pueblo, pide al Sr. presidente se sirva radicar dicha casa en la manzana 113 del ejido de este pueblo la que he hecho construir en forma, como dicha manzana me pertenece en propiedad, sin que por dicha causa pueda establecerse ninguna casa de familia como sucediera en otra manzana,  espero que se accederá a mi pedido.”

 

Por algunos documentos y cartas de pobladores que he podido leer, luego de un corto tiempo comienzan a levantarse algunas construcciones nuevas demasiado cerca del prostíbulo, quejándose luego de la cercanía de esas actividades pecaminosas. Entonces Alemany adquiere una manzana entera y  construye allí su nuevo negocio —evidentemente próspero, dado que sólo pasó un año de trabajo—, y vuelve a la carga con una tercera nota, que dice:

 

Gaiman, Marzo 8 de 1912.

Al Sr. Presidente del Honorable Concejo Municipal.

El abajo firmado (sic) ante vuestra señoría respetuosamente me presento y expongo. Que hace algún tiempo me presenté a ese Honorable Concejo solicitando se me radicara la casa en la manzana 113 del ejido de este pueblo y como hasta la fecha no se ha hecho, vuelvo a pedir a Vuestra Señoría en uso del derecho que me corresponde por haber abonado la patente respectiva con el aumento fijado para este año, que se resuelva el punto en la primera sesión, lo que dejo solicitado es de uso corriente en toda la República por cuyo motivo no dudo que el H. Concejo lo resolverá afirmativamente.

Hago constar que deseando a la brevedad posible hacer mayores construcciones, que me originan cuantiosos gastos para poner la casa en el pie de comodidad e higiene que se requiere, es que solicito se acceda a mi pedido en la primera reunión de dicho Consejo, comprometiéndome al cumplimiento de las ordenanzas que de dicten con respecto a dichas casas.

A esta altura, Alemany no pide como en la primera carta, sino que exige en un tono mucho más perentorio.

Como hicimos notar antes, es evidente que se estaba transformando en un próspero comerciante, dado que a sólo un año de haberse instalado, ya había adquirido una manzana entera y estaba realizando construcciones, como él mismo dice “en pie de comodidad e higiene”.

Queda para otra oportunidad el resultado de una segunda parte, en etapa de investigación y búsqueda de documentación, donde se podrá obtener datos más precisos sobre el funcionamiento del lugar, de “las salidas de las mujeres” como él mismo dice, y de su relación conflictiva con los habitantes de Gaiman.